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¡Al diablo el fin del mundo! Somos post-apocalípticos

Por: Raúl Méndez @rulwolf

Guerra, hambre, plagas, infecciones  contaminación en el mar, daños solares, apagones, sequía, inundaciones, terremotos, señales en el cielo… todas y cada una de estas calamidades apocalípticas ya las hemos vivido en México.

Si algo han puesto en evidencia tres temporadas de la serie The Walking Dead y dos temporadas de Falling Skies, es que se puede sobrevivir a la hecatombe. Ambas series inician cuando la calamidad ha ocurrido, ya sea un ataque zombie masivo o la colonización alienígena.

En cualquier caso aún es posible vivir, ya sea yendo a pescar como Andrea y Amy mientras deliberan sobre si sus familiares son o serán zombies, o bien persignándose antes de los alimentos como Lourdes, la joven médico del Segundo de Massachusetts.

Y es que The Walking Dead y Falling Skies reflejan algo bien común a los mexicanos, esa conciencia de que, como decía Carlos Monsiváis, “lo peor ya pasó”.  Al decir del gran cronista, “La Ciudad de México es post-apocalíptica” (y se puede hablar también del país entero). Aquí ya nadie se toma en serio las profecías del fin, pues al fin y al cabo ya hemos pasado y sobrevivido todas las calamidades que la grandilocuencia de los predicadores se esmera en proclamar.

En LEXIA este año de álgida actividad política descubrimos que el ánimo post-apocalíptico prima entre los mexicanos. Tanto en sesiones de grupo, entrevistas y etnografías realizadas a lo largo y ancho del país detectamos un síntoma post-apocalíptico: la ausencia de futuro.

Toda vez que preguntábamos sobre “el futuro del país”, las respuestas, invariablemente, se dirigían al pasado. “La economía ha estado mal”, “los políticos no nos cumplieron”, “pues la violencia ha estado…”

Una vez logrado llamar la atención hacia el futuro, las respuestas fueron más bien abstractas, “en el futuro México va a estar como ahora, o peor”. El horizonte del futuro entre los mexicanos es muy inmediato, cuesta trabajo imaginar el país después del 2018, en 3 años, incluso en 2013. No hay mucho que esperar.

Una cifra post-apocalíptica es la que Rubén Aguilar trae a colación respecto a las expectativas del actual gobierno. Vicente Fox, al inicio de su mandato tuvo una valoración positiva de 60%, Calderón de 52%; por su parte el gobierno de Peña Nieto, está a la baja con 44%.[1]

Como en LEXIA dijimos durante el periodo electoral, el regreso del PRI es “un regreso derrotado a la normalidad”.[2] No hay expectativas, es como si hubiéramos llegado a los límites del futuro y del apocalipsis y ahora estuviéramos de regreso, a lo de siempre.

¡Oh Joaquín de Fiore, oh Nostradamus, oh señeros mayas! ¡Cómo echamos de menos la conmoción tremenda y fascinante que provocaban sus parábolas de las postrimerías! Nosotros los defeños, los jaliscienses, los regiomontanos, oaxaqueños, tabasqueños, de Tijuana y Hermosillo y el resto de la mexicanidad, ya no tememos al Día grande y terrible pues a la mañana siguiente habrá que llegar temprano al trabajo, calcular el gasto, leer 666 e-mail pendientes y obtener los 7 Sellos de la ventanilla de al lado.

El reto que se tiene a nivel federal, y también local, es el de girar el timón del barco hacia el futuro, fuera de normalidad apocalíptica. Hacen falta acciones políticas inéditas. El Pacto por México, si bien mediáticamente fue mostrado como hecho histórico, perderá muy pronto ese carácter si no muestra claramente que está gestando acciones positivas. De otro modo será uno de tantos.

La actual coyuntura tiene el desafío de desprender de los post-apocalípticos labios mexicanos aquella frase con la que el Capitán Weaver termina la primera temporada de Falliing Skies: “no es nada que hayamos visto antes”… pero algo bueno, porque malo, ya lo hemos visto todo.

Coda.

Como muchos en Facebook, ya tengo confirmada mi asistencia al Fin del Mundo el próximo 21 de diciembre, pero en realidad sólo iré si no hay mal clima o no hay una buena obra de teatro. Después de todo el Apocalipsis Maya sólo es un apocalipsis cualquiera, de esos que tanto hemos tenido.

 

*Raúl Méndez Yáñez es Investigador Insighter de Innovación y Desarrollo en LEXIA; Licenciado en Antropología Social con especialidad en cultura por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario, cuenta con estudios de hermenéutica y semiótica en el Seminario Teológico Presbiteriano de México. Desde 2009 desarrolla y coordina proyectos antropológicos y etnográficos sobre transformación cultural.

 



[1] Rubén Aguilar, “Enrique Peña Nieto, bajas expectativas”, El Economista, 9 de Diciembre de 2012. La fuente citada en el artículo es del diario Reforma, 05 de diciembre de 2012.

[2] Guido Lara, “Elecciones 2012: Los ninguno y el regreso derrotado a la normalidad”, El Blog de Lexia en Animal Político, 16 de abril de 2012.

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