La apuesta al miedo

Por: Yolanda Barrita (@Yolanda_barrita)

 

… tiene el miedo muchos ojos y ve las cosas debajo de tierra.

Miguel De Cervantes Saavedra,

Don Quijote

 

El miedo, la incertidumbre y la percepción de inseguridad son algunas de las características que vinculan a las sociedades posmodernas. Estas emociones y preocupaciones impactan directamente las decisiones que tomamos individual y colectivamente.

Con los avances en distintos ámbitos y el desarrollo tecnológico de las últimas décadas, se pensó que problemáticas de salud, educación, medioambientales, de seguridad, etc., disminuirían considerablemente e incluso serían erradicadas. Contrario a esto, pareciera que hoy el miedo está más latente que nunca en estas sociedades y en la opinión pública.

Pero vayamos un paso atrás, el miedo es un sentimiento y una emoción que experimentamos todos los seres vivos y se da como mecanismo de protección ante una amenaza. Cada individuo y cada sociedad experimentan distintos miedos y distintas respuestas al mismo, generalmente paraliza o bien obstaculiza la capacidad de reacción.

El miedo puede darse ante una situación real de inseguridad o ante una sensación percibida de inseguridad. El sociólogo Gabriel Kessler ha estudiado la denominada sociología del miedo y subraya que la diferencia entre una situación de inseguridad y una percepción de inseguridad recae en que la primera tiene como base datos objetivos, mientras que la segunda se sustenta en las emociones que estos datos suscitan. Kessler menciona que este miedo colectivo tiene consecuencias en el espacio público, principalmente el individualismo, el silencio y la inhibición de vínculos sociales (Kessler, 2009).

El miedo ha sido base de estrategias políticas en diferentes países. Fue un factor clave para el triunfo de movimientos que en su momento nos parecieron difíciles de comprender: el No al proceso de paz en Colombia, el triunfo del Brexit, la victoria de Trump y en general el resurgimiento de las derechas. En México, el miedo ha sido un elemento determinante en la pugna de fuerzas políticas y hoy cobra relevancia dada la elección presidencial a disputarse en 2018.

La mayoría de las fuerzas y partidos políticos han basado sus mensajes en el miedo y la incertidumbre, lejos de proponer se han concentrado en atemorizar a la ciudadanía sobre escenarios hipotéticos que van desde dejar el país en manos de la mafia del poder hasta convertirlo en un segundo Venezuela. La reciente aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de dictamen de la Ley de Seguridad Interior; es ejemplo de una acción que apuesta por el miedo ante la percepción y sentimiento de inseguridad y no por una reconstrucción del tejido social.

Lo peligroso del miedo social es que erosiona la capacidad de acción ciudadana y de exigencia a los gobernantes de un país, debilitando aún más la búsqueda del bien colectivo y la anteposición del individual, ya que, como refiere el experto en temas de seguridad Edgardo Buscaglia, es muy difícil pedirle acciones colectivas a una sociedad civil que está aterrorizada. (BUSCAGLIA, 2014). Esto en un año determinante, en el que se realizarán las elecciones más grandes de la historia del país.

Sin embargo, los mexicanos nos hemos demostrados capaces de reaccionar positivamente al miedo. Como sociedad hemos aprendido a transformar el temor experimentado en situaciones de riesgo, en acciones de resguardo al bien colectivo. El terremoto de 1985 evidenció nuestra vulnerabilidad y con el tiempo nos dio grandes enseñanzas, entre ellas la capacidad de reacción de la sociedad civil y aprendizajes colectivos como el no corro, no grito y no empujo, tres reglas básicas y determinantes para mitigar los daños ante desastres naturales.

La apropiación de estas reglas evitó, en gran medida, un mayor número de víctimas en el sismo del 19 de septiembre de hace poco más de dos meses. Los mexicanos entendimos que el anteponer una reacción individual (correr, gritar, empujar) impacta fuertemente en el resguardo de los demás. Pese al gran temor experimentado durante ese minuto, la gran mayoría actuó de acuerdo con los protocolos de seguridad. A esto se suma la reacción inmediata que tuvo la sociedad al volcarse a las calles en una sola fuerza y un solo corazón.

Es así que la decisión de reacción ante las estrategias del miedo (que irán en crescendo) está únicamente en nosotros; podremos reconstruirnos como sociedad en la medida en que podamos actuar como tal. Somos los únicos que podemos decidir si nos paralizamos ante los escenarios y amenazas que nos plantean o si tomamos nuestra responsabilidad y continuamos levantando el cascajo que han mantenido sepultado nuestro sentido colectivo y nuestra acción ciudadana.

 

@LexiaGlobal

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Comentarios
  • Raúl Barrita

    El miedo es el primero de muchos enemigos, pero confió que encontraremos el valor para conquistarlo.