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Claroscuros de la evaluación en el presupuesto 2013

Por: José F. Tapia

Aunque se pretende que el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio 2013 sea de transición, su composición nos deja ver claramente algunas directrices y envía los primeros mensajes en pesos y centavos de lo que será el gasto público federal durante este sexenio.

La presente administración ha delineado cinco grandes prioridades y el presupuesto 2013 sirve como herramienta para la consecución de estos objetivos. Su enfoque toma como base estas grandes directrices, haciendo con ello un reagrupamiento y reasignaciones en diversos rubros (para más detalles, ver este análisis realizado por México Evalúa).  Sin embargo, en el presupuesto propuesto para este año hay un espacio que vale la pena observar a mayor detalle. Este se refiere al gasto asignado para las evaluaciones; herramientas que ofrecen evidencia de gran valía para entender los resultados y mejorar la calidad de las políticas públicas.

Aun cuando el presupuesto asigna recursos para evaluar, al observar los programas presupuestales, en específico los tipo “P”, relativos a la planeación, seguimiento y evaluación de políticas públicas, observamos una limitada correlación entre un discurso que ofrece mayor efectividad en el gasto y la asignación de gasto para realizar evaluaciones de calidad.

Por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública obtendrá solamente 1% de incremento para tareas de planeación, seguimiento y evaluación, y un incremento similar para las secretarías de Desarrollo Social y Energía. La Secretaría de Salud, por su parte, recibe un incremento de 11%, mientras que Hacienda y Comunicaciones y Transportes sufrirán ajustes negativos de -17% y -8% respectivamente para estas tareas. En tanto, las instituciones de evaluación más relevantes en el tema dentro de la administración pública federal (APF), reciben un trato dispar: mientras el recién reformado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) recibe 26% de incremento a su presupuesto, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) ve una caída de 1% en sus recursos.

Esto, en conjunto, es un claro mensaje: no hay más recursos para evaluar. El afán de expandir y consolidar un sistema de monitoreo y evaluación del gasto seguramente requerirá de mayores recursos que los asignados.  Parece que en este primer año, la administración entrante no percibe a la evaluación como un motor de cambio para mejorar la efectividad del gasto. Sin embargo si no podemos evaluar más programas y proyectos, tampoco podremos contar con mecanismos para mejorar los resultados de éstos.

Por ello, si los recursos para evaluar no se incrementan de forma sustancial, deben ser los mecanismos de diseño y el alcance de las evaluaciones los que deben mostrar ajustes.   Me refiero a compromisos que hagan más eficientes tanto las herramientas y métodos de evaluación, como el uso de los resultados y evidencia que las evaluaciones generan. Extender no sólo el número de programas a evaluar, sino también avanzar hacia mejores mecanismos para homologar la calidad de las evaluaciones.

Esto no quiere decir que todos los programas deban ser evaluados, tampoco que  contar con mayores recursos vaya por sí solo a mejorar la calidad de las mismas , ni que los resultados se verán trasladados de forma inmediata al diseño del presupuesto de 2014.  Habrá que ir dando forma a estos ideales y requerimientos paso a paso para generar un gasto más efectivo.

Por ejemplo, podemos proponer etiquetar evaluaciones para aquellos sectores donde el gasto asignado es comparativamente mayor, donde hemos identificado ciertas actividades que nos cuestan mucho y dan pocos resultados o en aquellos espacios donde se traslapan beneficiarios de múltiples programas. Los responsables del gasto también deben dirigir la lupa sobre sí mismos y ser capaces de reconocer los espacios de oportunidad para un gasto más eficiente.  El entorno de restricción de ingresos es conducente a esta forma gestionar los recursos públicos.

Debemos recordar que las evaluaciones bien diseñadas, claras y con un objetivo puntual son de gran valía. Lo anterior traerá mejores resultados a nivel programas públicos y también un gasto más eficiente y efectivo siempre y cuando sean de calidad, sólidamente estructuradas y con objetivos bien definidos. Poco han servido evaluaciones y métricas que solamente observan la gestión y uso de recursos y no atienden ni los resultados, ni en el impacto real que el gasto tiene sobre la población. En el último número de la revista Este País, Edna Jaime nos habla precisamente sobre la importancia de medir, pero sobre todo medir lo que es relevante, un mensaje clave en este contexto.

Hoy no contamos con mayores recursos para realizar evaluaciones, pero ello no exime que de forma independiente las organizaciones de la sociedad civil y centros de análisis sigamos con nuestra tarea de mostrar, a partir de éstas técnicas, la efectividad que tienen las políticas públicas en términos de resultados para los ciudadanos.

 *José F. Tapia. Director de Estrategia e Investigación.

 

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