Iguala es la punta del iceberg

La lenta respuesta del gobierno federal, aunada al cínico manejo de la situación por parte del gobierno estatal y a la ausencia del gobierno local, no facilita una salida pronta del conflicto de Iguala con los 43 normalistas desaparecidos. La presión internacional y la suma de movimientos estudiantiles y sociales a la causa de los normalistas van enmarañando una situación que debió atenderse y resolverse desde el primer momento.

Por: Rodrigo Elizarrarás A. (@rodaxiando)

A todos se nos pasó de largo Iguala. No recuerdo que algún analista o periodista, antes de la masacre de los estudiantes, lo mencionara como un foco rojo de atención. Conocemos de la gravedad de la situación en Guerrero, pero quizá nos hemos centramos demasiado en Acapulco o Chilpancingo. Sin embargo, la desaparición y posible asesinato de los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero es el evento más serio al que se ha enfrentado este gobierno, y que sin duda devela las fallas de su estrategia de seguridad.

Esta tragedia refleja las lagunas de coordinación entre municipios, estados y federación, las graves omisiones en la toma de decisiones derivada de información de inteligencia, así como las faltas de los partidos políticos para detectar candidatos con vínculos con el crimen organizado y evitar impulsarlos. Pero sobre todo, nos evidencia que la labor pendiente y quizá la más importante es la de fortalecer a los propios municipios y ponerlos en el centro de la estrategia. El primer piso del gobierno es el que sufre directamente el acoso del crimen organizado y está gravemente desatendido.

Iguala es solo la punta del iceberg. Como bien apunta Guillermo Trejo en un lúcido análisis publicado en El País, hay regiones enteras de Guerrero (y otros estados) que están prácticamente operadas por la delincuencia. Son decenas de gobiernos municipales los que cooperan con los grupos delictivos o son constantemente acosados por éstos hasta quedar arrinconados. Trejo menciona que su equipo y él han contabilizado más de 300 atentados contra autoridades locales de 2008 a la fecha. En este contexto, la región de la sierra de Guerrero vive en un aislamiento que facilita la consolidación de este tipo de arreglos entre delincuentes, caciques y gobiernos locales. Apenas hace unos días un funcionario federal con amplia experiencia en giras de campaña por esa región me comentaba: “Ahí no entras si no pides permiso. En esa época (hablaba del final de los noventa) nos coordinábamos con el cacique local para poder entrar a eventos de campaña. Si no lo haces así, no garantizan tu seguridad”.

Se refería en concreto a la región donde colindan tres estados, Guerrero, Michoacán y el Estado de México, donde se localizan las poblaciones de Tlatlaya, Luvianos, Arcelia, Teloloapan, y Coyuca de Catalán, entre otras. Una región montañosa de difícil acceso donde se calcula que se produce el 60 por ciento de la amapola del país y que está bajo control del narco. No obstante, el Ejército conoce bien esta región y su problemática, el gobierno estatal domina la situación de la región, e incluso el personal de SEDESOL toma precauciones extras cuando tiene que visitar esa parte de la sierra. ¿Por qué no se hace nada? ¿Por qué todos los actores locales y estatales y federales que conocen la región lo saben y no hacen nada? ¿Es incapacidad del Estado? ¿No hay voluntad política?

Mapa de región entre Guerrero, Michoacán y Estado de México

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

En este mapa regional resulta evidente que Iguala es una de las puertas de entrada y salida a una de las regiones más violentas y peligrosas del país. Como hemos atestiguado, las autoridades de Iguala, al igual que muchos otros municipios de la región, están bajo el control de los grupos delictivos asentados en el estado. Estos grupos se han ido dividiendo y multiplicando desde la caída del dominio de los Beltrán Leyva en 2009, quienes dejaron un vacío de poder que rápidamente fue aprovechado por otros. Desde entonces se ha visto la multiplicación de “mini-carteles”: el CIDA, Guerreros Unidos, Los Rojos, La Barredora, etcétera.

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

Para ofrecer un poco de contexto, si observamos por un momento la tendencia de homicidios dolosos en las principales ciudades de Guerrero, Acapulco mantiene la tasa más alta de homicidios del estado, pero se observa una reducción a partir de finales de 2013. Iguala y Chilpancingo se han mantenido más o menos estables, con algunos picos momentáneos. En cuanto a la tasa de secuestros, Chilpancingo es la ciudad con la mayor tasa de este tipo de delitos en el estado, muy por encima del resto. Es posible que buena parte de éstos hayan ocurrido en otros municipios pero se registren en la capital del estado.

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

Fuente: Elaboración propia con base en información del SNSP

Aunado a todo lo anterior, esta región presenta una pobreza extrema lacerante. El Índice de Marginación en la entidad es de los más altos del país. En gran medida, la economía de la región depende del cultivo de amapola (véase este vídeo) y lamentablemente no se observan muchas opciones para sustituir este cultivo. En países como Bolivia, se ha impulsado el cultivo de productos con buenos precios internacionales, como el palmito, café o cacao para sustituir los plantíos de coca. Desconozco si existe un esfuerzo similar en México.

Derivado de la pobreza y del abandono de esta región, así como de la larga historia de gobiernos locales represores de movimientos sociales, ya circulan algunas versiones sobre la activación de células guerrilleras en la entidad. Un comunicado del ERPI (Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente), una de las escisiones del EPR (Ejército Popular Revolucionario), llamó a la unidad de los grupos guerrilleros contra el enemigo común: Los Guerreros Unidos. De ser cierta esta información, podríamos estar presenciando un escenario nunca antes visto en este país: la batalla entre grupos guerrilleros contra los grupos delictivos asentados en este territorio.

La lenta respuesta del gobierno federal, aunada al cínico manejo de la situación por parte del gobierno estatal y a la ausencia del gobierno local, no facilita una salida pronta de este conflicto. La presión internacional y la suma de movimientos estudiantiles y sociales a la causa de los normalistas van enmarañando una situación que debió atenderse y resolverse desde el primer momento. Han pasado más de 20 días y la única claridad que tenemos es que se descubren más fosas y aún no hay ninguna señal de los estudiantes.

Lo que debería evitarse es que esta situación se transforme en una crisis política estatal, un movimiento social nacional y que inicie una lucha descarnada entre grupos rivales. El gobierno debe responder de manera pronta y efectiva, mantener una presencia constante de las fuerzas del orden, así como encontrar a los responsables de la matanza y a los jóvenes aún desaparecidos. Es indispensable desarticular a los grupos delictivos en la zona, sean Guerreros Unidos o cualquier otro de los grupos derivados del cártel de los Beltrán Leyva, dispersos entre los estados de Guerrero y Morelos. Y es preciso que el gobierno estatal se haga responsable de las graves omisiones en que incurrió y asuma las decisiones que debe tomar para responder al pueblo guerrerense de forma inmediata. De lo contrario, sólo se abona a la complejidad de la situación.

Por último, considero que aún estamos a tiempo de revertir esta situación de inseguridad y violencia en la entidad. Todavía se pueden hacer los ajustes necesarios en la estrategia de seguridad y cambiar el rumbo hacia una estrategia que privilegie el fortalecimiento de las autoridades municipales. Debería ser una prioridad del Estado Mexicano el fortalecer y depurar a las policías locales. Es imposible tratar de abarcar todo el territorio nacional desde las corporaciones federales. Aunque se vea como una labor titánica, hay que ir reconstruyendo a las policías municipales entidad por entidad, municipio por municipio, para finalmente alcanzar un México más seguro y próspero.

 

* Rodrigo Elizarrarás es Coordinador del Programa de Seguridad Pública en México Evalúa. El autor agradece la colaboración de Miguel Cedillo y Leslie Solís en la elaboración de este artículo.

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