Trajes a la medida para reducir homicidios

No existe una política pública unitalla que pueda acomodarse para dar resultados en la reducción de homicidios.

Por: Cecilia Real y Marianna Gabutti

 

“¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hacer nada para detener el asesinato de un ser humano?”

José Saramago

 

Así como hay diversos caminos para encontrar la solución de una ecuación, formas para combatir un problema siempre existirán varias. La clave está en reconocer y entender todas las dimensiones que tiene aquello que queremos resolver.

Si desentrañamos el problema de seguridad, podemos identificar al homicidio como uno de los grandes retos del país. Sin embargo el fenómeno es complejo y para tener éxito en contener y reducir el delito tenemos que comprender todas sus variables y formas para poder identificar las distintas acciones y políticas públicas que se pueden implementar.

Podemos comenzar por la categoría básica: el número de homicidios se divide entre aquellos que son ¨culposos¨ (los accidentales) y los ¨dolosos¨ (los que se cometen intencionalmente). Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el 42 por ciento del total de este delito es culposo[1]. De forma natural se pueden observar acciones distintas para atender los dos tipos. El Alcoholímetro es un ejemplo de la política pública que diseñó el gobierno del entonces Distrito Federal para reducir significativamente los accidentes vehiculares fatales, mismos que resultaban en un alta cifra de homicidios culposos[2]. Este programa parte de un entendimiento de las causales del problema, la revisión de casos de éxito en otros países y una óptima operación adaptada a las condiciones situacionales y sociales de la Ciudad de México.

 

 

Lo que desde México Evalúa queremos poner sobre la mesa es lo siguiente: sí, es imperativo reducir el número de homicidios en el país, pero para encontrar las propuestas que nos lleven a alcanzar tasas significativas de éxito, tenemos que identificar qué políticas públicas funcionan y son eficaces para cada una de las dimensiones que tiene el fenómeno del homicidio doloso en México. A continuación, ofrecemos algunos datos que nos ayudan a visualizar varias aristas del problema.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) propone una tipología del delito, que diferencia los homicidios vinculados a otras actividades y grupos delictivos, los homicidios interpersonales (o por convivencia) y los homicidios sociopolíticos. En México, el mayor número de homicidios se concentra en las dos primeras categorías. Sin embargo la información sistematizada que existe nos da muy poca luz para conocer el porcentaje de uno y otro. Obviamente la atención a cada problemática, para mostrar resultados óptimos, debiera ser distinta. Mientras que en algunas comunidades los programas de solución pacífica de conflictos y la mediación comunitaria pueden ser muy exitosos para reducir su tasa de homicidios, en otros lugares esto puede ser irrelevante. La decisión sólo puede estar basada en la información disponible.

Existen diversos factores transversales externos que intervienen en la comisión del delito y afectan su frecuencia: la disponibilidad de un arma o el uso de sustancias psicoactivas son ejemplos claros[3]. En México, según datos del SESNSP de 2016, el 61 por ciento de los homicidios dolosos se cometieron con arma de fuego. Esto nos indica que una política más eficaz y restrictiva sobre el control y acceso de armas es imperativa. De nueva cuenta, si profundizamos en este subtema, encontraremos muchas variables que tienen que ser tomadas en cuenta para no caer en una propuesta simplista. En este caso, la colaboración de las autoridades estadounidenses es clave.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito señaló que a nivel mundial las muertes violentas de mujeres eran principalmente causadas por sus parejas íntimas o en el marco de sus relaciones familiares, y que las mujeres tenían más probabilidades de morir en el hogar que fuera de éste[4]. En 2013, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que más de 38 por ciento de todas las muertes violentas de mujeres eran cometidas por un compañero íntimo, en comparación con el 6 por ciento de los homicidios de los hombres.[5] En México, el INEGI es una excelente fuente de información para conocer la concentración del delito según el género y la edad de la víctima. Según datos del 2015, la concentración de muertes violentas en mujeres se encuentra en el rango de edad de 15 a 39 años. La interpretación de los datos nos indica que estos números coinciden con las estadísticas internacionales de muertes por violencia doméstica. Con una revisión exhaustiva de programas que hayan tenido resultados promisorios en otros países, podríamos fortalecer la intervención de los programas de atención y prevención de la violencia contra la mujer, como por ejemplo los Centros de Justicia para la Mujer, y mejorar la reacción y las medidas cautelares de las autoridades ante los reportes de violencia doméstica.

Ya también se ha dicho mucho sobre cómo los jóvenes varones son el grupo más afectado por el homicidio. “Han ocurrido 269 mil 175 homicidios desde el año 1998 al 2013, de los cuales el 87 por ciento son del sexo masculino. Una proporción importante de las víctimas son hombres y mujeres entre 15 y 35 años de edad y con una escolaridad promedio de 6 años o menos”, explicaron en este espacio nuestros colegas de México Evalúa, Mónica Ayala y Jonathan Furszyfer[6]. La mayoría de los programas de prevención de la violencia y delincuencia están dirigidos a atender a este sector de la población, pero los resultados no han sido lo suficientemente significativos para indicar que se encontró la ruta a seguir. Por tanto, se tiene que seguir profundizando en el problema, sus motivaciones y los puntos de inflexión para poder definir cuáles serían las políticas que puedan revertir puntualmente las estadísticas.

Con base en la información disponible, se han podido hacer algunas investigaciones que nos permiten una primera aproximación a este delito: sabemos cuáles son los municipios más violentos del país, las principales víctimas, la evolución del este delito, entre otros. Sin embargo, el grado de desagregación de la información es insuficiente para el diseño de políticas específicas orientadas a la reducción de este grave delito.

Además de la información estadística sobre las víctimas, es necesario conocer algunas características del victimario. De esta forma, podremos identificar algunas de las “motivaciones” que llevan a la comisión de este grave delito.

De esta forma, si comprendemos el tema desde el lado de la víctima como del victimario podremos entender a detalle las distintas causas del delito, espacios en los que se comete y con ello diseñar programas focalizados con base en el tipo de homicidio que nos es prioritario atender y así detener su avance de manera efectiva. La investigación eficiente del delito es fundamental para obtener este tipo de información y generar políticas de persecución criminal exitosas.

En conclusión, no existe una política pública unitalla que pueda acomodarse para dar resultados en la reducción de homicidios. Las políticas tienen que ser trajes a la medida según la dimensión social, geográfica, etaria y causal del delito. Y con esta focalización del problema podremos encontrar caminos más cortos y ágiles que nos lleven a resolver el gran reto que tiene el país en términos de seguridad.

 

@mexevalua

 

[1] Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Incidencia Delictiva del Fuero Común 2016. Disponible aquí.

[2] Según datos de la entonces Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, ¨el programa ha contribuido a reducir en 30 % el índice de accidentes fatales asociados con el consumo de alcohol, y a disminuir en 70 % las muertes por conducir en estado de ebriedad¨. Fuente disponible aquí.

[3] Oficinas de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Estudio Mundial sobre el Homicidio, 2013. Disponible aquí.

[4] Oficinas de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Estudio Mundial sobre el Homicidio, 2013. Disponible aquí.

[5] OMS, Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud.

[6] Mónica Ayala y Jonathan Furszyfer, Para repensar las estadísticas del homicidio en México. Disponible aquí.

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Comentarios
  • esau

    Es un tema muy debatiente, realmente es impresionante las cifras que se dan de homicidios, creo en México se necesita cambiar de formas de pensar, no se donde sea la raíz del problema pero en México es muy difícil que cambie o disminuya esta situación.