Empleo: antídoto contra la violencia juvenil

En los últimos 12 años, una de cada tres personas asesinadas en el país tenía entre 15 y 29 años. De éstas, el 88.8 % eran hombres.

Por: Alan López

Los jóvenes son uno de los grupos más afectados por la crisis de violencia e inseguridad que vive el país. De 2004 a 2016, una de cada tres personas asesinadas en el país tenía entre 15 y 29 años. De éstas, el 88.8 % eran hombres[1].

Además, el 50 % de los jóvenes ha presenciado situaciones de conflicto en su hogar, el 66.5 % ha sufrido actos de maltrato en su escuela y el 12 % ha cometido un acto de vandalismo o ha tenido problemas con la policía, según datos de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia 2014.

Esta situación se agudiza cuando viven en zonas marginadas y con carencias sociales. La deserción escolar, el desempleo y la precariedad laboral son factores de riesgo relacionados con la delincuencia y violencia juvenil[2].

¿Qué podemos hacer para atender este problema?

A nivel internacional, algunos programas de prevención de la violencia y delincuencia se han enfocado en brindar a jóvenes oportunidades de realizar actividades productivas, incrementar su capital social y fomentar habilidades sociales y profesionales, al considerar que estas actividades pueden ayudar a reducir los comportamientos de riesgo y fortalecer sus factores de protección[3].

En esta línea, desde 2013, el gobierno municipal de Zapopan, Jalisco, ha implementado el programa Jóvenes con Provenir, que ofrece becas para que jóvenes que han dejado de estudiar asistan a cursos de entrenamiento vocacional, independientemente de su condición laboral. Su premisa es que, al tener mejores empleos o continuar con su educación formal, los beneficiarios, particularmente aquellos que habitan en colonias con altos índices delictivos, tendrán menores riesgos de involucrarse en pandillas o con la delincuencia organizada[4].

La oferta de capacitación comprende una amplia gama de temas: tecnología digital e informática, entrenamiento físico, salud, idiomas, gastronomía, administración y finanzas, cultura y arte, oficios[5] y otros. Estos cursos se imparten en universidades públicas y privadas, institutos, academias y centros de capacitación.

Al concluir los cursos, los jóvenes deben prestar un servicio social comunitario. De esta forma, pueden aplicar los conocimientos adquiridos para mejorar aspectos de su comunidad.

En México Evalúa publicamos recientemente un estudio realizado por investigadores de Stanford que analiza el impacto de este programa en la vida personal y profesional de los jóvenes de Zapopan. Específicamente se evaluaron los efectos sobre su situación laboral y educativa, la transformación de su capital social mediante el acceso a redes profesionales, el incremento de sus expectativas académicas y laborales y, finalmente, la desvinculación de pandillas y grupos delictivos.

La evaluación comparó los efectos de un grupo de jóvenes residentes de Zapopan que recibieron el programa (grupo de tratamiento) y de un grupo de jóvenes que vivía fuera del municipio y que por razones ajenas no pudieron participar en los cursos (grupo de control). Se utilizó una metodología de aparejamiento (matching)[6] para identificar a los jóvenes de ambos grupos con características similares[7].

Los principales resultados del programa sobre el grupo de beneficiarios, en comparación con el grupo de control, fueron:

  • Más empleos: incrementó en 13 puntos porcentuales la probabilidad de obtener un empleo en aquellos jóvenes menores a 23 años.
  • Mejores salarios: mejoró en 14 puntos porcentuales el ingreso salarial de los jóvenes varones de menos de 23 años y que residían en colonias marginadas.
  • Mayor tiempo de trabajo: el número de horas laboradas a la semana aumentó entre 6 y 10 horas.
  • Más redes profesionales: incrementó en 22 puntos porcentuales la probabilidad de conocer a alguien con un título profesional.
  • Mayor optimismo sobre su futuro: incrementó en 7 puntos porcentuales la probabilidad de sentirse “muy bien” con respecto a su futuro.
  • Desvinculación de grupos delictivos: disminuyó en 22 puntos porcentuales la probabilidad de contar con amigos asociados a pandillas entre los jóvenes menores de 23 años que residen en zonas de alta marginación.

Este programa es un ejemplo exitoso de cómo realizar intervenciones focalizadas basadas en diagnósticos locales y evidencia empírica. Además, demuestra que la colaboración entre autoridades municipales, académicos y sociedad civil organizada es clave para la reducción de la violencia y la delincuencia.

¡No inventemos el hilo negro! Podemos adaptar estas buenas prácticas en otros contextos del país y así ampliar las oportunidades de desarrollo personal y profesional de nuestros jóvenes. Salir de la espiral de la violencia es posible.

 

* Alan López es investigador del Programa de Seguridad de @mexevalua. El autor agradece los comentarios y sugerencias de Jesús Gallegos y Mariana Nolasco, la edición de Laurence Pantin, así como el diseño de Miguel Cedillo. Este artículo está basado en el estudio de México Evalúa (2017). Evaluación de impacto del Programa Jóvenes con Porvenir, que fue posible gracias al trabajo de investigación de Beatriz Magaloni, Alberto Díaz y Brenda Jarillo de la Universidad de Stanford, y a las facilidades otorgadas por la administración municipal de Zapopan 2012-2015, encabezada por el Dr. Héctor Robles Peiro.

 

 

[1] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2016). Microdatos de mortalidad 2004-2015; Preliminares de mortalidad por homicidio 2016. Consultados aquí.

[2] Farrington et al. (1986). Unemployment, school leaving, and crime. The British Journal of Criminology. 26:4. 335-356

[3] Levin, J. y J. Fox (2001). Dead Lines: Essays in Murder and Mayhem, Needham Heights, MA: Allyn & Bacon. Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (2013). “Policy scan and meta-analysis: Youth and employment policies in Latin America. Buenos Aires, Argentina”. Disponible aquí.

[4] Un diagnóstico de este programa realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford identificó una estrecha vinculación entre los índices elevados de desempleo y estancamiento económico y la inseguridad y vulnerabilidad social que afecta al municipio.

[5] Algunos ejemplos de estos cursos son carpintería, cosmetología, diseño de modas, fontanería, soldadura y herrería.

[6] La técnica de matching busca individuos en el grupo de control que sean similares al grupo de tratamiento respecto a las de variables que predigan la participación en el programa y que, a su vez, estén relacionadas con las variables de impacto que se analizan.

[7] Las variables que se utilizaron para realizar el matching fueron: género, edad, hijos, escolaridad, escolaridad de los padres, motivación para estudiar, tipo de escuela y grado de marginación de la manzana donde reside.

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