Acapulco, México. Las víctimas de otra guerra

Se suele restar importancia al sufrimiento, el cual queda prácticamente catalogado como tolerable e inherente al contexto, pero no podemos permitir que los paisajes de postal se sobrepongan a tantas necesidades no cubiertas.

Acapulco, México. Las víctimas de otra guerra
Personal de Médicos Sin Fronteras brindan ayuda psicologica a habitantes de Acapulco que han sido víctimas de la violencia social. Foto: Cristopher Rogel Blanquet / MSF Cristopher Rogel Blanquet / MSF

Por: Ana Paula Fernández

A principios de septiembre, un hombre de familia y panadero, fue asesinado en Acapulco. Este hombre fue identificado como la víctima por ejecución número cien mil en la ciudad, arrasada por más de 10 años de guerra entre cárteles y del combate a la delincuencia en México. Historias de violencia se dan todos los días en esta ciudad donde, a diferencia de lo observado en una urbe tras un conflicto bélico, sus calles y edificios lucen intactos. No es sino al contactar con las personas con las que trabajamos cuando identificamos dónde reside la devastación.

El proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Acapulco inició actividades en un barrio llamado Colonia Jardín, grande y densamente poblado que cuenta con cinco centros de salud. Elegir este sitio obedeció a sus elevados índices de violencia y a la ausencia de servicios de salud mental. A través de esta intervención nos hemos percatado de heridas profundas en las miradas de quienes han perdido a algún familiar, de quienes aguardan el regreso de un hermano o de quienes esperan volver a ver sus hijos y de quienes viven con miedo.

Nuestro objetivo es prestar atención psicosocial y de salud mental a las víctimas de violencia, así como atención integral: médica, psicológica y social a los sobrevivientes de violencia sexual. Y es que en Colonia Jardín —como en muchas partes de Acapulco— los asesinatos, secuestros, extorsiones y tiroteos son algo de todos los días. La violencia es un problema normalizado y, desafortunadamente, también el único medio de subsistencia para muchos de sus habitantes.

El trabajo del equipo de promoción de la salud nos ha ido abriendo camino. Un equipo integrado por psicólogos sociales, promotores y agentes comunitarios —acompañados por profesionales sanitarios de la propia localidad— realiza consultas para evaluar las necesidades de la población y lleva a cabo labores de empoderamiento comunitario.

Así, estas personas luchan por la recuperación de su espacio físico mediante actividades como eventos culturales, formación de grupos comunitarios o movilización colectiva pues, al sentirse capaces de transformar su entorno, también encuentran el valor para hablar de sus miedos y dolor, y para buscar apoyo psicológico.

Foto: Cristopher Rogel Blanquet / MSF

A partir de la monitorización de los episodios de violencia en la ciudad nuestros equipos han detectado otras áreas para las que son necesarios los mismos servicios: los barrios de Zapata, Renacimiento y Progreso.

El temor hace que las personas desconfíen unas de otras, pues cualquiera puede estar vinculado al crimen organizado. Por eso, uno de los grandes desafíos del proyecto ha sido ganarse la confianza de la gente y lograr que ésta le exponga a un profesional desconocido la realidad de haber sido víctima de cualquier tipo de violencia, incluida la sexual, o en otras palabras, tratar de que nos compartan esas historias tan difíciles de contar.

Me viene a la mente el caso de María, una adolescente de 15 años que en medio del fuego cruzado perdió a su madre. Al principio ella no deseaba hablar con nadie; sin embargo, al saber que alguien podía ayudarle a comprender sus emociones y el momento que estaba pasando comenzó a compartir su sentir con un psicólogo de MSF, el cual la acompaña en este momento doloroso de su vida.

Asimismo, pienso en los sobrevivientes de violencia sexual y en los casos atendidos desde mi llegada al proyecto. Si bien las heridas emocionales que conlleva una de estas agresiones son lacerantes y profundas, buscar atención médica inmediata tras el abuso es vital. Las primeras 72 hacen la diferencia para prevenir el contagio de VIH/SIDA, otras infecciones de transmisión sexual y evitar embarazos no deseados, por lo que la atención debe ser otorgada de manera inmediata y oportuna.

Como la falta de seguridad dificulta el ingreso de residentes y profesionales a los centros de salud, MSF ofrece acompañamiento y atención integral a sobrevivientes de violencia sexual en dos unidades hospitalarias de la ciudad: la Clínica Avanzada de Atención Primaria en Salud y el Hospital General Donato G. Alarcón.

De enero a septiembre hemos brindado atención a 136 sobrevivientes de violencia sexual, de los cuales 25 corresponden a abuso sexual y 111 los casos de violación.

La niñez también constituye un colectivo especialmente vulnerable y sin acceso a atención especializada. En ese mismo periodo, hemos atendido 35 violaciones cometidas a menores de 15 años. La mayoría de esas agresiones se dieron en el núcleo familiar o fueron perpetradas por personas cercanas.

El acceso a esta población ha sido posible tras forjar un lazo de confianza entre los equipos estatales y MSF. El personal de salud entiende que no estamos aquí para señalar errores, sino para prestar apoyo y contribuir a la mejora de los servicios.

No obstante, nuestra presencia en Acapulco me ha planteado una gran paradoja: trabajar con víctimas de otras situaciones de violencia parece quedar en segundo plano frente a la atención recibida por MSF al prestar asistencia en escenarios de guerra, conflictos armados o incluso ante desastres naturales, pues éstas no poseen el mismo atractivo ni generan las mismas reacciones en el mundo, a pesar de que en el ámbito de la salud mental abordemos síntomas frecuentes entre quienes se ven atrapados en medio de enfrentamientos bélicos, como ansiedad, depresión y estrés postraumático.

Se suele restar importancia al sufrimiento, el cual queda prácticamente catalogado como tolerable e inherente al contexto, pero no podemos permitir que los paisajes de postal se sobrepongan a tantas necesidades no cubiertas. No es posible ignorar la brutalidad a la que muchas personas, que tratan de seguir con sus vidas, se ven expuestas.

 

* Ana Paula Fernández es una psicóloga brasileña con maestría en Psicología. Trabaja con MSF desde 2016. Su primera misión fue asistir a la población de refugiados sirios en Jordania. Forma parte del proyecto de MSF en Acapulco desde enero de 2017.

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