Palabras-rehén: Procrastinar

Antes que nada una disculpa a los que pusieron comentarios en mi post anterior y que no había aprobado, tengo la insana idea de que se aprobaban solos (averiguaré si Televisa o los Iluminati están detrás de esta terrible conspiración anti-libertad expresiva).

Hoy les expongo un concepto que ando mordisqueando desde hace muchos años y al que me gusta llamarle “Palabras-rehén”. No supongo que sea yo el único ser en el mundo mundial en aclamar esto y seguramente habrá lingüistas, antropólogos, sociólogos y estudiosos de la semiótica que tengan otro término, probablemente más adecuado, para nombrar el fenómeno.

Para entender cómo funciona una palabra-rehén, primero se debe saber cómo funciona la palabra. La palabra es un símbolo, un grupo de letras y un sonido específico que remite en la memoria a una “imagen sonora”. De esta manera la palabra “árbol” remite en la mente a la imagen del objeto verde que crece, tiene raíces y ramas, tal vez al sonido que emiten sus ramas con el viento y ese movimiento hipnotizante que resulta de su encuentro. El signo “árbol” incluye como significante las letras juntas “a r b o l” delimitadas y debajo (o arriba, según el estudioso) de un significado, que es la imagen visual y/o sonora, que bien puede ser un concepto hecho por otras palabras, de esta manera la gente ciega desde el nacimiento puede también aprender a hablar.

Hay algunas diferencias entre las teorías del signo de los estudiosos de esto, Saussure, Pierce, Levi-Strauss (no, no el güey de los jeans, este es otro), Lacan y otros. Pero no nos atañe eso aquí y al final, el concenso parece terminar en que el signo está conformado por un significado, un significante y que el significado puede concatenarse con otros para formar así un símbolo, metáfora o metonimia, una palabra que contiene diversos significados en sí misma y que remite a otros símbolos y signos, a otras palabras. El ejemplo claro de esto es la búsqueda en un diccionario de alguna palabra, la búsqueda siempre te llevará a otras palabras concatenadas a la que se buscó, palabras que “se tocan”, una larga cadena de significados que de manera más o menos cercana, se relacionan.

Las palabras-rehén cumplen algunos requisitos:

1) Obtienen un nuevo significado gracias a algún fenómeno exterior de relevancia.

2) Son inyectadas de ese nuevo significado gracias a algún discurso moral o ideológico.

3) Funcionan en base a un sistema o grupo que legitima su nuevo significado.

4) Se insertan en la cultura y se terminan usando por todos, conscientes o no, de su nuevo significado.

5) Suelen utilizarse para intentar legitimar un discurso, no a través de argumentos, si no a través de falacias o apelaciones a la moral, apelar al individuo o a un grupo “contrario”.

Para enteder una palabra-rehén, también se debe entender la manera en la que el poder se mueve. El poder no es, como tantas veces he escrito por aquí y en otros lugares movido por las ideas de (El Jefe) M. Foucault, exclusivo de un grupo de personas que se reúnen todos los años en un cuartito secreto para planear el futuro del mundo que controlan, no es proveniente de los iluminati (lol) o exclusivo de instituciones. Si bien es utilizado por muchos grupos e individuos,es más bien, un grupo de engranes que son movidos por todos nosotros, un sistema con subsistemas en los que todos funcionamos como un diente más de la gran pieza, lo sepamos o no, lo tengamos consciente o no.

 

Hay gente que de verdad cree que el poder viene de un grupo de

extraterrestres colonizadores que nos tienen idiotizados. Hay gente  que está más

grave y no cree ser parte un sistema de idiotización sin cabecillas.

 

El ejemplo más claro de una palabra-rehén es la palabra “Terrorismo”:

Forma violenta de lucha política mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de temor e inseguridad.

Eso era el significado de la palabra “Terrorismo” antes del 9/11. Hoy se utiliza la palabra terrorismo para todo aquel acto, violento o no, de contrariar algún tipo de establishment, así hoy cualquier [email protected] se dice objeto de “terrorismo psicológico”, “terrorismo laboral”, “Terrorismo verbal” y terrorismo misgónadas. Ahí el ejemplo, funciona a un grupo, es legitimado por una política y termina siendo un engrane social después de haberse permeado a toda la cultura.

Es una palabra que se utiliza como “rehén” de un discurso, de una ideología, de una política e incluso de una moral que apela hasta a las convicciones religiosas de un individuo, grupo o nación.

 

La actual guerra contra “todo lo que no me guste o convenga”

a.k.a “Terrorismo”

 

La palabra-rehén de hoy es “Procrastinar“. La real academia de la lengua española lo define como:

procrastinar.

(Dellat.procrastinare).

1. tr. Diferir, aplazar.

De unos años para acá, la palabra “Procrastinar” se ha puesto “de moda” y se le ha inyectado de un nuevo significado moral y de funciones específicas que responden al daño de los intereses de jefes y dueños. El nuevo significado parece servir como rehén de “gurúes de la productividad”, panfletos de compañías transnacionales, workaholics y otros moralistas de la esclavitud moderna: el trabajo y la cadena de producción que son únicamente efectivos para los pocos que están en la punta de la pirámide económica y que reditúan única y exclusivamente a ellos.

Procrastinar es ser un “huevón”, es ser un “nini” que debe ser castigado, es ser una persona que no busca el lujo y los bienes materiales maníacamente para llenar con cosas externas un hueco interno existencial o sentimental, psicológico. Procrastinar es dedicarse al arte y la creación en vez de “ser un hombre o mujer de bien“, es no tener hijos pasados los 25, es no tener un trabajo fijo a los 40, es no darle un beneficio económico a la comunidad, el país, el mundo. Es ser, con una palabra que curiosamente le gusta en demasía utilizar a este tipo de personas, un “perdedor” (¿otra palabra-rehén?), la tendencia desmedida de esas personas a utilizar términos como este, le haría pensar a cualquier psicólogo o persona analítica, en proyección pura y brutal, en lo que Melanie Klein acuñó como identificación proyectiva.

¿Desde dónde hablamos cuando le decimos a alguien “perdedor”?

¿Desde nuestra propia fantasía, irreal y chaquetera mental, de ser un “ganador”?

Hoy, las personas que buscamos el éxito no a través del dinero, el lujo o la fama, si no a través de darle a nuestra comunidad y a nosotros mismos algún tipo de arte, algo bello, algo inspirador o algún tipo de consciencia, somos procrastinadores. Una basura socioeconómica que debe ser disciplinada y normalizada. Somos “quejosos” de lo que tenemos, porque ya quisieran otros tenerlo, aunque tener esto, por otro lado responda a legitimar, seguir dándole poder y perpetuar un sistema que ya de por sí, empieza a ser insustentable.

Hoy el que procrastina, es un paria, un anatema. Mañana, no lo creo. Hace algunos años también se veía con escepticismo la caída del sistema monetario y la cadena de producción hecha con esclavos modernos, hoy muchas personas empiezan a hacer consciencia de la no pagable y creciente deuda mundial, del tambaleo brutal del sistema capitalista resultado de los propios huecos en la manera de regularlo y la facilidad que otorga no sólo a la creación de monopolios e inyecta de poder al nuevo imperialismo que ya no invade con tropas, si no con empresas, también les otorga la facilidad de hacer lo que se les dé la gana: sweat-shops en Asia donde se paga una miseria y se trabajan 12 horas diarias o más, la posibilidad de destrozar un país para que venga una compañía a “reconstruirlo”, la justificación de la guerra y la violencia a través de un sistema destinado a darle más a los que ya tienen demasiado y darle una nada a los que nunca lo tuvieron.

¡Cuántos chinitos-japoneses trabajando para que yo me vea bien, YAY!

¿Cómo llega uno a saltar de la palabra-rehén a ser casi culpable de una guerra? No es tan fácil y sería reaccionario, reduccionista y radical afirmar esto. Más bien se trata de ser consciente de que todos nuestros actos tienen consecuencias, de que somos parte de un engrane. Tal vez se trata de darse cuenta que algo pasa, fuera de nuestra vista y por lo tanto de nuestra consciencia, cada vez que en tu trabajo tomas una decisión que nunca hubieras tomado en otro contexto ya que va contra tus ideales o sentimientos más humanos y próximos, que sí pasa algo cada vez que enloquecido te vas de shoppping en la quincena.

Tal vez algo pasa cuando volteas a ver las marcas de todo lo que compraste y que te hace sentir cada vez más cerca de ese “estatus” al que siempre se le toca la punta, pero al que nunca se llega, porque no existe, siempre habrá una exigencia más alta, siempre habrá un pez más grande que te come a ti. ¿Por qué? por que estás funcionando, igual que tantas personas en el mundo, como un diente más en el engrane que te da a comer sueños, pero nunca se digieren, porque siempre habrá un sueño más suculento esperando a que, como el buen inocentazo que eres, lo compres y te lo comas, un nuevo vacío más grande a ser llenado, y los que saben vender sueños saben que te estás muriendo de hambre, de status social, de aspiraciones idiotas que has visto en la tele y el cine.

Tal vez sea más importante ver lo que dice abajo de la marca, las letras chiquitas en ese contrato y documento legal que acabas de comprar, sí, es un contrato, en el que firmas que gracias a ti y el éxito del objeto se harán otros 10 ó 15 ó 100. Las letras chiquitas dicen, normalmente: Made in Taiwan, Made in China, Made in México.

Mira mamá, ya estoy “in”

Y así, como zombies, desprovistos de cerebro, pero en masa, somos felices, porque “somos muchos”, porque “no importa”, porque “son cosas de rojillos, comunistoides y anarquistas, radicales”, porque “es mejor no enterarse” y porque “mira qué bien me veo, mira qué bien como, mira qué buen trabajo tengo, mira cómo me caso con trophy girl o trophy guy, mira cómo tenemos trophy kids a los que les enseñaremos a hacer lo mismo, a triunfar como nosotros, reyes de una montaña de nada, únicamente alabados por aquellos más idiotas que nosotros” (que desgraciadamente, sí son un chingo. Lo aspiracional como el anzuelo con el que se pesca a la especie humana)

“Soy totalmente Palacio…slurp”

Se confunde ambición con avaricia, deseo con narcisismo patológico, bienestar con lujo, seguridad con imagen, interno con externo. Los procrastinadores a la hoguera, afortunadamente parece que la historia está llena de procrastinadores que terminan dándole cosas bellas al mundo y terminan causando consciencia en los demás, la hoguera siempre ha estado ahí, pero también el procrastinador es rápido y no aplaza la resucitación de sí mismo como Ave Fénix.

Yo procrastino y uso bloqueador solar ¿Tú?

IMPERDIBLE:

 

Bonita semana “Santa” ¬¬

 

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Si quieres procrastinar como se debe, no procrastines para ver estos documentales:

Money As Debt: para entender, con manzanitas, cómo y por qué es que uno ya nace debiendo, que el dinero es deuda, no dinero y que no tiene ningún valor más que el que se te ha hecho creer.

The Corporation (En español): Si las corporaciones fueran personas, serían diagnosticados como sociópatas/psicópatas. Aquí se muestra cómo esas corporaciones, esas “personas legales” son legitimadas ante el estado y la sociedad gracias a unos curiosos y definitivamente bien controlados huecos en las leyes, generadas por, curiosamente, los mismos a quienes las corporaciones llenan de dinero.

Inside Job (subtítulos en español): Irónicamente ganadora de un Oscar al mejor documental. La crisis económica mundial de 2008, sus consecuencias, pero sobre todo sus causas. Una visión paso a paso de cómo tú y yo, somos afectados y tal vez, un poquito culpables de ello. La conscientización de saberse parte de un sistema que al final, te va a caer encima importándole poco tus sentimientitos o la estabilidad de tu vida.

Moving Forward (Subs en español): El tercer documental de Zeitgeist, pero el primero en exponer de manera más objetiva la caída del sistema monetario y ofrecer alternativas al mismo en la vida diaria.

P.D. Que hoy anda muy serio el Hill y que no puso cosas chistosas y no mienta madres a religiosos, postmos, hipsters y otros representantes de la imbecilidad. Tuve la ominosa necesidad de experimentar con ustedes, lectores míos, y ver si acostumbrados al formato en el que escribo aquí normalmente, estarían dispuestos a soportarme con un tono intermedio entre la manera-tono en los que escribo aquí y como escribo en otros lugares y formatos. Sus comentarios, quejas, mentadas de madre y “argumentaciones” de falacia ad-hominen siempre bienvenidos por aquí o en twitter @jorgehill

Edición pa la actualización de mejoración del post: Un extra que salió hace unos minutos por un contacto de Facebook, para entender la vida secreta de las palabras, pedazos de la película de Jarman sobre Wittgenstein, sobres:

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