Perfil Psicólogo que no ejerce, creativo milusos, músico y compositor. Escribe donde se pueda sobre sus temas recurrentes: la decadencia mental en una sociedad que glorifica y premia la imbecilidad e ignorancia. Twitter: @JorgeHill.

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Sin apocalípsis, el congal sigue

apocagodzillaEl fin del mundo, uno más de miles que se han profetizado en la historia, en diversas religiones y creencias, no llegó, como era de esperarse. Me encantaría ver la cara de aquellos que hicieron bunkers y compraron alacena para años pensando que se podrían salvar de un cataclismo cósmico como si de una guerrilla se tratara, o aquellos que todavía piensan que en realidad no se trataba de ningún apocalipsis, sino que los mayas predecían que hoy mismo iba a empezar una nueva etapa en el mundo, un ciclo renovado que nos viene a llenar de paz, amor, rayitos cósmicos locochones de fraternidad buena onda y esperemos que de muchos avances en la medicina psiquiátrica para que los primeros y los segundos saquen provecho y hagan algo por esas voladoras mentes sin límite.

El lector asiduo de este congal sabrá de mi gusto por lo apocalíptico, que el nombre del blog tiene mucho que ver con lo que pienso que estamos viviendo, no veo un fin del mundo próximo, veo una lenta pero segura decadencia de nuestro entorno gracias a nosotros, a nuestra negligencia y a los nodos de poder que gracias a que se los hemos permitido, cada día ganan más poder y dinero, cada día son más gobierno que individuos o empresas o grupos, cada día tienen más influencia en nuestros hábitos diarios y en la manera hasta en la que incluso, se legisla en diferentes países. Así podemos nombrar a la industria de la música y el copyright, una mafia que se mantiene de las creaciones ajenas y de exprimir a creadores, quedándose con casi todo para dar una casi nada a cambio, con todo y esto, aún se ponen sus moños y se quejan de “la piratería”, misma que ni siquiera se ha podido definir como entidad clara, sobre todo en nuestros tiempos digitalizados. Tenemos a un Bechtel o un Monsanto, mega empresas que hacen lo que se les da la gana en el país en el que se les dé la gana, destruyendo economías locales para hacer de sus pequeños imperios algo cada vez más grande, comprando otros pequeños imperios, concentrando el dinero y el poder en las manos de sólo unos cuantos, el juego de Monopoly en la vida real, la realidad supera a la ficción, por mucho. Tenemos a nuestros queridos Nike o Apple, que se lavan las manos de las condiciones en las que viven los trabajadores, muchos de ellos menores de edad, en sweatshops y ensambladoras asiáticas (o de latinoamerica o de México) argumentando que ellos no tienen control sobre eso, pero tampoco cambian de compañías de apoyo “pos si sale rebarato, mano”, pero claro “Think different!” juars.

El apocalipsis ya está aquí, por lo menos en los términos en los que yo lo entiendo, lleva ya por lo menos unos 50 años y no le veo pa dónde, probablemente esté yo muerto (espero) cuando se vean los verdaderos desastres que un sistema político-económico como en el que vivimos saque la verdadera garra y se empiecen a ver los auténticos daños que ha hecho. Por lo menos en la cultura podemos verlos ya, hay gente que no puede ver una película con un ritmo “lento”, sin explosiones, bromas y tetas cada cinco minutos porque si no, se duermen “Está muy lenta, qué pretenciosa, we”; hay gente que no puede pasar una tristeza o un coraje sin tener que “curarse” mediante la compra de un par de zapatos o algún nuevo gadget, comer hasta saciarse en algún changarro (gringo) de comida rápida o joder al de al lado “Que le vaya igual que a mí”, “Que se jodan todos igual que yo”, “Así es la vida, todos tenemos que chingarnos”.

La parte de “congal” viene porque la vida entera es un congalazo, intento tomarme pocas cosas en serio, muchas de ellas son las que tradicionalmente se cuentan como credenciales o convenciones sociales que nos llevan, supuestamente, a la “identidad propia” o las torcidas y extrañas concepciones de “éxito” en esta sociedad medio demente y regida por el deber ser, la imagen y el cumplimiento del deseo del otro, así sea contrario al deseo propio. El congal es también este mundo que esos grandes empresarios y abusivos del poder han tomado como su playground, unos pinches rockstars de varo que ni siquiera nos dan un buen rock, nah, se llenan los bolsillos con la explotación de los demás para comprarse no uno, ni dos, ni tres, pero cuatro yates o la décima mansión, nunca es suficiente, nunca. El congal es locura, locura pasada por “normalidad”, locura resignificada como deseo de esa supuestamente apetecible imagen. El congal es Obama llorando por veinte niños muertos gracias a la “libertad” de un país, mientras que bajo sus órdenes mueren por lo menos 20 niños al mes en medio oriente como “pérdidas aceptables de la guerra”, el congaleo es sentirse conmovido por sus lágrimas y darle un Nobel. El congalazo está lleno de irracionalidad, de ver el mundo del revés como si fuera algo de todos los días, porque desgraciadamente, lo es.

Para un congaleo sabroso, para llevar la mente a lugares de auténtico apocalipsis, tal vez lo único que pueda golpear el botón de “reset” a este mundo y con muchas esperanzas reacomodarlo de una manera menos “congal”, los dejo con cinco recomendaciones de películas postapocalípticas que me parecen deben ser vistas. Porque el tema real y de fondo que al postapocalipsis atañe, por lo menos, repito, en mis términos, no es la destrucción mamona hollywoodera de efectos apantallamensos, es el drama humano detrás de la posibilidad de nuestra destrucción.

1. El Último Camino (The Road)

¿Un pulso magnético, un cambio en el eje de rotación de la tierra? No se sabe y es lo que menos importa. Lo real es que un hombre tiene que enseñar a su hijo a sobrevivir en una tierra sin luz, sin agua limpia, sin animales, llena de caníbales y otros humanos que terminan por mostrar la verdadera naturaleza de los hombres cuando todo lo que sostiene el tejido social ha caído.

2. 1984

Si no se ha leído el famoso y aterrador clásico de ciencia ficción distópica de George Orwell, algo está mal. Lo que Orwell imaginaba para la década de los 80s es muy parecido a lo que hoy vivimos, simplemente se hace de manera más sutil. La doble moral y el adoctrinamiento a través de los medios, la zombieficación de la población como títeres trabajadores y sumisos, la guerra como primer engrane en el sistema económico, el estado como poseedor del cuerpo y la mente. Un must.

3. Aislados (The Divide)

Después de un sorpresivo ataque nuclear, un grupo de vecinos logra encontrar dónde refugiarse en el sótano del edificio. Ante el encierro, el hambre y la posibilidad de intoxicación por radiación, la locura empieza a brotar en el grupo al dividirse y buscar la sobrevivencia personal a costa del otro.

4. Melancholia

Una mujer depresiva e inestable encuentra asilo en la mansión solitaria y aislada de su hermana y cuñado cuando un planeta que se encontraba invisible gracias a estar justamente del otro lado del sol, va a pasar muy cerca de la Tierra, con algunas posibilidades de chocar con ella. Amado u odiado, el director Lars Von Trier hace de esta cinta un deleite en todos los sentidos cinematográficos. Si necesitas explosión, el drama te da “hueva” o consideras “pretencioso” a aquellos con ambición para hacer arte en el cine, mantente muy, muy alejado de este peliculón.

5. Kairo (Japonesa, traducida como“Pulse” en inglés)

Una película japonesa que no logró mucha exposición o éxito en otros lugares, aunque su remak idiotificado estadounidense llamado “Pulse” gozó incluso de dos insufribles secuelas, recomiendo no ver ninguna de ellas. Un grupo de estudiantes se ven envueltos en un mito urbano al investigar un video de internet a través del cual supuestamente se pueden comunicar con los muertos. La verdad es más macabra que eso e incluye la posibilidad de la extinción de la humanidad.

 

Pasen a gusto este no-fin del mundo con estas recomendaciones cinematográficas, y si se puede, con la idea de que cambiar un par de nuestros hábitos más cotidianos puede tener un impacto real en el exterior, aunque sea un poquito, que es mejor que nada.

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