Perfil Psicólogo que no ejerce, creativo milusos, músico y compositor. Escribe donde se pueda sobre sus temas recurrentes: la decadencia mental en una sociedad que glorifica y premia la imbecilidad e ignorancia. Twitter: @JorgeHill.

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Cine en México y otros cadáveres para hienas

 

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¡Saquen los remakes para reactivar la industria!

Tres, son tres los que le venimos manejando, tres sueños de los cuáles dos se mantienen y dan ciertos frutos, otro ha sido casi totalmente olvidado, si no fuera por la maldita comezón cinéfila-creadora. Después de darme cuenta, con carrera terminada, que la vida académica y la escritura de “peipers” nomás no era lo mío y que el psicoanálisis que tanto amaba resultaba ser uno de los más intrincados cuentos de hadas de la pseudociencia y la impostura intelectual barroca tirándole a rococó, decidí volver a mis “sueños idiotas” de adolescente: escribir en diversos formatos y géneros, hacer música y hacer cine (escribir guión y/o dirigir).

Los primeros dos ahí la llevan, cuando la vida de milusos pa sacar pa la torta y la caguama lo permite. El tercero se ha ido dejando intermitentemente, cada vez con lapsos más largos de olvido, en el cajón de los recuerdos donde entró por primera vez hace ya bastantes años.

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No parece, pero ya estamos grandecitos.

Ayer, una nota dejada en Facebook por uno de mis mejores amigos, ingeniero de carrera y guionista de carrera y profesión, me recordó que esa escamada todavía trae comezones, será porque en parte es herida, cicatriz sensible. La nota es de Proceso, misma que leí ya que no es de política con altas posibilidades de conspiranoia, es de cine y es bastante informativa y clara. Dejo aquí la nota, pero como probablemente usted sea de los míos y le dé hueva irse pa allá, aquí pongo los puntos importantes (en negritas, lo demás son mis comentarios mamertos):

  • Las becas para creadores de cine jóvenes, maduros y seniles se han multiplicado en las últimas décadas.
  • Los apoyos por parte del estado y las facilidades en las leyes para que empresas privadas inviertan en obras de cine también han crecido.
  • En el sexenio pasado se crearon alrededor de 336 películas mexicanas. Cada año, 1 de cada 10 mexicanos vieron, a lo mucho, una de esas películas.
  • Cine mexicano hay, más o menos, pero la exposición es mínima. El duopolio de las salas de cine en México pone muy por encima de las cintas mexicanas al cine hollywoodero, “ése sí deja”, sobre todo deja para pagar el mantenimiento de salas con lujos innecesarios, para comprar más botanas y refresco que se inflarán hasta el 400% o más de su precio en el mercado, para llenar de foquitos, posters, alfombrado, arquitectura nice y salas VIP para que el ya dividido y de por sí clasista pueblo mexicano pueda separarse más a gusto de la “chusma”. No incluyamos en esto el pago a empleados, que ya nos la sabemos, ganan tipo empleados de MacDonalds o Starbucks, o sea, una mamada. No vaya a ser que a los dueños de tremendos gigantes traga-billetes no les salga pal siguiente yate o una quinta mansión en Nueva Zelanda, “Ahí donde se filmó la del iñor de los anillos”, manos.
  • No hay público, prefieren ver las hollywooderías con efectotes, chichonas mil y “actores famosos y buenos”, como Tom Hanks actuando una vez más como Tom Hanks, o Tom Cruise en el papel de Tom Cruise… o como sea, usted diga el nombre de él o la “Gran histrión” con galardones de bla bla bla…
  • Si en vez de tener unas pocas salas “modernas” de cine, que no pueden ser pagadas por 8 de cada 10 mexicanos, tuviéramos muchas salas y puntos modestos de exposición, impulsadas por creadores y estado, otro gallo le cantaría a la industria del cine mexicano.

En efecto, el artículo toca muchos de los puntos centrales de por qué la industria del cine mexicano está dada al traste; hay quiénes, hay material, hay talento, hay ganas, pero existe alrededor una cultura que viene a joderlo todo, la cultura del consumo apantallamensos, pues. El asunto es que no hay mucho que hacer al respecto con la gran mayoría de este público, a ellos no les interesa mucho entender el cine desde el punto de vista de “creador” y se pasan por huevos y úteros las lágrimas y dramas de la industria mexicana, a ellos les interesa ir a poner la mente en “stand-by”, echar a mascar el chicle pal cerebro y “entretenerse y olvidarse de todo” durante un par de horas gracias al efectazo, las tetas de Megan Fox, los roles de género machoalfosos de Tom Cruise, el aire explosivo de Michael Bay, los diálogos chistosines de Tarantino (el “chico malo” de Hollywood, juars) y las enseñanzas morales que todas estas mamarrachadas suelen llevar en el metalenguaje, moralejas de consumo y cultura “ganadora” en fábulas de formato controlado segundo a segundo en el guión, product placement magistralmente orquestado, montaje y lenguaje cinematográfico simple y controlado para que el público (al que se asume idiota, después de idiotizarlo) no se nos vaya a confundir, no vaya a pensar, no se vaya a cruzar la cuarta pared de la mente en arrobo de idolatría estratégicamente colocada, incluso lo bueno que viene del extranjero deberá ser dumbed-down o “idiotizado” para que el público común de ir al cine (que no es lo mismo que ver y/o amar el cine) pueda verlas sin problema y recauden los millones de dólares que servirán como “medida de éxito” para anunciar el siguiente filme (siempre quise escribir esa palabra de crítico mamón de cine, ¿hay de otros?) de los mismos productores, creadores, actores, directores o lo que sea.

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Para quien no ha tenido contacto con el back-end o el tras bambalinas del cine, esto y tantas cosas más podrían parecer venir de una mente delirante o de un crítico ácido que busca la intoxicación de sus lectores o personalidades afiliadas al cine. La realidad es que hay pocos negocios tan mafiosos, tan intrincados, tan calculados hasta el más mínimo segundo, como el cine. Cada segundo cuesta millones, cada segundo debe ser cuidado, cada segundo está comprometido con tantos intereses que es casi seguro, que a menos de que se esté ya en la cima por talento o suerte, lo que empezó como un sueño, una creación, una esperanza de expresión auténtica y propia, termine siendo un pedazo de carne jaloneado por decenas de hienas, cada una con su propio poder e intereses, cada una jalando hambrienta y feroz hacia su propio lado. Las historias “de terror” detrás del cine son muchas, muchas más que las historias de “logros”, hay más thrillers detrás de cámaras que feel-good-movies y gran parte de ellas terminan en una road-movie con destino incierto… una carrera de cine hecha con videos musicales, o series en las que no se tiene gran voz y voto, o telenovelas, o comerciales… o una taquería esquinera con los ahorros del cónyuge.

Conozca mi siguiente producción, un thriller gore llamado “Gringa de Tripa”

Vemos que las cosas ya no son tan terribles como antes, que entonces, asegún, sí se puede hacer cine decente en México, cosa que hace unos 25 años era como para escupirse encima de la risa. La pregunta es ¿pero para quién se hace si nadie la va a ver? y si se hace ¿en qué condiciones se hace? Esta es la parte que tal vez le falta explorar al artículo, sí, hay cine, independientemente de los problemas en el público y la demanda, pero la otra gran historia de horror viene para muchos creadores, que salen al mundo buscando qué dirigir o con un guión terminado, después de sudor y lágrimas, para encontrarse con casas productoras y “apoyos” que tienen como tácita, y a veces explícita condición, una producción no ambiciosa, por lo menos con un actor o actriz “reconocidos” para medio garantizar éxito o de mínimo el retorno de la inversión; algún miembro del staff, ya sea guionista, director o fotógrafo, con algunos premios o reconocimientos, para también poder garantizar el interés de inversionistas posibles y para darle renombre y caché a los pitches y a las juntas de negocios o a la plática casual entre friends del exclusivo círculo cinematográfico (mejor conocido en el bajo mundo como “El Frijoliwood”); una historia llevadera, nada complicado, de preferencia las fórmulas ya probadas y garantizadas por el cine extranjero que ha recaudado tantos millones (por lo tanto “bueno). La historia, para no hacerla tan larga, es que la historia misma con la que se sale, la visión con la que se parte, suelen ser olvidadas en el camino ante los intereses ajenos, y si quieres, si no, pos te chingas, ellos son los del varou, los demás sólo simples creadores, materia prima milagrosa para multiplicar los panes. Extiéndase tal situación a todas las artes hoy en día, de las cuáles apenas la música y en menor grado la literatura se empiezan a zafar, gracias a las facilidades que la globalización, la digitalización del mundo y la tecnología otorgan para independizarse de mafias y/o intereses ajenos (“Explotación con dedo atoleado”, le dicen en mi pueblo); en el caso del cine, un esfuerzo que depende de demasiadas personas, la cosa se complica, mucho.

Gente como Cuarón, Arriaga, Lubezki, el controvertido Reygadas o el mismísimo jefe Del Toro han sabido hacer las cosas bien, han tenido el arrojo para asumir su talento como algo valioso, lo suficiente como para que una industria con tantas mañas y estancada en los problemas de un país de tercer mundo que quiere jugar al primero, se deje a un lado con un “Mñeh…” después de salir airosos con una primera o segunda o tercera producción nacional y se vaya a otros lugares a buscar quién pueda llenar el hueco, quién no quiera hacerla tanto de pinches jamón, no tener que rogar de más a los grandes señores de las decisiones en las sillotas inamovibles. De ellos, sólo Del Toro ha sido claro en algunas declaraciones públicas, si no me equivoco, y no ha tenido pelos en la lengua para decir que él no le debe nada a México, ni a su industria ni a su gente, que su cine no tiene “nacionalidad”, es cine y ya, que los presidentes y demás funcionarios de organizaciones culturales se cuelguen de sus éxitos si así lo quieren. Le guste a quien le guste, le arda a quien le arda, le entre una basurita en el ojo a quien le entre.

Así que básicamente regresamos a una idea central y recurrente de este congal, a todos nos encanta andar muy ajenos y muy “yo merezco”, pero a la hora de darse cuenta que uno es parte de un gran sistema de oferta y demanda, que depende de nuestro contexto cultural y nuestras decisiones cotidianas el tener tantita madre cuando nos quejamos de algo, pregunto ¿Va a ir al cine pronto? ¿Qué va a ver? ¿A quién le va a dar usted su dinero? ¿Ya pensó en qué se va a reinvertir su lana cuando cambie de manos?… ¿De qué se va a quejar luego?

A ver al cine y a reírse al teatro, pues. Yo me voy por la vereda del milusos, pensando que un día en el que la inocencia me regrese, que el público decida que tanta explosión y chistecito mamador no está tan chido como se creía, que los productores dejen de hacer cine pensando en futuros yates llenos de tetas y rockstarismo o que encuentre la dedicación disciplinada permeada de esperanza interminable que veo (con gran admiración y confusión) en muchos amigos, conocidos y desconocidos cineastas, tal vez me ponga a escribir guiones de largometraje otra vez.

Ya no vea tanta chingadera, hoyga, hay gente que sale afectada, sobre todo usted de su cabecita suya propia de su mismidad. Ese consejo es mi buena acción del día. Ahora recordemos que es fin de semana y vayamos a portarnos mal.

 

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