Perfil Psicólogo que no ejerce, creativo milusos, músico y compositor. Escribe donde se pueda sobre sus temas recurrentes: la decadencia mental en una sociedad que glorifica y premia la imbecilidad e ignorancia. Twitter: @JorgeHill.

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Cosas que “no entiendo”

Estas últimas semanas han estado plagadas de cosas que “no entiendo”, va entrecomillado porque es una figura retórica, de hecho sí lo entiendo, pero lo que simboliza es más bien algo como “Bueno, hay que estar muy pendejo…” o un “Cámara, mejor ya ni digo nada”.

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¡Aaaaargh!

Para dar más contexto a estas cosas que no entiendo, debo empezar porque la fuente, irónicamente (ja), suelen ser personas con lo que nos gusta llamar “educación privilegiada” o “inteligencia” o “cultura”, estas tres palabras que se usan muy seguido como sinónimos y en realidad no tienen absolutamente nada que ver una con la otra.

Bueno, los mentados parquímetros, que nos llevan al problema de los coches con sus múltiples subproblemas (creo que acabo de inventar una palabra, me vale madre), impuestos y tenencias, vialidad y bicicletas, problemas de desigualdades y clases, tan marcados en nuestro país.

Como pasaron las navidades y los años nuevos y todo esto, y aparte he andado muy de rocks, pues me he subido a muchos coches, todos ellos ajenos, yo no le manejo el maneje ni el auto. Varias de las personas con las que me subí, a manera de small talk y dejando entrever la gran frustración que traen todo el día en la punta de la lengua, sacaban el tema de los parquímetros, de cómo el gobierno se los está “chingando” con ellos y como son unas terribles víctimas de, oh por dios, algún macabro y secreto plan desde los búnkeres secretos de la CIA o algo. Me parece curioso (otra figura retórica) que muchas de las personas que piensan así, gozan de una posición económica privilegiada, con esto no me refiero a que sean ricos, simplemente, tienen coche y departamento y un trabajo estable que les permite pagar cable, peditas de fin de semana, gasolinas, valet parking y cines, en pocas palabras, están en esa privilegiada escisión que los mantiene en el 20% de los mexicanos que se pueden dar esos lujos, mismos que ellos no consideran lujos, “Pues es lo normal ¿qué no? como en las pelis”.

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¡Woo, somos un desmadre, we!

En fin, esta banda, que incluye a la mayoría de las personas con coche, o con dos, o con tres, tiene un pensamiento tan errático que cada uno de ellos cree ser “merecedor auténtico” del lujo de un auto que contamina una ciudad y un país dados al caño por la contaminación, auditiva, visual y ambiental. Ellos “sí lo necesitan”, todos piensan eso, porque pues hay que ir a dejar a los niños y hay que ir a dar la vueltita y a la tienda y al súper y al bar. Y ¿cómo hacer esto si no se tiene auto? pos claro, si tu vida ya se acopló alrededor de tener un auto… esto debe ser uno de esos pensamientos “imposibles”; como la gente que piensa que debe ser imposible o que uno es un mentiroso y un mamón si les dice que prácticamente no ve la televisión o que evita la cultura posmo-pop de manera activa, mentes tan maleadas a lo que consideran “normal” que su universo simbólico nomás no da para otras posibilidades, “debe ser pura mamada”.

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De apuntar a la luna y que se volteé a ver el dedo

Ahora, esta banda cree que la apertura de ciclovías por toda la ciudad y el impulsar las bicicletas como un medio de transporte, es algo casi de Satán -un satán de extrema izquierda radicalista, claro- y que el mejorar las vías y el transporte público debe ser algo así como “la predilección para el pobre”, o sea que qué oso, we. Antons, llegamos a que este mismo masacote poblacional, con imperiosas urgencias de “primer mundo”, no sabe ni qué coños quiere, la cultura en México está tan patas pa arriba, que aquel con pretensiones de éxitos y riquezas y primeros mundos, piensa que en el primer mundo así es la cosa, cuando en realidad, en el primer mundo, como en los países del norte de Europa, es justamente el transporte público y las bicicletas lo que se usa. En fin, así esto de tomar ideales y expectativas de las telenovelas y los comerciales, pues, nuestra “gente de mundo”… ay jesú.

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¿Chiapas?… ahm, no, Suecia.

Y bueno, qué decir de mamarrachadas como quitar la tenencia porque era un impuesto abusivo del gobierno que aparte sólo se instauró en las olimpiadas de aquí hace mil años para poner la ciudad bonita, bueno, esta gente cree en Santa Claus. Porque, claro, tener un coche es hasta “un derecho humano” ¿no? LAWLZ. Neta ¡¿qué pedo?!

Ahora, luego se me enoja la gente porque digo que este país se merece un presidente como Peña Nieto, pero la realidad es que habiendo tanta gente con “educación privilegiada” que decide voluntariamente comer camote y no echarle una repensada a las cosas y un par de vueltas de tuerca, pues… hoyga, lo siento; pero así es la cosa, incluyendo a todos esos en mi zona, o sea “clase media”, que -fuera de mi zona- deciden andar por las redes sociales diciendo que la revolución armada es la pura solución. Tiremos al imperio desde nuestras iPads, woot woot!

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Planeando una revolución “armada” desde su iPhone

en su depa de la condecci

O KE ASE

Luego llega este insufrible mamar en todos lados por las jaurías asesinas, la victimización de los perros como identificación proyectiva de la injusticia del gobierno sobre uno mismo. Que los perros deban estar libres si no son peligrosos, sí pues, aunque suene a chiste, es un hecho, y que una sociedad preocupada por los derechos de los animales es una sociedad que empieza a pensar más claramente desde otros esquemas más amplios, también es algo completamente deseable. Pero mientras nos desvivimos por jaurías asesinas que sirven como lienzos para la proyección, por parquímetros que nos quieren chupar la sangre con popotes que llegan hasta el escondrijo subterráneo de los gobernantes vampíricos o que la noticia de un ciclista haciendo drama en Oprah porque se drogaba sea algo digno de auténtica preocupación y escándalo, Peña Nieto declara que tiene 9 propiedades y chingo mil millones de pesos, cosa que pasa casi desapercibida en los noticieros, al igual que el aumento de la pobreza extrema después de “el sexenio del trabajo” o que la violencia en la ciudad de México, y en el país, sigue a la alza, o que el mundo se sigue desmoronando país por país gracias a las crisis de un capitalismo voraz sin regulación que necesita la escasez y la pobreza para subsistir mientras deja vacío de recursos un planeta entero…

Nel, mejor hablemos de parquímetros, eso sí es grave y sí afecta mi cómoda vida, cawn.

 

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