Perfil Psicólogo que no ejerce, creativo milusos, músico y compositor. Escribe donde se pueda sobre sus temas recurrentes: la decadencia mental en una sociedad que glorifica y premia la imbecilidad e ignorancia. Twitter: @JorgeHill.

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Rituales de cortejo

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Y a veces digo “¿Estaré mal yo?” pero veo rituales de cortejo en casi todo. Tal vez haber estado demasiado en contacto con el psicoanálisis me hizo ver “sexo en todo”, pero no, eso sería demasiado fácil, sería la salida más probable, cumplir un estereotipo ajeno que si bien llega a ser cierto, se funde en el imaginario colectivo de maneras generalizadas y superficiales.

No, finalmente se trata de algo evolutivo, que muchas veces no pasa por lo mental, y cuando pasa, se filtra a través de lejanos símbolos más apegados a la cultura y la “civilización” que al cuerpo y su necesidad básica de fundirse con otro para perpetuar especie ¿pa qué? nadie sabe y lo más probable es que ni siquiera exista un pinche “pa qué”, pero nos gusta encontrarle tres pies al gato y no contarle las patas al cienpiés (que suele tener 42).

Tal vez lo más llamativo de esta primera fase, que surge de la reproducción, sea el placer y el poder desarrollar una sensación de intimidad o pertenencia con otra persona. En el humano, el gran gancho de la reproducción, el placer, termina trayéndonos una capa secundaria, mental, que nos permite voltear a ver hacia nosotros mismos y decir “¿chamacos? ¿como pa qué chingados o qué? la cosa es sentir rico y vivir una vida”. Esta misma capacidad que tenemos es la que deja a religiosos, sobre todo católicos y cristianos, muy perplejos a la hora de ver lo natural que puede ser la decisión de no tener hijos, una pareja del mismo sexo, no tener pareja o simplemente tener sexo sin reproducción -de preferencia mucho y lleno de lo que Freud en algún tiempo pudo haber llamado “perversión”: un final que no sea necesariamente la eyaculación dentro de la vagina. Era victoriano, no le podíamos pedir mucho a la sociedad más mojigata de todos los tiempos-. Total, que también asegún los más religiosos, Diosito nos hizo de cierta manera a todos pero a la mera hora si no le gusta a alguno de los “apoderados” de la palabra del señor (papas, arzobispos y esas cosas raras que inventan), satanizan todo, siempre me pregunto si esto no iría contra la palabra misma del señor… pero, no hablemos de gente que anda más de cien años atrasada en prácticamente todo lo posible.

Así es que veo por todos lados gente tratando de cogerse a más gente, pues. Veo en el hombre de familia proveedor y trabajador una mezcla de reproducción con lazos fuertes de grupo, tratando de demostrarse a sí mismo, a la pareja y a las figuras materna y paterna la capacidad de lograr una buena semilla en el gran esquema, un valor pasado desde lo que hemos llamado “corporal” hasta lo “mental”, cuerpo convertido en cultura: lo que hemos llamado, no con su buen toque de ironía: “civilización”.

Veo en la chica seductora, selectiva, que cuida de su cuerpo e imagen, lo mismo, un estandarte de probables buenos genes. Todos vamos por ahí alzando nuestra bandera, puede ser que seamos lo que sea, de todas maneras siempre hay un roto para un descosido y lo que culturalmente, heredado desde el cuerpo, es promovido como atractivo para la reproducción, no siempre es un indicador físico de lo mismo. Vamos, que uno puede ser guapo, alto, carismático, inteligente y todo un deportista, pero ir cargando unos genes bastante pinchurrientos que tal vez no existan en 300 años. La cosa no es así de enchílame esta gorda aquí y luego, luego; pero la cultura nos intenta convencer de esa superficialidad, será porque no nos quedan muchas opciones en esta pequeña y única vida sin extensión que no nos permite ver mucho más allá de nuestras propias narices.

Así es como nos volvemos locos con espectáculos que, en lo personal, considero completamente idiotas, corporales y por lo tanto innecesarios, como confundir música con belleza, o sea, ir a ver a tal cantante o a tal banda por su atractivo o carisma, tal vez sus melodías ya nos hayan entrado hasta lo más profundo de la mente únicamente por repetición; el negocio de promover carne disfrazada de arte también resulta ser tremendamente jugoso en una sociedad que ya no se pregunta mucho por la diferencia entre una y otra. No puedo ver la televisión sin pensar esto cada comercial y prácticamente cada estúpido programa, sobre todo de nuestra televisión nacional que parece no poder hacer nada si no incluye un par de tetas o una cara de semental de la nacionalidad que esté de moda en el país. De la misma manera existen los grandes rituales de cortejo, como el espectáculo del deporte, que viene quedando como anillo al dedo con la locura que se suele ver en estas fechas con el Super Bowl, en otras fechas con las finales de futbol o hasta la política, misma que termina siendo otro gran juego de identificaciones y búsquedas, algunas más hacia lo mental o ideológico, con vistas al futuro, otras, muchas, la gran mayoría, no lo creo: poder instantáneo pal chango, poder para los súbditos más cercanos del chango jefe, poder imaginario para los identificados con chango jefe y su equipo. Con esto no reduzco la necesidad de organización de los humanos, más bien me pregunto si tener un changuito jefe es la única opción de organización o si es en realidad la que nuestro chango mental nos dicta como “más adecuada”; igualmente intento no satanizar a los deportes, que me parece muy bien, correcto, adecuado y sano que alguien los practique. Ya la locura simiesca de volverse un babuino loco por un equipo o por el espectáculo en sí como si fuera un suceso de cósmica trascendencia, pues… chale, cada quién sus primatadas, al final todos las tenemos.

Total, que no sé si está claro, tal vez lo único que hago es desarrollar una pregunta: ¿como que para qué tanto problema si nada más viene uno a comer y coger?

Pero ya sabemos, las cosas nunca son tan fáciles.

Y siempre regreso a lo mismo, no me hace gracia a mí, no le hace gracia a nadie leerlo si es que lo toma en serio, como yo suelo hacerlo, pero: esta fase de la humanidad, en la que nos tocó existir y en la que todavía no hemos dejado de ser cuerpo para ser mente, es una huevaza total. Pero ya qué, supongo que de muchos eslabones se tiene que hacer la cadena, y el simple hecho de existir, ya nos forja en alguna sección de ella. Aparte, tiene su ondita…. o algo así.

 

 

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