Rendición de cuentas y sus detractores

A dos semanas del trágico sismo se sigue destapando la cloaca de corrupción, algunos quieren silencio.

Rendición de cuentas y sus detractores

Habían pasado unos 30 minutos del temblor y nos habían evacuado del inmueble por una probable fuga de gas, a tan solo un par de cuadras se había derrumbado un edificio, la gente caminaba por las calles con gestos de pánico, las sirenas de ambulancias, bomberos y policías llenaban el ambiente. Frente a la multitud reunida en el camellón pasó una señora con dos niños pequeños de la mano, gritoneaba cosas como “Y deben ponerse a orar, porque vienen cosas peores, esto no es nada, es la furia de El Señor”. Se me atoró en el cogote un “Cállese, señora fanática ridícula”.

Una reacción muy parecida tengo ante tantos que hoy, a dos semanas de un temblor que se llevó a padres, madres, hermanos, abuelos e hijos, se oponen a la rendición de cuentas por parte de gobierno y empresas.

Sí, leyó usted bien. A pesar de que el sismo ha destapado la cloaca de corrupción de constructoras y delegaciones, hay mucha gente que no quiere que se busquen culpables donde es altamente probable que los haya. Donde ya los hay.

¿No los hay en ciertos casos? Bien, es la transparencia y la exigencia de rendición de cuentas lo que nos dejará claro dónde sí y dónde no. Pero pedir “que no se busquen culpables” es una extensión de esa actitud pasguata, agachona y tibia que comparte responsabilidad con otros factores para que este país esté donde está. En un jodido limbo de impunidad.

Algunos nos dicen que no debemos buscar culpables porque este es un acto de Dios, pero dejemos de lado a esos, con los mochos de hueso colorado no se puede hablar de nada que implique cierta racionalidad y pensamiento crítico. Están otros que nos aseguran que exigir rendición de cuentas es solo para promover agenda contra el estado, contra el gobierno, incluso contra Mancera mismo. Que esto de pedir empresas y gobierno transparentes es todo un festival de anarcopunks. No falta aquí la ya tan difundida e inmamable alt-right mexicana que nos dice que esto es “de chairos”, “de resentidos sociales”. Que los medios que han estado investigando son amarillistas o están sedientos por vender la nota. No han faltado los inocentones que nos dicen que la culpa es de nuestros ancestros por erigir una ciudad sobre un lago. ¿Pues a quién se le ocurre? Pero si hay ceguera voluntaria, de la fea y de la mala, es aquella que viene de los que se ponen la camiseta sin chistar, sin tener un gramo de duda o crítica. Hablo de gente como aquel nutrido grupo de estudiantes, egresados, maestros y padres de familia del TEC que tomaron las redes sociales para hacer un escándalo porque se exigía investigación para saber qué había pasado realmente con esos puentes que dejaron a 5 estudiantes muertos y tantos otros heridos. Esta es una actitud lamentable, peligrosa y sectaria. Repito: ¿no hay responsabilidad? Eso se averiguará gracias a la investigación y a la duda auténtica, mismas que han querido entorpecer con sus sensibilidades que parecerían provenir de un grupo religioso fanático.

“Insensibilidad”, le llaman también a la petición de “accountability” o deslinde de responsabilidades. Quisiera que estas mismas personas explicaran a los familiares y amigos de los fallecidos sus sensibles, bien fundadas e investigadas teorías acerca de por qué algunos edificios han caído y otros no. Por qué la cloaca se sigue destapando y se sigue encontrando la basura y el caminito del dinero chueco. Por qué hay códigos y protocolos que no se siguieron. Por qué hay niños y niñas fallecidos donde no deberían haberlos.

Lamento escribirlo con todas sus letras,  pero es de este tipo de personas de quienes nos tenemos que cuidar, esos que piden el silencio y la inacción, los que dejan pasar la corrupción y las irregularidades frente a ellos sin decir nada, o peor aún, defendiéndola a capa y espada. Y todo porque la suspicacia es feíta, porque en la casa nos dijeron que calladitos nos vemos más bonitos, porque no es de buena cuna, es de chairos y revoltosos. Son ellos, los “aquí no pasó nada”, de quienes deberíamos de cuidarnos, mucho, mientras se acomodan como engrasado engranaje de un status quo que nos tiene en un pantanoso lodazal de disfuncionalidad sistémica.

Duda, rendición de cuentas, transparencia e investigación. Eso es respeto, empatía y sensibilidad ante las víctimas y sus familias. Quienes se oponen, se oponen directamente a la justicia y a la búsqueda de la verdad, sea la que sea, existan responsables o no en cada caso particular.

 

@JorgeHill

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