Poder y depredación sexual

No es suficiente hablar de perversión en la depredación sexual, debemos hablar de poder de un género sobre otro.

Poder y depredación sexual

Se destapó una cloaca y la lista de depredadores sexuales en Hollywood y otras mecas de glamour y entretenimiento crece. Los escándalos aislados existen desde hace mucho tiempo, con gente como Woody Allen o Roman Polanski, pero no habían tenido el empuje que vemos hoy en día a raíz del caso Cosby y más tarde el caso Weinstein.

¿Qué hace que un hombre como Louis C. K. se saque el pene y se masturbe frente a mujeres sin su consentimiento? Correríamos rápidamente a acudir a las respuestas en la perversión y otras explicaciones provenientes de la psicología y el psicoanálisis,  pero creo que no es suficiente. En estos casos debemos hablar de poder, ese que tienen tantos hombres exitosos que son centro del escándalo. Es un poder que se ejerce sobre mujeres, con la intención de perturbar y someter. En la mente de aquel que somete a una mujer, somete a un género entero.

Todos los casos son muy parecidos, hombres poderosos y exitosos que son el centro de operaciones, de ellos dependen los trabajos y las oportunidades para las mujeres que han sido abusadas. En otros casos se abusa de las mujeres que admiran y siguen a estas figuras, pero en el corazón del tema encontramos el mismo mecanismo: hombres que gozan de protección mediática y corporativa, que pueden manipular a aquellos que están a su alrededor, que han sido glorificados por el sistema de consumo del entretenimiento y que han terminado por creer que su palabra es ley, y sus caprichos, mandatos.

Dos casos parecen atípicos en las grandes listas que se han ido generando y que incluyen no solo a gente de Hollywood, también a políticos, chefs estrella y otros poderosos: Woody Allen y Kevin Spacey. El caso Allen se distingue por una cantidad impresionante de mitos alrededor de las versiones y de las relaciones familiares, y que después de los “tocamientos inapropiados” que supuestamente propinara a la hija de Farrow, no ha vuelto a ser culpado por nadie más. En el caso de Spacey, si bien ha recibido varios alegatos, son por parte de hombres y un menor. Sin restarle importancia a estos casos, nos centraríamos en aquella otra gran mayoría que incluye a hombres poderosos acosando y abusando de mujeres que se encuentran en posiciones de mucho menos poder que ellos.

Y es en esos casos donde el pene se expone como símbolo de shock y poder. Los acosadores lo muestran, mandan fotografías, susurran sobre él a los oídos de sus perturbadas víctimas. Al igual que el violador, estos hombres no buscan la gratificación sexual en sí, buscan aterrorizar y someter a sus víctimas, demostrarles que su poder es mayor, buscan generar una sensación de despojo, culpa y desesperanza. Hasta hace poco les había funcionado bien, ellas no hablaban y muchos se preguntan, con suspicacia, por qué el reciente caudal.

¿Por qué ahora y no antes? Si tomamos en cuenta que el hombre siempre ha estado en posiciones de poder y privilegio, nada ha cambiado ahí. Lo que ha cambiado en el mundo, creo, es la adopción cada vez más extendida del feminismo y las políticas progresistas en los países del primer mundo y aquellos en desarrollo. Históricamente, la mujer que culpa a un poderoso sería sospechosa de ser “una trepadora”, alguien que busca la fortuna del acusado o la fama a través del escándalo. Hoy, eso está cambiando y las mujeres acosadas se animan más a hablar, al ver que otras lo hacen con mejores resultados. Las relaciones de poder y género se están transformando, finalmente, y eso trae aterrorizados tanto al poderoso acosador de las altas esferas como al machito cotidiano. Sin duda, esto es un triunfo más del feminismo contemporáneo en la batalla cultural del día a día.

Es un hecho, los hombres de todos los lugares del mundo todavía tenemos mucho que aprender sobre los lugares y puestos que ocupamos, sobre la manera en la que expresamos y ejercemos nuestra sexualidad y sobre los dañinos mitos a través de los que vivimos y entendemos el consentimiento.

Típico macho mexicano que no acepta ser rehabilitado, póngase a temblar, se le acabó la fiestecita.

 

@JorgeHill

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