The Void, un digno regreso a Lovecraft

Las grandes dificultades de llevar a Lovecraft al cine y "The Void" como un gran ejemplo de cine lovecraftiano.

The Void, un digno regreso a Lovecraft

Este texto no contiene spoilers.

Ya nos la sabemos, nadie nos la cuenta: a los fans de Lovecraft nos va muy mal en el cine. Las adaptaciones son muy pocas, de esas pocas casi ninguna es fiel o de plano se destroza el cuento original. De refilón y como premio de consolación, nos toca una buena cantidad de películas consideradas “Lovecraftianas”, de bajo presupuesto, con malas actuaciones, malos efectos y guiones que dejan mucho que desear.

Nos quedamos preguntándonos por qué y las respuestas son muchas, la mayoría de ellas se centran en el corazón mismo de los escritos del maestro del horror cósmico y de aquellos tantos a quienes influyó directamente. El género va en contra de todo aquello que busca Hollywood, los grandes estudios y productores: no hay héroes, todos acaban muertos o locos. No hay “descansos cómicos”, no hay romance, mucho menos sexo. Los personajes principales son solitarios profesores, académicos o investigadores serios, de edad avanzada y de otras épocas en las que el mundo aún tenía grandes lugares despoblados que no han sido tocados por el hombre; extensos bosques, tundras y llanuras donde lo desconocido, lo gigante, lo antiguo y lo ultra-terreno aún podía rondar y acechar. El ritmo es lento y paciente, como Los Antiguos mismos, no tienen prisa, lo inevitable está por venir de todas maneras. Las explosiones y los escapes de último momento son innecesarios, baratos recursos de una época en la que se busca el brinco fácil, la taquicardia y el tener al espectador “al borde de su asiento”, ahí donde Lovecraft parecía buscar que estuvieras en el centro, hundido, inmóvil y absorto.

Pero los retos para el cine van más allá, parece haber algo inadaptable e intraducible desde las palabras hasta la pantalla. Es ese hilo conductor que une a todos los relatos de “Los mitos de Cthulhu“, el horrendo momento en el que uno se da cuenta que la realidad humana y todo lo que nuestra especie conoce es sólo una frágil y delgada capa de esperanza vacía, debajo de ella se revuelven horrores mucho más antiguos que el hombre y su planeta, ominosas verdades tan ajenas a la mente humana que causarían la locura en cualquiera que quiera atreverse a rozarlas. El horror de Lovecraft es, finalmente, existencial, abstracto, inasible y cósmico. En sus propias palabras: “A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas.”

Pero hay, de vez en cuando, buenas noticias para los lovecraftianos y los amantes del horror por igual. Una o dos veces cada década llega una joya cinematográfica que, sin ser adaptación directa, logra reunir la mayoría de los elementos necesarios para unirse dignamente a las filas de “lo lovecraftiano”. Esta vez parece ser el turno para la magnífica “The Void”. La película es de producción canadiense y tiene a Steven Konstansky y Jeremy Gillespie como escritores y directores. La producción está a cargo de aquellos que están detrás de la macabra y controvertida “The Witch”.

El argumento se centra en un pequeño grupo de protagonistas que quedan sitiados en el hospital de un pueblo por un grupo de cultistas encapuchados. El aislamiento y la paranoia automáticamente nos recuerda a otro gran clásico, “The Thing” de John Carpenter. Pero no sólo eso nos remonta a los ochentas y sus clásicos, también la atinada decisión de utilizar efectos especiales en vez de gráficos de computadora en la mayoría de la película y contar con un guión que se centra más en la psique de sus protagonistas que en mostrarnos un eterno y cansino escape de “el monstruo”. El gore es suficiente y satisfactorio, sin llegar a la búsqueda del shock o lo barato. Desde los inicios de la cinta se pueden intuir, como ensoñaciones o fantasías, otras dimensiones, otros lugares ajenos a la humanidad y anteriores a ella.

Agregar más sobre la película sería caer fácilmente en el spoiler o generar un aburrido listado de actores, tecnicismos, fechas y logros. Basta decir, para gusto de los fanáticos de Lovecraft, que podrán encontrar ahí cultistas enloquecidos, antiguos ritos, símbolos mágicos, libros prohibidos, portales hacia otros mundos, criaturas que desafían la lógica humana, colosales estructuras que no son hechas por el hombre ni para él, y sí… tentáculos.

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@JorgeHill

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