Alberto Serdán

El dato checado

Perfil Alberto Serdán tuitea, busca cifras y las usa para entender lo que le rodea. Con maestría en Políticas Sociales e interés en saber cómo le va a los Pumas cada fin de semana, es profesor del Programa Interdisciplinario sobre Política y Prácticas Educativas del CIDE.

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Trampitas presupuestarias

Sobre la mesa hay un proyecto de presupuesto para el próximo año. Alcaldes, legisladores, gobernadores pelean palmo a palmo por algunos centavitos que les haga lucir ante su electorado. La Secretaría de Hacienda conoce al gremio y todos los años receta la misma trampita presupuestaria para tener a todos contentos y distraídos. Todos los años hay incautos, pero tal estrategia es perversa ya que incentiva el despilfarro y la improvisación.

Cada año, el Presidente entrega su proyecto de Presupuesto de Egresos para el siguiente ejercicio fiscal (por ejemplo el de 2013 recién salido del horno). Luego, la Cámara de Diputados lo discute y lo aprueba con modificaciones. Ese Presupuesto entra en vigor a partir del 1 de enero y durante el año la Secretaría de Hacienda aún puede hacerle modificaciones. Al final se realiza un cierre y se entrega un documento que detalla lo que se gastó y lo que no. Posteriormente el Congreso, a través de la Auditoría Superior de la Federación, le echa el guante, revisa y evalúa el gasto.

Así es que ahora estamos en la fase de discusión y aprobación del presupuesto. La rebatinga es notable. Los medios ponen atención a lo que sube o a lo que baja. No es para menos, ya que en ese documento se reflejan las prioridades del gobierno. Si los compromisos no vienen acompañados de presupuesto, corren el riesgo de pavimentar kilómetros con buenas intenciones. En el mar de la opinión, hay grupos y personas que defienden programas y presupuestos que consideran importantes; por ejemplo, el querido @GenaroLozano tuiteó muy preocupado que a la cultura le quitarían el 30 por ciento del dinero acorde con el proyecto de este año.

En la negociación del presupuesto, Hacienda sabe muy bien su juego y cada año tiene, por lo menos, las siguientes estrategias claramente definidas:

1. “Bien me quieres, bien te quiero; no me toques el dinero”. Esta estrategia consiste en que a los programas en los que Hacienda no quiere que quiten presupuesto, deliberadamente les pone un techo muy alto para que los diputados, si le mueven, no modifiquen sustancialmente lo que Hacienda ya tenía planeado gastar.

Tal es el caso de los recursos destinados a la Deuda Pública o a las Erogaciones para los Programas de Apoyo a Ahorradores y Deudores de la Banca. Por ejemplo, en promedio entre 2007 y 2011 (ver nota al final del texto) cada año los diputados le sobajaron cuatro mil millones de pesos al gasto destinado a la Deuda Pública y Hacienda le quitó otros 9 mil 700 millones adicionales durante el ejercicio presupuestario.

En el caso de los apoyos a los Deudores de la Banca -¿se acuerdan del Fobraproa/IPAB? Sí, seguimos pagando eso- los diputados prácticamente no modificaron el proyecto del Ejecutivo y Hacienda hizo lo propio durante el ejercicio: lo que planeó gastar, lo gastó puntualmente.

2. “El que parte y comparte, se lleva la mejor parte”. Con esta segunda estrategia, la secretaría de Hacienda demuestra un desdén por la Cámara de Diputados. Por ejemplo, el presupuesto para las Aportaciones a la Seguridad Social (que paga las pensiones del ISSSTE, IMSS, ISSFAM, Afores, entre otros) es uno de los más grandes pues recibió por parte del Ejecutivo cerca de 279 mil millones de pesos en promedio anual entre 2007 y 2011, y los diputados, responsablemente, respetaron esa cantidad.

Sin embargo, durante el ejercicio del Presupuesto la Secretaría de Hacienda le metió la mano pachona y cada año aumentó, en promedio, casi 96 mil millones de pesos adicionales a lo que los diputados habían dispuesto. Ese dinero podría pagar 3 mil 500 años de presupuesto para el Programa Nacional de Lectura.

3. “Les traigo dulcecitos”. La tercera estrategia es la que alude a nuestro querido Genaro. Ésta consiste en que Hacienda entrega un presupuesto muy bajo comparado con el año anterior para que puedan lucirse diputados, alcaldes, gobernadores y organizaciones, “peleen” por más recursos, los obtengan, y los presuman como trofeos. Por ejemplo, hay alcaldes muy exitosos en la gestión de centavitos como en Zacatecas, donde los medios resaltan sus capacidades de gestor de proyectos. 

Los rubros recurrentes para esta estrategia son comunicaciones y transportes, el campo y la cultura. Por ejemplo, entre 2007 y 2011, el presupuesto de la SCT fue aumentado por los diputados en 22 mil 700 millones de pesos al año en promedio, mientras que el Ejecutivo aumentó otros mil 800 millones durante el ejercicio. En el caso de Sagarpa, los diputados le agregaron 12 mil millones al año en promedio y Hacienda le quitó mil 200 en promedio al ejecutar el gasto. En el caso de Cultura, esta función tuvo incrementos anuales por dos mil 800 millones de pesos y, durante el año, Hacienda le redujo mil 200 millones en promedio anual durante los ejercicios 2007 y 2012.

Esta última estrategia tiene implicaciones delicadas. Legisladores, gobernadores y alcaldes llegan con exigencias presupuestarias que no siempre están basadas en proyectos viables, coordinados y rigurosamente evaluados por los diputados antes de suscribirlos. Así, en cuestión de minutos antes de que termine el periodo legal para la aprobación del presupuesto, se decretan recursos para estadios de béisbol, festivales culturales, caminos rurales, puentes que sólo conectan la casa del alcalde, casas de poetas destinadas a fiestas sociales, teatros parroquiales, y un largo etcétera que no cuenta con evaluaciones ni vigilancia.

En Cultura, por ejemplo, en el Presupuesto de Egresos 2012 la Cámara de Diputados amplió el pastel por tres mil 231 millones de pesos para donativos; en menos de un mes se asignaron 805 proyectos sin más criterio que el humor del legislador en turno.

Por todo lo anterior, más que pedir “más presupuesto”, es importante poner el acento en que no todo incremento necesariamente se justifica. Los diputados, en sus comisiones de trabajo, deberían estar muy atentos para que los recursos que liberen realmente se justifiquen y evitar así dispendio de dinero que podríamos usar mejor.

Hacienda, por su parte, debe parar este perverso juego en el que “entrega dulces” a cambio de que los gastos que son impopulares no sean modificados, pero que, desde su perspectiva, deben realizarse. Es indispensable que Hacienda cambie sus métodos porque, de no ser así, el despilfarro, fruto de la improvisación y el jaloneo, harán que perdamos oportunidades para impulsar proyectos que verdaderamente beneficien a la comunidad y no sólo a la popularidad del gobernante que, teniendo más saliva, termina tragando más pinole.

Seguimos la conversación en @albertoserdan -

* Nota para los clavados: Los cálculos presentados en esta columna son propios con base en los proyectos del PEF de2007 a2012; los PEF aprobados del2007 a2012; y el 6º Informe de Gobierno de Felipe Calderón. Todos los datos son promedios anuales y se presentan a precios constantes de 2012 usando el deflactor implícito del PIB del INEGI (para el período2007 a2011) y de los CGPE 2013 (para el 2012).

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