Alberto Serdán

El dato checado

Perfil Alberto Serdán tuitea, busca cifras y las usa para entender lo que le rodea. Con maestría en Políticas Sociales e interés en saber cómo le va a los Pumas cada fin de semana, es profesor del Programa Interdisciplinario sobre Política y Prácticas Educativas del CIDE.

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La aprobación de la llamada Reforma Educativa el pasado 21 de diciembre, es un primer gran paso hacia la profesionalización de la carrera docente y toca fibras muy sensibles del control de la cúpula del sindicato sobre los puestos o plazas magisteriales. No son transformaciones menores y significan un mensaje muy importante de la clase política para recuperar la rectoría del Estado Mexicano en materia educativa. La legislación secundaria se presenta como el siguiente campo de batalla y ahí se verá si es verdadero el compromiso de desmantelar el pacto político-corporativo que ha sostenido al imperio del SNTE y a sus líderes.

Desde los años 40, la cúpula del sindicato de maestros ha disfrutado las mieles de un inmenso poder que se basa en su influencia sobre quién entra, quién sale, quién se promueve, quién sube de puesto, y quién recibe los bonos y estímulos dentro del magisterio. La potestad para decidir sobre la vida de los maestros les ha dado una posición inmejorable para alimentar lealtades y compromisos que ponen al servicio del más generoso candidato o partido que les garantice puestos para los incondicionales, partidas discrecionales, jugosos fideicomisos y, la joya de la corona, la renovación del acuerdo que a cambio de favores electorales les concede el dominio sobre las plazas docentes. El conjunto de modificaciones a la Constitución aprobados por las y los legisladores de todos los partidos políticos en ambas Cámaras, tocan estas bases con cuatro ejes fundamentales:

Primero, la reforma elimina una de las prebendas del sindicato al crear un servicio profesional de carrera docente con evaluación obligatoria y concurso de las plazas, tanto para iniciarse en el magisterio como para ocupar puestos directivos y de supervisión. Con ello el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia estarán en función de la idoneidad de los conocimientos y capacidades que se requieren para garantizar el derecho humano a la educación, y no estarán en función del capricho de la dirigencia sindical.

Actualmente el mérito no es el fuerte en los procesos de selección de quienes se incorporan al magisterio. De acuerdo con una encuesta entre profesores en activo conducida por la investigadora Sylvia B. Ortega (Nexos, mayo 2011) solo 8 por ciento dijo haber obtenido su plaza gracias a un concurso de oposición y el 92 por ciento restante por causas diferentes que van desde palancas del SNTE, la influencia indebida de alguna autoridad, hasta la compra o herencia de las plazas. Por su parte, al establecer la evaluación obligatoria, se elimina la discrecionalidad que tenía la cúpula del SNTE para negociar las condiciones de procesos como la Evaluación Universal que boicoteó en junio y julio de 2012 y que provocó que casi la mitad de los profesores no participaran en el examen que para tal efecto dispuso la autoridad educativa. Otro ejemplo, con el sistema vigente se premia más a la antigüedad que a la capacidad para ascender en la carrera docente hacia puestos directivos. Con base en la información del escalafón en el estado de Morelos, 61 por ciento de los directores de las escuelas de educación básica tienen menos de la mitad de las aptitudes requeridas para ser maestro, 58 por ciento tienen un grado menor a la licenciatura, 44 por ciento no cubre con los mínimos de puntualidad, pero, eso sí, 97 por ciento tiene más de diez años de servicio. Con la reforma, esto puede dar la vuelta.

En segundo lugar, las innovaciones constitucionales eliminan el mayorazgo del sindicato sobre la evaluación al instaurar un organismo público autónomo a cargo de la evaluación tanto de maestros como del sistema educativo nacional en su conjunto.

El examen nacional para el otorgamiento de plazas docentes ofreció un espectáculo lamentable sobre la falta de autonomía en la evaluación: el órgano técnico “independiente” que diseñó la prueba estuvo conformado por 35 representantes del SNTE, 32 fueron designados por las secretarías de educación de los estados, muchos de ellos bajo el señorío del SNTE (en el año 2009 se estimaba que eran 22) y solo 3 fueron designados por la SEP. Asimismo, todas las decisiones de evaluación en el sexenio de Calderón fueron fruto del acuerdo con la cúpula del SNTE. Tal fue el caso de la Evaluación Universal donde hasta aspectos operativos (como la distribución de cédulas y circulares) pasaban por el principio de “bilateralidad” (eufemismo que otorga a la cúpula del SNTE la prerrogativa de vetar decisiones de la autoridad educativa). El diseño del escalafón mismo entrega la evaluación docente a comisiones mixtas SEP-SNTE donde la autonomía brilla por su ausencia.

En tercer lugar, la reforma obliga a docentes y al sistema educativo en su conjunto a justificar sus selecciones, métodos, materiales y condiciones a la luz de la calidad educativa.

Hoy, 99 por ciento de los maestros se consideran a sí mismos “buenos” o “excelentes” en su labor. Como señala la investigación de Sylvia Ortega, “el fracaso se atribuye a circunstancias ajenas al docente, en especial aquellas de carácter familiar y de contexto, así como por el desinterés o la incapacidad de los propios alumnos” y sólo la mitad de ellos percibe que su desempeño tiene un impacto positivo en el logro de sus alumnos. Con la reforma, el sistema educativo en su conjunto debe responder sobre el porqué casi 8 de cada 10 niños que terminan la secundaria no pueden comprender textos o hacer operaciones matemáticas básicas. Más aún, deberá orientar el diseño de los materiales y métodos educativos, la organización escolar, las condiciones materiales de las escuelas y la idoneidad de los docentes y los directivos hacia el máximo logro de aprendizaje de los alumnos. Aquellas decisiones tomadas en función de las lealtades sindicales deberán pasar duras pruebas para justificarse, incluyendo la existencia de las comisiones sindicales y todas aquellas no educativas con cargo al erario público.

El cuarto eje elimina el monopolio del sindicato sobre el registro de la información educativa al crear un Sistema de Información y Gestión Educativa a cargo de un ente que escapa su soberanía como es el INEGI.

En estos tiempos son los directores de las escuelas, los supervisores y los delegados del sindicato quienes completan la información del sistema educativo: infraestructura de las escuelas, registros de recursos humanos como el personal comisionado al sindicato, el número de escuelas, las circulares, las cédulas, los reportes, los expedientes del escalafón, los récords de asistencia de los maestros, el número de alumnos (en función del cual se determina, entre otras cosas, si una escuela es escuela o no y su consecuente presupuesto). Todos estos datos pasan por las manos de las comisiones mixtas en los que interviene el SNTE. Información es poder. Con la reforma, la generación y procesamiento de la información se traspasa a un ente que no ha sido colonizado por el sindicato. Por fin se sabrá cuántos maestros, cuántos alumnos y cuántas escuelas hay en México. Y con ello se tomarán diferentes decisiones, incluyendo las de los dineros. Aquí la cúpula sindical pierde otra posición clave.

La reforma educativa recién aprobada es más que un “calambre” a Elba, pues rompe uno de los fundamentos de su dominio: el control de las plazas docentes. La normatividad secundaria definirá con precisión los mecanismos de operación del Servicio Profesional de Carrera Docente y ahí la cúpula sindical dará la madre de todas las batallas para mantener sus privilegios y canonjías. El siguiente reto estará en su implementación. La capacidad de veto que tiene la cúpula del SNTE es asombrosa. Los cambios constitucionales son un primer paso, pero aún falta trecho para completar la Reforma Educativa (esa sí con mayúsculas). Ojalá el Congreso, la clase política y la sociedad en su conjunto estemos a la altura. Nos estamos jugando el futuro.

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