Elba detenida, no vencida

En los primeros tres años del gobierno de Felipe Calderón el grupo político de Elba Esther Gordillo disfrutó del manejo de dineros públicos hasta por un billón 611 mil 771 millones de pesos. A cambio, Felipe Calderón recibió apoyo electoral en 2006 y pudo firmar la Alianza por la Calidad Educativa, agenda de reformas que no tocó la esencia del dominio sindical.

En el México de los años 40, el régimen priista aprovechó al máximo la “unidad nacional” frente a las potencias del Eje en plena Segunda Guerra Mundial. En ese ambiente, la multitud de sindicatos y asociaciones de maestros convergieron en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el cual fue creado el 15 de marzo de 1944 por voluntad presidencial mediante un decreto y no por exigencia de sus bases. Este signo permanece hasta nuestros días: el gobierno es el que decide la suerte de los líderes magisteriales, no sus agremiados.

En el origen, el acuerdo político corporativo entre el SNTE y el gobierno descansó en tres pilares fundamentales: 1) votos y estabilidad política garantizadas por una cúpula sindical que ha ejercido un control total y autoritario sobre los maestros; 2) compromiso por parte del gobierno para garantizar el señorío de la cúpula del sindicato sobre las plazas docentes, es decir, sobre el ingreso, la permanencia, la promoción, los estímulos y la separación de los maestros; 3) impunidad para los líderes, paraguas que permitió cooptar, corromper y mantener la incondicionalidad de la burocracia sindical, al tiempo de impedir vientos democratizadores que pusieran en riesgo la estabilidad del liderazgo sindical.

La longevidad de los cacicazgos sindicales ha sido característica de la estabilidad cobijada por el gobierno: Jesús Robles Martínez, primer gran líder del SNTE, duró 23 años; Carlos Jonguitud Barrios duró 17 años y su sucesora Elba Esther llevaba más de 23 años al frente del sindicato. En el camino, toda disidencia fue aplastada y en las secciones estatales el modelo fue replicado con eficacia.

Como apunta el analista Sergio Aguayo (Vuelta en U, 2010), el debilitamiento de la figura presidencial (agudizado por la alternancia en el año 2000) derivó en el empoderamiento de nuevos actores que se aprovecharon de la dispersión del poder. El SNTE fue un portentoso ganador en este nuevo orden. Con ello, la cúpula del sindicato agregó un pilar más a su entendimiento con el gobierno: 4) el intercambio de puestos públicos por apoyo político electoral así como apoyo a reformas educativas siempre que no pusieran en entredicho su control sobre las plazas docentes.

De esta manera, en los primeros tres años del gobierno de Felipe Calderón el grupo político de Elba Esther Gordillo disfrutó del manejo de dineros públicos hasta por un billón 611 mil 771 millones de pesos. Ello fue posible gracias a la cesión de puestos como la Lotería Nacional, el ISSSTE, la secretaría del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la Subsecretaría de Educación Básica, el SNTE, el Partido Nueva Alianza, secretarías de educación locales (Enfoque, Reforma, 13-XII-09). A cambio, Felipe Calderón recibió apoyo electoral en 2006 y pudo firmar la Alianza por la Calidad Educativa, agenda de reformas que no tocó la esencia del dominio sindical.

El poder acumulado por Elba Esther Gordillo se volvió incómodo. Solo soportable por los beneficios electorales y políticos que proveía en contextos de elecciones competidas a través de su refinada maquinaria. No obstante, el triunfo de Enrique Peña Nieto no dependió de los malabares de Elba Esther. La propia maestra lo reconoció y los pilares comenzaron a resquebrajarse. La primera señal para la cúpula sindical fue no disfrutar de puestos públicos como los que gozaron en el calderonismo. La segunda, la Reforma Educativa que fue aprobada de manera veloz disminuyó la capacidad de reacción del SNTE, al tiempo de poner candados a su control sobre las plazas. La tercera vino ayer: se vulneró la inmunidad de la lideresa.

Elba Esther está detenida, pero no vencida. Mientras el gobierno no rompa el acuerdo político corporativo con el sindicato. Mientras la clase política no vea a los maestros como profesionales de la educación que son y no como meros instrumentos electorales. Mientras no se concluya la Reforma Educativa con una legislación secundaria que ponga a la escuela en el centro de la política pública y ponga al mérito profesional y académico como único camino para la carrera docente. Mientras no se desmantele la red de impunidad para los miles de comisionados sindicales que cobran ilegalmente como maestros con dinero que se desvía del propósito educativo. Mientras no se eliminen las comisiones mixtas SEP-SNTE en la toma de decisiones educativas. Mientras no se democratice la vida sindical y el gobierno renuncie a la tentación del control vertical y autoritario de los maestros. Mientras ello no ocurra, Elba Esther y las Elbas Estheres presentes y futuras estarán detenidas, mas no vencidas.

El precio de no romper este arreglo político corporativo, lo sabemos ya, es muy alto. Muchos sectores de la ciudadanía se han expresado y han hecho sentir su exigencia. Es hora de que los maestros también lo hagan. Es hora de que los maestros exijan no ser tratados como lo fueron desde los años 40 y que de forma digna y democrática, como bien señala Ricardo Raphael, decidan sobre la representación de sus derechos. Es hora de que los maestros alcen la voz para que nunca más haya un trato corporativo del gremio. Solo ellos pueden hacerlo. Esta es su oportunidad histórica. Los maestros no pueden permitir una simple sustitución de liderazgos. Sólo los maestros pueden poner fin al autoritarismo. En sus manos tienen su destino. En sus manos está la posibilidad de vencer lo que Elba Esther representa.

 

Seguimos la conversación.

 

 

 

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