Tras la alternancia, ¿qué se veía venir?

Hace 15 años no se vio venir que la alternancia no era suficiente para la transición a la democracia. Pero no sólo eso. No se pensó en la centralidad de llevar a cabo una profunda reforma del Estado. No se vio venir las consecuencias de no tener una comisión de la verdad, una constitución nueva, una refundación del país.

La excitación era total. La noche del 2 de julio de 2000 marcó el fin de la hegemonía priista en la Presidencia de la República. Ante una multitud exaltada y millones de mexicanos pegados a las pantallas de la televisión, Vicente Fox condensó las esperanzas en su discurso como candidato ganador: “Lo que hoy vivimos las mexicanas y mexicanos es la culminación de las luchas de varias generaciones […] Teníamos las mexicanas y mexicanos una cita pendiente con la historia […] Dentro de un sistema democrático encontraremos soluciones a los problemas que más nos duelen: los de la miseria, la inseguridad, la ignorancia y la violencia […] Ganó México”.

Pasaron los años y la promesa no se cumplió. No encontramos las soluciones a los problemas y, peor aún, como la inseguridad y la violencia, estallaron. No es gratuito que se haya fortalecido la idea de que existe un desencanto con la democracia ya que ahí se depositó una buena cantidad de expectativas que la democracia no iba a resolver. Excitación, ingenuidad e ignorancia podrían resumir el argumento.

Hace unos días tuve la fortuna de participar en una reunión de personas vinculadas a la defensa y promoción de derechos humanos donde se preguntó ¿qué sabemos ahora que no sabíamos hace 15 años?, ¿qué no se vio venir? Tales cuestionamientos siguen retumbando.

Hace 15 años no se vio venir que la alternancia no era suficiente para la transición a la democracia. Pero no sólo eso. No se pensó en la centralidad de llevar a cabo una profunda reforma del Estado. No se vio venir las consecuencias de no tener una comisión de la verdad, una constitución nueva, una refundación del país.

Hace 15 años no se veía venir el regreso del PRI con todo su autoritarismo. En 1994 Cuauhtémoc Cárdenas vaticinó convencido en entrevista con Carmen Aristegui, Javier Solórzano y Pedro Ferriz que el PRI, de perder la presidencia, se desmoronaría. Todo lo contrario, en realidad el PRI nunca se fue. Pero se constató algo más siniestro: el problema no era el PRI, sino la concepción patrimonialista del poder con prácticas afianzadas en vastos grupos de la sociedad.

Así, hace 15 años no se avizoraba el desmoronamiento del PRD, la traición a la democracia del PAN, ni la capacidad de la oposición (tanto de partidos y como de organizaciones sociales y de la sociedad civil) para corromperse. No se sospechaba el tamaño y alcance del pacto de impunidad entre los partidos. No se vislumbraba un aumento tan brutal en los niveles de corrupción a manos de todos los partidos ni en la presidencia con el enquistamiento de una clase política corrupta solapada por la sociedad.

Hace 15 años no se imaginó que la profesionalización de las organizaciones de la sociedad civil las alejaría de los movimientos sociales y de base, de su capacidad de articulación entre sí y con los ciudadanos de a pie. Que aunque se ganó una mayor especialización, también provocó una feroz competencia de egos y fondos. No se vislumbró que se desinflara el movimiento indígena o la oposición y vigilancia a los procesos de libre comercio.

Hace 15 años no se veía lo difícil que es para la sociedad civil mover al Estado; peor, que una vez que se mueve a través de, por ejemplo, reformas legales, no se pensó en que los avances jurídicos fueran tan poco efectivos para cambiar la realidad ni la centralidad de la fase de la implementación de las políticas públicas. Tampoco se pensó en la importancia fundamental (no periférica) del fortalecimiento de las organizaciones y administraciones públicas en lo local.

Hace 15 años no se aquilataban los caminos de la prensa tanto para bien (periodismo de investigación), para mal (sostenimiento del poder autoritario a costa de la claudicación del derecho a la información y a la libre expresión) y lo funesto (la vulnerabilidad, el asesinato y hostigamiento de periodistas). Tampoco se vislumbraba el impacto de los medios sociales en la vida pública; menos la importancia de la seguridad digital para los activistas y la neutralidad de la red.

Hace 15 años no se veía la falta de efectividad de una comunidad internacional vigilante. Tampoco se imaginó el retroceso que habría 15 años después en la política exterior reflejada en el hecho de que México ya no es un socio confiable y, más bien, es intrascendente. No se preveía el desbordamiento de la migración centroamericana y la explosión de violencia alrededor del fenómeno, o el abandono mexicano para impulsar una reforma migratoria en Estados Unidos ni el abandono de los mexicanos que retornan.

Hace 15 años no se imaginaba que las luchas por el territorio, la defensa de los recursos naturales y el patrimonio sería a balazos. No se preveía el boom de inmobiliarias abusivas, de industrias extractivas depredadoras del ambiente, de grupos organizados de extorsión y cobros de derecho de piso, todo ello no sólo con la complacencia, sino con el impulso desde el poder público.

Hace 15 años no se imaginaba la ausencia absoluta del Estado en vastas zonas del país. Tampoco la capacidad de cooptación del narco y el poder del crimen organizado. El auge del discurso de la seguridad y la importancia de una reforma del Ejército. Era impensable que México viviría historias de masacres a manos del poder público. Tampoco la proliferación de fosas clandestinas, desapariciones y ataques. No se pensaba en la sofisticación de las amenazas a los defensores de derechos humanos ni su persecución a manos de agentes el Estado sin importar el partido.

Hace 15 años cuando se festejaba la alternancia no vimos muchas cosas. ¿De qué cosas nos lamentaremos en los próximos 15 si no hacemos nada o si sólo administramos la realidad, si no entendemos que urge refundar el Estado y la sociedad y que ello sólo será posible con un cambio en las reglas del juego, con la apertura real del sistema político que favorezca una adecuada representación y genere efectivos controles y contrapesos tanto horizontales como verticales al poder?

 

@albertoserdan

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