¿Opciones decentes en 2018? Empecemos ya

No. En 2018 no podemos repetirlo: quedarnos sin opciones y debatirnos entre anular o votar por el menos peor (con muy contadas excepciones). A los tiempos nublados debemos oponer organización ciudadana. De nosotras, de nosotros depende que las boletas del 2018 sean diferentes.

El domingo 7 de junio, día de las elecciones, el cielo amaneció encapotado en la ciudad de México. Han sido muchos, demasiados, los días con tiempos nublados. De nosotras, de nosotros depende construir días claros.

No. En 2018 no podemos repetirlo: quedarnos sin opciones y debatirnos entre anular o votar por el menos peor (con muy contadas excepciones).

No. En 2018 no debemos permitirnos que en la mampara nos encontremos con una boleta sin opciones que hagan a uno pensar que las cosas no serían radicalmente diferentes. Acaso una simple administración de los status quo existentes.

A los tiempos nublados debemos oponer organización ciudadana. De nosotras, de nosotros depende que las boletas del 2018 sean diferentes.

Aún es posible hacer algo, aunque parezca empeñarnos a jugar a lo perdido: apostar por la construcción de redes, de grupos voluntarios, de espacios de deliberación en los barrios. Una apuesta también por los vecinos que madrugan e instalan casillas.

Sin duda es posible apostar por nosotras, por nosotros. De nadie depende, más que de la organización propia, para desterrar castas que desviaron brújulas.

Si eso es deseable, pongámonos a trabajar en serio, desde ya, para que en 2018 no pasemos por este sentimiento de extravío que ahora llegamos a tener en las elecciones.

Basta de ignominias que la mayoría no merece. El aire no las detendrá en 2018. A menos que nos organicemos.

Estas elecciones mostraron pistas invaluables para ello.

En Zapopan, Pedro Kumamoto nos enseñó que es posible crear redes territoriales en zonas urbanas y estrategias electorales a muy bajo costo monetario, pero intensivos en trabajo voluntario. Para que ello fuese posible se requirió de una agenda innovadora, un liderazgo incluyente, un candidato honesto, congruente y, por lo tanto, creíble, así como del aprovechamiento de la energía social y organizativa que ya existía en Jalisco. Se precisó, eso sí, de una enorme capacidad de entusiasmar a los jóvenes con propuestas simples y, paradójicamente, muy profundas hacia la transformación de ciudades más disfrutables, justas e incluyentes, así como hacia el ejercicio de la función pública con códigos de honor basados en la honradez, la transparencia y la auténtica representación.

En Nuevo León, el ahora famoso Bronco nos enseñó que es posible construir una candidatura al poder Ejecutivo con alianzas que no necesariamente incluyan a poderes que se creían indispensables para asegurar victorias: las televisoras. También nos enseñó que para ganar, no basta el voluntarismo: se requiere una sólida estructura. Para ello, la viabilidad de la candidatura de El Bronco solo fue posible por la red de candidatos independientes tanto a diputados como a presidentes municipales (como fue el caso de Tatiana Clouthier y Lorenia Canavati) cuyo trabajo fue fundamental para la construcción de la red territorial. En suma, fue una candidatura independiente con la organización de un partido sin registro.

En la delegación Miguel Hidalgo, Arne Aus den Ruthen Haag nos enseñó que para conseguir las firmas que permitan a un candidato independiente aparecer en la boleta se requiere disciplina, un plan, y un sólido equipo de trabajo. Lamentablemente, también su candidatura dio cuenta de las trampas que los partidos establecidos son capaces de llegar a hacer para frenar el avance de una opción independiente. De lo ocurrido habrá que aprender y prepararse para evitar sorpresas desagradables.

En la zona metropolitana de Guadalajara, Enrique Alfaro nos enseñó que una opción independiente puede conjugarse con la estructura de un partido existente como fue el caso de Movimiento Ciudadano. Este partido, por su parte, se lleva la lección de la importancia de confiar en los liderazgos locales y no tratar de imponer desde la capital o las dirigencias nacionales candidaturas, organización o, incluso, alianzas, agendas políticas y programáticas. Por otra parte, la experiencia de gobierno de Alfaro, sus resultados y un eficaz manejo de los medios sociales con piezas de comunicación de calidad fue, como en Nuevo León, clave para la victoria.

En Sinaloa, Manuel Clouthier mostró que las candidaturas independientes no sólo son para los puestos del poder Ejecutivo. Nos enseñó que es posible crear opciones viables para el Congreso federal. Que la experiencia partidista debe combinarse con una trayectoria pública intachable.

En Cuernavaca, Cuauhtémoc Blanco nos enseñó que hay un electorado ávido por opciones diferentes a los partidos tradicionales. Ahora el exfutbolista tiene el reto de demostrar que puede gobernar. Debe entender sus limitaciones y que las expectativas de un gobierno honesto y transparente no deben traicionarse por nada del mundo.

Y así, podríamos generar todo un repositorio de aprendizajes de los que habrá echarse mano para una organización ciudadana que en 2018 nos haga tener gusto por acudir a las urnas. También podría generarse el entusiasmo de quien ha visto que el camino de los independientes es posible.

De aquí al 2018 deben pasar muchas cosas. De entrada, debe impulsarse con decisión una reforma política que disminuya las barreras de entrada a las candidaturas independientes y, mejor aún (aunque eso parece más lejano), la fácil formación de partidos políticos.

Deben pasar muchas reuniones, mucho trabajo voluntario que debe empezar ya. Deben construirse las redes y los espacios de deliberación. Deben de establecerse los perfiles de quienes podrían abanderar estas causas. Honestidad y transparencia son las divisas innegociables. Una agenda y un plan también.

Grupos como Democracia Deliberada han avanzado en ejes de una agenda que puede ser un buen punto de partida para las discusiones: crecimiento redistributivo; recaudación y gasto público eficientes y progresivos; un Estado sin consentidos; buena calidad en el servicio a las personas; dispersión del poder; justicia sin violencia; ciudades humanas y sustentables; una economía despetrolizada y un medio ambiente protegido y sustentable; información libre y accesible; descentralización de la producción cultural; un México que mire de frente al mundo, y una efectiva universalización de los derechos.

Organicémonos para, al menos, tener opciones decentes en la boleta del 2018. Para, lo más, transformar este país que tanto lo necesita.

Organicémonos para, al menos, retar a la casta que volverá a aparecer en las boletas del 2018. Para, lo más, hacer creíbles nuestros sueños.

De nadie más depende que las boletas del 2018 sean diferentes. Por qué no, que el país sea diferente.

¿Quién debe estar al frente de todo esto? Tú, que estás leyendo esto. ¿Alrededor de quién? De quienes tú convoques.

 

@albertoserdan

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