Renuncias en el gabinete

Entre 1970 y 2015, sólo 8% de los integrantes del gabinete presidencial han sido cesados por su incompetencia o han presentado su renuncia ante escándalos frente a la opinión pública sin alguna alternativa inmediata como otro puesto, una curul o una gubernatura.

Renunciar nunca es fácil. Aprender a vivir con la nada, construir desde la renuncia son frases muy extrañas para quienes han sido ungidos en el dichoso deporte de ocupar un cargo en el gabinete presidencial. La estabilidad y el control sobre todas las cosas dan cuenta de la manera en que los presidentes han entendido el supremo ejercicio del poder, mientras que la ética de la responsabilidad la han entendido como un árbol que da moras.

Todo esto viene a cuento porque en México existe una obstinada refracción a la renuncia. Puede fugarse el capo más buscado de la historia y no hay renuncias al más alto nivel. Militares pueden asesinar a civiles (incluso con órdenes explícitas de hacerlo) y nadie renuncia. Pueden morir bebés en un incendio a causa de la corrupción y nadie renuncia. Pueden crearse cruzadas contra el hambre y ver cómo la pobreza alimentaria crece y nadie renuncia. Se puede ser un cero a la izquierda en la implementación de reformas y nadie renuncia. Pueden encontrarse suficientes evidencias de un conflicto de interés y nadie renuncia entre un largo y conocido etcétera.

Durante los sexenios de Luis Echeverría Álvarez y Enrique Peña Nieto han desfilado 293 titulares de secretarías de estado para 159 carteras disponibles en todo este tiempo. Como posible signo de estabilidad, 54% concluyeron el sexenio (68 secretarios incluso duraron de principio a fin los periodos presidenciales). Si bien es una cifra alta, es cierto que ha existido rotación en los gabinetes.

En el México de la simulación, las causas de los cambios en las carteras de la administración pública pueden obedecer a franca incompetencia, pero eso no se dice. Más aún, la frase “caer parado” ha sido común para apuntalar al feliz disfraz de la ineptitud con premios de consolación como obtener otros puestos incluso dentro del mismo gabinete (16%) o aventurarse a aspirar a cargos de elección popular (15%). A su vez, los funcionarios suelen acudir a causas “por motivos personales” para que sin mayores explicaciones ni ejercicios de rendición de cuentas puedan separarse de su puesto (3%),

Cambios en gabinetes presidenciales. Posibles causas.

En cuatro casos, los funcionarios concluyeron súbitamente su encargo a causa de su fallecimiento (aún en medio de escándalos como con Juan Camilio Mouriño). En diez casos (3%) la separación se debió a una franca rebeldía de los secretarios frente a sus presidentes (quizá Felipe Calderón al destaparse para la presidencia del año 2006 ha sido uno de los más emblemáticos).

Así, entre 1970 y 2015, sólo 8% de los secretarios han sido cesados por su incompetencia o han presentado su renuncia ante escándalos frente a la opinión pública sin alguna alternativa inmediata como otro puesto, una curul o una gubernatura. De 293 titulares que han pasado por los puestos más altos de la administración pública, sólo 23 han dejado su espacio en medio de la desaprobación explícita. Sin embargo, no todos los presidentes han corrido a sus subalternos por igual.

De hecho, Luis Echeverría corrió a sus vasallos en realidad para cubrir atrocidades o errores propios. De esta forma cesó al procurador Julio Sánchez Vargas y al Jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez, a causa de la matanza del 10 de junio de 1971 en el infame Jueves de Corpus. Por su parte cesó a Emilio Rabasa para ocultar el error que cometió al votar en contra de Israel sin medir la reacción de la comunidad judía en Estados Unidos que organizó un boicot contra México.

José López Portillo cesó a Julio Rodolfo Moctezuma (titular de Hacienda) y a Carlos Tello (de Programación y Presupuesto -SPP) por enfrentarse entre sí. A Ricardo García Sainz (SPP) lo culpó de haber sido negligente con el programa de Coplamar y del canciller Santiago Roel simplemente señaló que éste “no tenía oficio”.

Miguel de la Madrid cesó a Jesús Silva Herzog Flores por su deficiente desempeño en el manejo de la crisis de la deuda (o esa fue la versión en Los Pinos aunque las verdaderas razones apuntan a una rebeldía del entonces secretario de Hacienda frente al poder presidencial). En tanto, De la Madrid prescindió de Marcelo Javelly Girard en la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue) por su incompetencia para articularse con otras carteras del gabinete o “con las clientelas propias de dicha dependencia”, escribió en sus memorias el expresidente. Finalmente, a causa de la pésima respuesta gubernamental durante el sismo de 1985, el presidente destituyó a Guillermo Carrillo Arena como titular de la Sedue.

Carlos Salinas prescindió de su procurador Enrique Álvarez del Castillo y del titular de Marina Mauricio Scheleske Sánchez presuntamente por nexos con el narcotráfico, versión nunca confirmada pero desatada en las columnas de la época. Por su parte, el alzamiento zapatista cobró factura al entonces secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido y, adicionalmente, la falta de resultados en las investigaciones del asesinato de Luis Donaldo Colosio cobró, aparentemente, el puesto de procurador a Diego Valadés (aunque también hay versiones que apuntan a una rebeldía del procurador frente al presidente). Finalmente, Andrés Caso Lombardo dejó Comunicaciones y Transportes luego de un escándalo de presunta extorsión en contra de Kaveh Moussavi de IBM por un millón de dólares para ser favorecido en una licitación de navegadores aéreos.

Ernesto Zedillo fue un presidente que empleó la guillotina. Jaime Serra Puche en Hacienda duró apenas días a causa de la debacle financiera de diciembre de 1994 y Fausto Alzati hizo lo propio por ostentar un grado académico que no poseía estando al frente de la cartera de Educación. Emilio Chuayffet salió de Gobernación posterior a la matanza de Acteal. Silvia Hernández dejó Turismo luego de filmar comerciales para American Express y el procurador Antonio Lozano Gracia dejó el puesto luego del fiasco en sus investigaciones que incluyeron videntes y osamentas de dudosa procedencia.

Finalmente llegamos a Vicente Fox quien cesó a Rafael Macedo de la Concha por su papel en el desafuero de Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón prescindió de Luis Téllez luego de la filtración de unas conversaciones donde señalaba, entre otras cosas, que “extrañaba al PRI”, siendo funcionario de un gobierno emanado por el PAN.

Enrique Peña Nieto no ha cesado a nadie, aún.

Incapacidad o escándalo como posibles causas de cambios en el gabinete presidencial

Se ha escrito mucho sobre la importancia de renovar un gabinete para apuntalar gobiernos. Sin embargo, la literatura muestra que mientras el reclutamiento de los colaboradores al iniciar una administración suele incluir personajes con experiencia en el ramo que se les asigna, los cambios en el gabinete obedecen más a la necesidad de las presidencias para obtener un mejor control político de sus subalternos a partir de la selección de los más fieles. Como la evidencia muestra en el ámbito mexicano, las renuncias por incompetencia son una rara avis que, en el caso particular de la actual administración, simplemente se ha llevado al extremo.

Schopenhauer fue quizá uno de los filósofos que mejor argumentó sobre la fuerza para la renuncia: un acto de dignidad humana que es capaz de superar la voluntad egoísta con asombrosa autodisciplina. Pero la soberbia y la avaricia son canijas y el extravío de la representación hace que conceptos como la dignidad sean una excentricidad inútil para domesticar naturalezas humanas. Mejor no le movamos, dicen en Los Pinos. Por tanto, siempre será más fácil hacer pasar camellos en los ojos de las agujas que hacer renunciar a un secretario de estado por verdaderos daños al erario y a la sociedad por su mal desempeño.

 

@albertoserdan

Close
Comentarios