México y la legalización de la mariguana

Tal y como está ocurriendo, la legalización en general no reparará los daños provocados por el régimen global de prohibición de drogas en el pasado.

Por: Froylán Enciso (@elfroyenciso) y Brenda Pérez

En agosto de 2016, Aarón Valencia, autodefensa desmovilizado por el gobierno mexicano, huyó hacia Estados Unidos por las amenazas del reclutamiento forzado de dos de sus hijos para el crimen organizado en su natal de Michoacán, en medio de la violencia de la mexicanizada guerra contra las drogas. La familia Valencia son parte de los millones de víctimas de esta guerra. ¿Acaso la legalización de la mariguana en California y muchos otros estados de Estados Unidos mejorará la vida de Aarón, su familia y los cientos de miles de familias de víctimas de más de 100 años de guerras contra las drogas?

No. Aarón y su familia están recluidos en el Eloy Detention Center, en espera de refugio. Aunque la legalización algo ayudará a parar la guerra en el futuro, tendrá pocos efectos sobre sus víctimas del pasado.

Desde principio del siglo XX, México y Estados Unidos tienen una relación asimétrica para el control de la Cannabis y otras drogas. California, hace dos décadas, definió el parteaguas histórico, al regular el uso medicinal de la planta. México, lejos de reformar sus políticas de drogas, reforzó el modelo punitivo al decretar ese mismo año tipificar como nuevo delito el “narcomenudeo”, que criminaliza a los comerciantes de pequeñas cantidades de esta planta. La declaración de la mexicanizada “guerra” contra las drogas y el crimen, en 2006, es el más claro ejemplo de radicalización de esta tremenda desigualdad: la presencia del ejército en las calles ha demostrado el frágil entramado institucional de México, con el dramático aumento de los homicidios, las desapariciones, desplazamientos forzados, violaciones a derechos humanos de usuarios de drogas y la diversificación de las actividades criminales que han victimizado a millones de mexicanos en los últimos años. Mientras tanto, en ciertos estados de Estados Unidos se ha favorecido el conocimiento del cultivo y el fortalecimiento de economías locales, con la expansión de empresas y granjas de cultivo.

La comunidad reformista de la política de drogas en México recibió la legalización de la mariguana en California, en noviembre de 2016, con optimismo y cautela. La legalización en el estado fronterizo de California daría un nuevo impulso a las iniciativas mexicanas para reformar una política de drogas prohibicionista y punitiva, que ha costado a México un tercio del crecimiento del PIB y que ha estancado el crecimiento de la esperanza de vida de los hombres mexicanos, lo que implica que, en promedio, vivan 2 años menos de lo esperado.

En diciembre de 2016, el Senado mexicano aprobó un dictamen de reforma de la Ley General de Salud y el Código Penal Federal para permitir el uso médico de la mariguana, que aún espera la aprobación en la Cámara de Diputados. Sin embargo, por lo menos al principio de su implementación, sólo se permitirá la importación de mariguana medicinal, bajo los lineamientos que establezca la Secretaría de Salud. Es decir, el consumo personal seguirá siendo perseguido, no se permitirá el autocultivo y las autorizaciones para su producción local sólo serán posibles, quizá en el futuro, cuando la Secretaría de Salud determine su viabilidad. Ante esto, las principales consecuencia para México de la legalización de la marihuana en California y la promesa de legalización de los fines medicinales en México será el aumento de las desigualdades, porque:

1) Avanzará una balanza comercial negativa para México lo que aumentará los costos del consumo doméstico al sistema de salud. Organizaciones criminales disminuirán sus exportaciones desde México debido a la pérdida de competitividad de la mariguana mexicana en el mercado negro estadounidense. Posiblemente, también iniciarán importaciones de marihuana proveída por corporaciones de Estados Unidos para el incipiente mercado medicinal en México. La legislación para despenalizar el uso medicinal de la marihuana en México no especifica los procedimientos para la producción legal nacional. México se volverá en un potencial importador de la marihuana semilegal e ilegal estadounidense, en el corto plazo, lo cual ya ocurre ilegalmente en ciudades fronterizas como Tijuana. El aumento de la oferta y la baja de los precios de la marihuana en México, incentivará su consumo doméstico, con costos para el sistema de salud.

2) Continuarán los costos de la “guerra” contra cárteles mexicanos que diversificarán sus actividades. La diversificación de las actividades de las organizaciones criminales de México hacia otras sustancias, como la heroína, o a actividades que afectan a la población, como la extorsión, los mercados de protección, el secuestro y la trata de personas será usada para justificar el mantenimiento de la costosa estrategia de militarización de los aparatos de seguridad para el combate al crimen.

3) Las comunidades campesinas y los migrantes que se dedican a este cultivo perderán su fuente de ingresos y seguirán explotados. Ante la falta de espacio en los mercados legales, los campesinos productores de marihuana ilegal serán pauperizados de manera aún más dramática y, posiblemente, reclutados para otras actividades criminales. Asimismo, los migrantes mexicanos que trabajan en las granjas de cultivo de marihuana legal, semilegal e ilegal en California seguirán en la explotación. Estos migrantes especializados, codiciados por su desempeño y conocimiento, no reciben un salario justo por su ciudadanía.

“Me deprimí. Mi trabajo valía 100 mil dólares y me regresé con menos de 10 mil y pude mandar a mi familia 5 mil más. Nomás me llevé la chinga de mi vida,” dijo un ingeniero de la Universidad Autónoma de Chapingo, especializado en técnicas agroecológicas, que trabajó seis meses en algunas granjas de California.

Al margen de todos estos posibles costos para México por la legalización de la mariguana en California y el resto de Estados Unidos en el futuro, lo que es indiscutible es que, tal como está ocurriendo, la legalización en general no reparará los daños provocados por el régimen global de prohibición de drogas en el pasado.

La legalización no va a dar consuelo a las familias de los miles de desaparecidos y reclutados forzadamente por organizaciones criminales. No va a proveer de seguridad a las regiones que alguna vez fueron proveedoras de mariguana para California, mientras continúen las estrategias punitivas. No va a regresar la seguridad a las comunidades de los cientos de miles de desplazados por la violencia de la guerra contra las drogas en México. No va a proveer de condiciones mínimas de seguridad y justicia, a víctimas de esta guerra, como Aarón Valencia y su familia, que siguen en Arizona buscando paz y justicia.

Sin embargo, la legalización en los Estados Unidos puede alentar a los activistas, investigadores y otros miembros de la comunidad de políticas de drogas a desarrollar nuevas soluciones con una intensidad renovada ahora que la legalización se está convirtiendo en un enfoque más aceptado en todo el mundo. Si bien los beneficios de la legalización en los Estados Unidos pueden no llegar de inmediato al pueblo mexicano, podrían servir como motivación para redoblar los esfuerzos para lograr una reforma positiva de las drogas que conduzca a la estabilidad en nuestro país.

 

 

* Froylán Enciso es investigador del Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económicas, A.C. (CIDE) y Senior Analyst del International Crisis Group. Brenda Pérez es candidata al Doctorado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

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