Daniel Gershenson

Entropista

Perfil Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según algun@s, se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC.

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Órdenes de arriba

 

Había dicho en Twitter que iba a visitar las 16 delegaciones del DF, para aportar mi granito de arena a la campaña #quitaunanuncio, convocada por activistas como Jesús @roblesmaloof y @thaismunoz. Pensaba darme una vuelta por la Avenida Río San Joaquín en la Miguel Hidalgo, donde los reclamos en redes sociales enviados a la cuenta @QuitaunAnuncio mencionaban que las y los candidatos colocaron mantas y pendones en puentes peatonales. Tomé el Metro, bajándome en la estación San Joaquín, y la profusión de basura electoral que ahí se encontraba modificó mis planes.

 

Saliendo de estación San Joaquín, #basuraelectoral

 

No había un solo poste que no tuviera pegotes, gallardetes, banderines, mantas y papeles bajo una película de cinta adhesiva imposible de quitar. Eran como las ocho y media, ya había quitado unos treinta piezas. Subía las fotos a mi cuenta para compartirlas.

 

González Zirión, Romo…

 

Más Romo, inalcanzable…

 

El joven Ugarte…

 

Se estaciona patrulla.

 

En eso andaba: quitado de la pena, cuando de repente se me acercaron cuatro elementos de policía.

Sin haberme dado cuenta, se habían estacionado sobre Lago Hielmar en la Colonia Pensil dos patrullas. Sus tripulantes se me acercaron. Uno de ellos, bajo de estatura y con la mirada fija, enfundado en el trato arrogante que suelen dispensar los guardianes del orden con aquellos que no portamos uniforme, sin entender muy bien lo que estaba yo haciendo me empezó a interrogar.

‘De la cámara de vigilancia nos avisaron que quitaba algo de los postes. ¿Es usted de algún partido? No puede quitar ese material’

Traté de explicarle que se había decretado una veda electoral desde la semana pasada, y hasta el 29 de marzo. Le dije que formaba parte de un grupo de ciudadanas y ciudadanos preocupados, que participaban en la campaña para limpiar las calles de la ciudad de basura electorera.

‘Eso tiene que hacerlo la delegación, los partidos o la autoridad electoral. Usted no puede hacerlo por su cuenta’.

Al principio, taparon con la mano las placas con sus apellidos.

Hablaban todos por radio y celular, en claves incomprensibles. Uno de sus compañeros, más alto y desenfadado, preguntó si pertenecía a algún partido político. Quizá pensaba que mi intención era eliminar la propaganda del grupos contrarios, consevando la de los que yo favorecía.

‘La idea es quitar toda la propaganda, sin importar qué partido la puso. Yo no soy militante de ninguno’.

Quería yo saber de qué me estaban acusando. Les aclaré que ante la impasividad de las autoridades, algunos de nosotros quisimos asumir la tarea de remoción necesaria. Una policía, bajita como mi primer interlocutor, daba fe de los dichos de sus colegas.

Lo que siguió fue un estira y afloje verbal, con explicaciones cruzadas. Me pidieron desistirme, y trataron de llamar a las oficinas de campaña de Víctor Hugo Romo y Agustín Barrios Gómez. Suyas eran los plásticos y mantas que quité. Creo que nunca les contestaron. ¿Me iban a acusar de robarme su material electoral? Asi estuvimos varios minutos, hasta que me invitaron amablemente a subirme a la patrulla.

Adentro de la patrulla siguieron llamando insistentemente a sus superiores (supongo), usando la jerigonza ajena al entendimiento del común de los mortales. Uno de los dos policías: el más alto, se sentó en la parte trasera, me pidió la credencial de elector y las pinzas que usaba para cortar el cable o cordón que sostenían los cartelones. Se quedó momentáneamente con ellas.

‘Es contra la ley lo que estaba realizando, sabe … eso dicen. Uno nomás obedece órdenes de arriba’

Tuitée que me llevaban en camino a la novena agencia del Ministerio Público, en la avenida México Tacuba.

Pensé que las cámaras que con tanto bombo y platillo había instalado el aprendiz de Giulani, Marcelo Ebrard, sí funcionaban. Lástima que nunca habían detonado operativos similares para detener, por ejemplo, a las cuadrillas de delincuentes ecocidas que masacraban Árboles para ‘despejar’ anuncios espectaculares. Fue una observación pasajera: en esos momentos existían otras prioridades.

La primera persona que me llamó fue Dulce Ramos, precisamente de Animal Politico  (¡Gracias, @wikiramos!) Fue un buen augurio. Navegábamos por los callejones de la colonia Anáhuac a paso de tortuga. De repente la patrulla se estacionó, y apareció otra.

Jesús Robles Maloof también se comunicó conmigo. Quería saber de qué se me acusaba. ‘En cuanto lleguemos a la agencia, le informan’.

Esto me lo dijo otro oficial, de quien no pude obtener su nombre. Por el tono y lenguaje corporal de los tres elementos de seguridad en nuestra patrulla, deduje que era de mayor jerarquía aunque más joven que los demás.

De repente y casi sin mediar explicación alguna, me dejaron salir. El policía que me acompañó en el trayecto en la cápsula de atrás: pesadilla de claustrofóbicos, me regresó la credencial de elector y las pinzas.

‘Puede irse. No deje de limpiar los postes en esta calle’.

Arrancaron, cada patrulla a su propio destino. En la esquina de la callejuela se veía pintada en la pared, una leyenda:

 

MARCELO -- ¡PORQUE CUMPLE!

 

Me acordé del caso de tres activistas ambientales arrestados durante la Cumbre de Alcaldes. Ahí también las autoridades se excedieron, tratando de que nadie le hiciera sombra a Marcelo Ebrard en su evento.

Repartían volantes contra la Supervía, en área confinada. No estorbaban tráfico, ni bloqueaban a nadie.

Los acusaron de ‘falsificación de documentos del gobierno’. Alguien del GDF les dio gafetes para que ingresaran al Teatro Metropolitan, donde -en un auditorio semivacío- el Jefe de Gobierno se luciría exaltando las virtudes de su ciudad durante su gestión  Adentro del recinto los esperaban judiciales de la PGJ quienes los metieron a una patrulla de la Procuraduría local.

Antes de enviarlos al MP de la Delegación Cuauhtémoc, permanecieron incomunicados en la patrulla estacionada en un garage. Después, veladas amenazas cuando fueron remitidos a la agencia. Horas inciertas, que acabaron en guión de Juan Orol. ‘Bajo ningún motivo regresen al evento de mañana. Si no se presentan, Ebrard retira los cargos contra ustedes’.

Al día siguiente, el entonces procurador del DF Miguel Mancera: hoy precandidato del PRD a suceder a Ebrard, declaró ante medios que la actuación de sus agentes y el Ministerio Público había sido ‘impecable’.

Para el virrey y su corte que actualmente gobiernan la Ciudad de México, los ciudadanos libres: desvinculados de clientelas políticas, somos irrelevantes: el Enemigo Público #1. ‘Revoltosos’.

Cuando dejaron ir a los activistas el año pasado, la explicación que dio la autoridad fue la siguiente: ‘Órdenes de arriba’

No nos van a intimidar. Faltan por seguir visitando todas las delegaciones del Distrito Federal.

La patrulla que me llevó rumbo al MP, dejándome a medio camino, es la P 92-30. Los tres policías se apellidan Mora, Domínguez y Galván.

La unidad que se emparejó a ésta, es la P 92-35.

Haz Ciudad. @QuitaunAnuncio.

 

O mejor aún. Muchos.

 

 

 

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