Daniel Gershenson

Entropista

Perfil Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según algun@s, se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC.

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Sheriff

 

Alguien propuso casi al principio de la jornada: en Los Ángeles, que Sicilia lo fuera a ver durante el trayecto en Phoenix. Llegamos a esa ciudad, y se hacían preparativos para ir hacia Tucson, Arizona. La Caravana se detuvo frente a la prisión ‘Estrella’ -así se llama, en castellano- en el condado de Maricopa (del que el sheriff Joseph Arpaio ha sido jefe de policía desde 1992). Una pequeña comisión del Movimiento por la Paz había sido testigo de un desfile de presos: todos anglos y con uniforme impecable, que esa mañana habían sido exhibidos como ejemplo del sistema que instituyó este antiquísimo funcionario federal: jubilado en 1992, desde entonces sheriff y estrella de medios como Fox News, en las prisiones de Phoenix y que incluía el habilitamiento de carpas al aire libre con disfraces a rayas y camisetas color rosa para los migrantes apretujados que purgan diversas condenas en el lugar.

 

Caravana por la Paz, frente al penal.

Afuera del penal se congregaron los familiares con la Paloma de la Paz y sus mantas, cartulinas, letreros y banderas. Algunos oficiales salieron a inquirir qué era lo que deseaban bajo el sol que caía a plomo: sin brisa alguna y que taladraba nuestras cabezas.

 

Parafernalia arpayasa y bélica.

 

Llegamos a un sitio alucinante, donde se encontraba la inmensa plataforma donde podía verse la tanqueta que invitaba a sumarse a la Guerra contra las Drogas que emprendía Arpaio, así como un Centro de Mando y demás parafernalia.
“Vamos a pedir una cita con él”.

 

La antesala.

 

Y ya estaba un grupo de integrantes de la Caravana afuera de sus oficinas.

 

El ninguneo.

Un oficial de aspecto latino salió de las puertas reforzadas, y se negó a devolver el saludo de Sicilia. Lo vio con infinito desprecio, y hasta lo empujó para abrirse paso al elevador entre el enjambre de medios que acompañaban al poeta.
Contra todos los pronósticos, nos dejaron pasar.

 

Esperando a Arpaio.

 

La reunión duró casi una hora completa.

 

El saludo.

Arpaio estuvo a punto de darla por terminada cuando arremetió contra la intérprete por ofensas asumidas, y después de reconvenir a un activista que portaba en su camiseta frases en contra suya.

 

La discusión.

 

 

Despedida.

 

Es demasiado tentador equiparar a Arpaio con Genaro García Luna, por ejemplo. Ver en su disneylandia bélica con certidumbres acorazadas y cañones que ostentan con su nombre y el conflicto que lo define la misma entraña autoritaria, y eminentemente mediática.
Lo cierto es que no podemos acostumbrarnos a esta realidad de fantasía.

 

La encontramos también en Albuquerque, con el vendedor de armas que citó sin chistar a Gandhi; cuando visitamos -también de improviso- un mercado o feria de pistolas, rifles y otras armas de destrucción masiva. El sentido de desconexión es el mismo: Arpaio se limita a ocultar sus prejuicios bajo el manto de la Ley y la Constitución que dice defender de los malos, y en nuestro país todos invocan su imperio.

 

Desconcertaría aún más, si no viniéramos de México: donde la Gran Simulación es nuestra especialidad.
El show no nos es tan ajeno. Piénsese en Calderón enfundado en uniforme militar verde olivo con kepis destallado sobre su cabeza.
La Caravana sigue. Aquí la charla de Sicilia con Arpaio, en nueve entregas cortesía YouTube.

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