Daniel Gershenson

Entropista

Perfil Me llamo Daniel Gershenson. A falta de un término más exacto, podría decirse que soy emprendedor social. Me dedico a temas que hasta hace poco: antes del advenimiento de las redes sociales según algun@s, se consideraban ociosos. Presido dos ONG sin fines de lucro desde mediados del 2006: ALCONSUMIDOR, y ALARBO, AC.

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Whistleblowers

Ya arrancó, en medio de la euforia y panoplias que acompañan las tomas de posesión en Washington, la segunda mitad del gobierno de Barack Obama. El primer presidente de origen afroamericano tiene frente a sí muchos temas de urgente resolución. Una reforma migratoria ante el seguro torpedeo de amplios sectores republicanos, acaso el más visible para nosotros.

Es destacable que en ciertos ámbitos de la vida pública exista notoria continuidad con las políticas de su predecesor, a pesar de haberse desmarcado de sus excesos cuando era candidato (dijo que su administración sería ‘la más transparente de todas’, pero viola por sistema sus propios ordenamientos). La opacidad ha seguido siendo norma y el acoso a todos aquellos que ventilan a los medios los abusos relacionados con la guerra sin fin en la que se embarca el gobierno, una constante.

El Whistleblower: término que parece haber sido acuñado por el activista por los derechos de consumidores y ex candidato presidencial Ralph Nader, exhibe -desde adentro, con información recabada por los miembros de empresas y/o entidades de gobierno- los resortes ocultos de un sistema diseñado para no rendir cuentas ni ofrecer explicaciones al común de los mortales. En la historia contemporánea de los Estados Unidos cuenta con varios ejemplos paradigmáticos, y es de lamentar que Obama se haya encargado de perseguir y acosar al mayor número de sujetos que se niegan a creer que la ropa sucia se lava en casa burocrática, con vías jurídicas draconianas.

En su vertiente que busca establecer contrapesos a los atropellos e injusticias institucionales desde adentro del sistema, y la corrupción consuetudinaria de mandos gubernamentales y privados, casos como el de Daniel Ellsberg y los Papeles del Pentágono en 1971 son emblemáticos.

Ellsberg. Antes paria, hoy un héroe ciudadano

Ellsberg. Antes paria, hoy un héroe ciudadano

Ellsberg fue investigador en la corporación RAND y analista del Departamento de Defensa bajo las órdenes de Robert McNamara durante la guerra de Vietnam. Su creciente desilusión ante ese conflicto bélico, y las mentiras diseminadas por el gobierno a medios y opinión pública, lo orillaron (gracias al acceso privilegiado que tenía) a distribuir esos documentos a organizaciones civiles y periódicos como el New York Times y el Washington Post. El escándalo fue mayúsculo e involucró a las administraciones de Kennedy, Johnson y Nixon que sabían que sería imposible ganar esa guerra desastrosa. Ante la posibilidad de contener mayores ‘filtraciones’ de alto impacto, la Casa Blanca de Nixon conformó a los Plumbers, quienes al allanar las oficinas del partido demócrata en el edificio Watergate provocaron la renuncia del entonces presidente de los Estados Unidos en 1974 (desenlace al que contribuyeron los aportes informativos del más famoso whistleblower del siglo pasado: Mark Felt, mejor conocido como Deep Throat ).

Felt. La fuente de Woodward y Bernstein que tundió a todos los hombres del presidente

Felt. La fuente de Woodward y Bernstein que tundió a todos los hombres del presidente

Más recientemente, el caso del soldado Bradley Manning: acusado de compartir información clasificada sobre los conflictos en Irak, Afganistán, cables diplomáticos de innumerables embajadas de los Estados Unidos con Wikileaks; actualmente esperando ser sometido a corte marcial en prisión, y sujeto a tortura física y sicológica durante su cautiverio, juega un papel importante en la obtención de datos fundamentales –que no afectan la seguridad de su nación, como quedó acreditado por autoridades federales- para medir qué tanto se aleja la política exterior norteamericana de sus compromisos discursivos.

Manning. La Verdad contra el Poder.

Manning. La Verdad contra el Poder.

En el mismo tenor el ex cuadro de la CIA, John Kiriakou, quien exhibió la tortura sistémica de la Agencia -promovida desde las más altas esferas del Poder Ejecutivo con George Bush- demuestra el escaso interés real con la transparencia y exigibilidad del actual gobierno norteamericano. Purga una condena en prisión, por haber hecho lo correcto.

Kiriakou. Preso de conciencia.

Kiriakou. Preso de conciencia.

La guerra a los whistleblowers emprendida por el sector de inteligencia de ese país, a pesar de las reformas legislativas que fueron aprobadas precisamente para evitar que la Presidencia Imperial avasallara a los otros poderes en los años setenta, es una realidad insoslayable.

La administración de Barack Obama ha emprendido campañas excesivamente agresivas para evitar que se divulguen datos que la incomoden ante la opinión pública y disuadan a quienes se arriesguen a divulgarlos. No así, evitando filtraciones que le convengan a medios dispuestos a publicarlas.

En la esfera empresarial, las y los whistleblowers también son imprescindibles. El reciente escándalo de dopaje de Lance Armstrong  -que no se hubiera esclarecido sin el papel crucial que jugaron su masajista; la esposa de su mejor amigo y compañero de equipo, y un ciclista francés que vio truncada su carrera por su honestidad- merece, junto con otros de similar especie, entrega aparte.

Estos personajes hicieron lo correcto. Sus émulos verán cada vez más difícil, a pesar de leyes promulgadas por Obama, que se protejan adecuadamente sus esfuerzos. Escasearán los que detecten anomalías, y quieran hacer algo al respecto.

¿Qué pasará en México con nuestros potenciales whistleblowers, ahora que el calderonista a ultranza Gerardo Laveaga preside el IFAI ?

 

 

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