Trump, carnicero americano

La paranoia, el odio y el miedo al prójimo es el estilo imperante en todos los niveles de gobierno controlados por el Partido Republicano bajo la férula de Donald Trump.

Ser el único Survivor en la humeante y apocalíptica Jungla del concreto. Tirar a la basura los preceptos de la Constitución, y el Bill of Rights.

Eso es lo único que importa en la Era Trump, a pesar de que su reputación como Dealmaker y negociador nato sufre abolladuras tempranas; el eje sigue siendo el rating, la mentira sistemática, y el nivel que pueda imprimirle al culto de su peculiar personalidad (más grande –de acuerdo a sus seguidores, socios y familia- que la vida misma)… y el impacto exponencial de sus berrinches en redes sociales.

Un sitio para intentar entender al fenómeno podría ser The Apprentice: el verdadero prólogo de su candidatura, y presidencia.

‘Mi nombre es Donald Trump…’ Teaser de la primera temporada de El Aprendiz, eventual trampolín a la Casa Blanca.

Para los conocedores, fans y curiosos que deseen anticipar sus políticas públicas: la segunda temporada de El Aprendiz, condensada en diez módicos minutos.

 

Sus mejores ceses.

 

Otro capítulo: génesis de una presidencia. El Aprendiz de Trump, en su versión para ‘celebridades’. Aquí el actual jefe del Ejecutivo Trump corre a tres de ellas, simultáneamente.

Es mucho más útil, para dar seguimiento a su nueva carrera, rastrear sus pininos en el entorno de la Reality Television que lo convirtió en objeto de burlas y adoración por partes iguales. 

Olvidémonos de los estándares y antecedentes políticos. Como ya ocurrió en la Italia inaugurada por el magnate de medios (y depredador inmobiliario como Trump, en sus inicios milaneses) Silvio Berlusconi, con sus programas de la televisión y el talk show encabezado por él mismo para lanzar su carrera hacia el estrellato, que fue más duradero que el de cualquier otro Primer Ministro de ese país tras la irrupción del Duce, con una trayectoria superior a los veinte años en una oportunidad inicial (1922-43), sumado al liderazgo de la ‘República Social Italiana’ de septiembre 1943 hasta abril del cuarenta y cinco, Trump apalancó su ubicuidad mediatica para ofrecerse, en 2015, como el único garante de cambios posibles.

Forza Italia, programa y partido político que catapultó, desde la tele, la candidatura de Berlusconi en los años noventa.

El Showman Berlusconi, y el logo de su agencia electoral Forza Italia. Foto: vía IBTimes

Drumpf y sus tentativas demagógicas por ‘devolver la grandeza de América’, antes de ganar las elecciones. Foto: vía The Forward

Por las venas de la América corporatizada de Trump y sus epígonos de la derecha alternativa, corre savia paranoide. La carnicería debe terminar cuando el cuerpo social multimillonario, blanco y anglosajón recobre su libertad, pureza y el disfrute pleno (en palabras del General Jack D. Ripper, interpretado por Sterling Hayden en Dr. Insólito, o como aprendí a despreocuparme y amar la Bomba, de Stanley Kubrick) de nuestros preciosos fluidos corporales.

Dr. Strangelove y la ‘conspiración’ fluoratoria para purificar el agua. Peter Sellers trata de convencer a Sterling Hayden que detenga el vuelo del bombardero cuya tripulación piensa que el gobierno americano autorizó un ataque nuclear. ¿Pasaría lo mismo en el entorno –ajeno al celuloide; demasiado real, de carne y hueso- trumpiano?

En defensa de los fluidos corporales.

Hayden interpreta al General Jack D. Ripper (sic), que hace mancuerna con George C. Scott (General Buck Turgidson) para justificar un ataque que derivará, al final de la película de Kubrick, en la destrucción total del planeta. Foto: via Gamespot

No digo que [las millones de muertes, en caso de un inminente ataque nuclear soviético a los Estados Unidos], no nos vayan a despeinar el cabello…’. Scott/Turgidson, en el Cuarto de Guerra.

Getty Images

La feroz sátira se inspiró en la figura del general demente Curtis Emerson LeMay (1906-90), un defensor a ultranza de la doctrina MAD (Destrucción Masiva Asegurada, por su acepción e iniciales en inglés).

Aquí LeMay, en el retiro, conduce un Go-cart. Foto: vía Smith & Wesson Forum

El ideólogo y estratega militar Curtis LeMay fue director del Comando Estratégico del Aire; también y por añadidura, el rupestre representante del anticomunismo más redomado y suicida para la humanidad. Durante la Crisis Cubana de los Misiles sugirió al entonces presidente Kennedy atacar a ese país con ojivas nucleares (consejo similar al de Douglas MacArthur, quien conminó en ese mismo sentido al presidente Truman, durante el conflicto coreano en los años cincuenta, o al de Barry Goldwater (1909-98), fallido candidato republicano a la presidencia en 1964, para ‘resolver’ la guerra de Vietnam ‘afectando la infraestructura del enemigo’), ‘de efectos limitados’.

Su heredero directo es el general islamofóbico Michael Flynn, efímero responsable de Seguridad Nacional.

Y lo es de ribete Trump, quien confesó -durante la pasada campaña electoral a la presidencia- que sería un líder ‘impredecible’ (apelativo que incluiría considerar seriamente el uso ‘limitado’ de armas nucleares para ‘apaciguar’ a ISIS, o en algún lugar de Europa de acuerdo a las circunstancias).

Vía ABC News

En evento de campaña, el hoy autoproclamado ‘Líder del Mundo Libre’ Trump se hace acompañar del exgeneral Michael Flynn, exconsejero de Seguridad Nacional (y agente pagado de relaciones públicas de causas prorusas y turcas), que consideraba al Islam en su conjunto como algo semejante a un ‘cáncer’.

Trump y Flynn son apenas la punta del iceberg. Bajo su amplia sombra prosperan caricaturas grotescas que hoy son próceres de la Posverdad: Bannon, Kellyanne Conway y otros herederos de la Escuela que esbozó el científico político Richard Hofstader en su ensayo El Estilo Paranoide en la Política Americana, publicado en la revista Harper’s justo cuando Goldwater y sus huestes se apoderaban (como ocurrió con el reaccionario Reagan dieciséis años más tarde, o recién ahora con el mediático orate Trump) del GOP en 1964.

Philip Roth, eterno candidato al Nobel de Literatura y autor –entre otros grandes libros- de The Plot against America, ejercicio de la imaginación que plantea realidades alternativos ancladas en un gobierno encabezado por el ficticio presidente Charles Lindbergh (héroe de la aviación civil, que realizó en 1927, del 20 al 21 de mayo -de Roosevelt Field en Long Island Nueva York hasta el aeródromo Le Bourget, en París- el primer viaje transatlántico; germanófilo adorador de Hitler y Mussolini; líder aislacionista del America First Committee que abogaba por la no intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial; popularizador del lema America First que tanto contribuyó a la victoria sorprendente de Drumpf en noviembre de 2016; yerno de Dwight Morrow, embajador norteamericano en México que pactó una tregua diplomática con Plutarco Elías Calles, y la resolución parcial del conflicto cristero) boceta así la administración de Trump hoy en curso, y la personalidad del presidente norteamericano:

Encontré muchos elementos dignos de alarma durante las gestiones de Richard Nixon y George W. Bush. Sin embargo, cualquiera que hayan sido sus taras de carácter o intelecto, ninguno de los dos compartía la miseria humana de Trump, sujeto ignorante de las formas de gobierno, o de la historia, o de la ciencia, o de la filosofía, o del arte; alguien totalmente incapaz de expresar o reconocer las sutilezas, ayuno de cualquier manifestación de la decencia, que esgrime un vocabulario total de setenta y siete palabras….

La paranoia, el odio y el miedo al prójimo se convierten en constantes y estilos imperantes de Casa (Blanca), en todos los niveles de gobierno controlados por el Partido Republicano bajo la férula de Donald Trump.

Con una oposición domesticada, torpe y timorata, que ganó por default la primera batalla legislativa importante del Trompiato: a saber, el intento de reformas salvajes al sistema de salud aprobado en 2010 por el presidente Obama, y que se consiguió mediante la aparente implosión (que, uno espera, sea permanente) del otrora trabuco electoral republicano, el futuro se mantiene incierto.

Reverenda insensatez. El cambio climático como ardid o treta comercial de la República Popular China. Tomado de la cuenta personal de Donald. Vía TW

Trump/Mushroom Cloud. Diseño de Elise Swain para The Intercept

 Y la sevicia del presidente Drumpf: Carnicero Americano, rampante.

 

@alconsumidor

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