Pence y su Ku Klux Klan Institucionalizado

Hoy los sótanos ideológicos del fenómeno Trump y su ‘nacionalismo económico’ (o lo que ello signifique) intentan reivindicar las cruces en llamas y los linchamientos.

Pence y Trump. Mancuerna infernal. Foto vía The New Yorker

Si como reza el dicho, el pasado es prólogo y, en palabras que tomo prestadas de un célebre escritor del sur de Estados Unidos: ni siquiera es pasado, entonces sirve -para propósitos de adivinar el futuro del Trumpismo- un repaso a la trayectoria del vicepresidente, y de la entidad de donde él proviene.

El funcionario que –como pasó con el siniestro Dick Cheney durante toda la gestión de George W. Bush, de 2001 al 08- hoy se encuentra ‘a un latido de corazón’ del impulsivo párvulo de 70 años de edad que despacha en la Oficina Blanca es un Hoosier (pronunciado júshier, palabra cuyo origen más aparente es el vocablo hoosa y que es nombre -que le daban los naturales del lugar- a las mazorcas de maíz, en voz de los pueblos originarios- mucho antes de la llegada de los Peregrinos en el siglo diecisiete a la costa del Atlántico). El es oriundo de esa entidad, antes Territorio, que fue incorporada formalmente a los Estados Unidos en 1816, y que formó parte de la Unión presidida por Abraham Lincoln, vencedora del Ejército Confederado, pero con presencia nutrida de simpatizantes sureños durante el conflicto de 1861-65. Ha sido congresista y gobernador. Quiso ser precandidato republicano a la presidencia en 2016, pero era un desconocido y prefirió apoyar a otras formulas.

Por lo menos dos ocurrencias del fanático religioso y homófobo Pence (hijo predilecto de Columbus, Indiana; nacido en 1959), quien en caso de falta grave, Impeachment o traición trumpiana a la patria llegaría a ocupar el lugar del magnate (escenario que no chocaría con las pretensiones del Tea Party).

En 2012, en una sesión privada del Congreso, equiparó la sentencia de la Suprema Corte a favor de las reformas de salud promovidas por Obama a los ataques terroristas del once de septiembre de 2001. Ya como gobernador de su estado impulsó una ley de ‘Restauración de la Libertad Religiosa’ (pantalla legislativa, según muchos críticos, que fue creada para discriminar a la comunidad LGBT).

Un dato poco conocido, incluso en la Unión Americana, es que el Ku Klux Klan prosperó, como en casi ningún otro lugar, en tierra Hoosier de Mike Pence.

Vía Pinterest

Esto se debió a un personaje siniestro de la historia norteamericana de la infamia. David Curtis (D.C.) Stephenson (1891-1988) llegó a la cúspide del escalafón de la Triple K. Eso le permitió convertirse en Hombre Indispensable de la administración estatal de Indiana, hace noveintaitantos años. Fue, también, un sádico asesino: el de la joven llamada Madge Oberholtzer (1896-1925).

Portal Supercurioso.com

La proyección -a partir de 1915- de Nacimiento de una Nación, filme racista de DW Griffith, aunado a la recomendación entusiasta del presidente Woodrow Wilson, ocasionó que mucha gente se uniera al KKK.

El Klan, ‘club social’ [sic] en sus orígenes, fue y es un avatar terrorista autóctono -símbolo vergonzoso de la supremacía blanca, con su complemento de rituales, disfraces, ceremonias y jerarquías- y lleva por nombre oficial una triple K mayúscula. Surge a partir de la derrota sureña en la Guerra de Secesión. Su origen parece combinar vocablos griegos, con delirios seudo celtas adaptados al terruño del resentimiento anglosajón ante la derrota provisional del esclavismo. O puede este título (según Arthur Conan Doyle, en uno de sus cuentos), ser algo tan prosaico como la transcripción onomatopéyica del sonido que hace un arma al momento de ser recargada.

La historia del Klan en Indiana durante la época del hampón (emanado de la Klaverna de Evansville) DC Stephenson conlleva una descripción de su mandato que bien podría trasladarse al perfil del actual Duce gringo que, para desgracia del mundo, hoy ocupa -con su círculo familiar, y la banda de delincuentes de cuello blanco que lo sigue y emula- la Casa Blanca, el centro de operaciones de Trump Tower y la guarida alterna de Mar-a-Lago.

Así describe al caudillo de Indiana un historiador, académico emérito de la Universidad de ese estado y especialista en el tema. Cualquier similitud con Trump no es descabellada.

Fue un vendedor sin núcleo moral o ético, pero asismismo un excelente vendedor de su producto … era ampuloso y autoritario; su actituda fue la de proclamar, ‘Yo soy la Ley en Indiana’. Fundó una muy exitosa organización empresarial, que era en lo que se convirtió el Klan bajo su mando’.

Los antecedentes políticos de Indiana en ese retazo del siglo veinte no son halagüeños. Como fue el caso en varias entidades del sur, los jefes del Ejecutivo rindieron pleitesía a la triple K: sus linchamientos de afroamericanos. Las cruces en llamas. El aplastamiento de los derechos civiles de minorías ‘incómodas’, y la imposibilidad de tener acceso a bienes y servicios fundamentales.

Otra valiosa fuente aclara la importancia de la Triple K en el entorno social, económico y politico de Indiana en la década de los años veinte.

No era el mismo Klan en abierta oposición a la Reconstrucción (programa de los Republicanos que buscaba dar oportunidades y protección igualitaria ante la ley a los esclavos recién liberados), y que tuvo sus orígenes al terminar la Guerra Civil. Esa organización desapareció en los años setenta del siglo XIX, cuando el presidente Ulysses S. Grant convenció al Congreso para que éste aprobara leyes aboliéndolo, por ser una organización terrorista ()

Esta segunda encarnación tuvo sus inicios en el Sur a principios del siglo XX. Muy pronto pudo extenderse a la región central de los Estados Unidos, y proclamaba el imperio del patrioterismo, la Prohibición de bebidas alcohólicas y los valores cristianos. También pregonaba la exclusión de migrantes, negros, judíos y católicos (…)

Un tejano que coqueteó brevemente con el socialismo [como Mussolini, por cierto – DG] Stephenson se fue a vivir a Indianna en 1920 para trabajar en una empresa de carbón. Fue candidato fallido del Partido Demócrata al Congreso en 1922; más tarde, comenzó a involucrarse en esfuerzos de reclutamiento del Klan.

Su ascenso meteórico lo llevó a Indianápolis, donde fungió como Gran Dragón, asumiendo ese puesto ante cien mil miembros del Klan y sus familias el 4 de Julio [aniversario de la independencia de los Estados Unidos — DG] de 1923. Meses después, rompió con la organización nacional y formó un grupo rival del KKK.

 En la ciudad capital, Stephenson se esforzó en ejercer su influencia en todos los asuntos estatales. Políticos y funcionarios de ambos partidos se unieron al Klan (…)

En las elecciones federales de 1924, publicó listas de candidatos preferidos, anotando su afiliación religiosa y posturas en temas clave. Stephenson apoyó la candidatura exitosa del republicano Edward L. Jackson, y fue invitado a la gala inaugural (…)

El titiritero y demagogo tejano impuso con facilidad al gobernador de Indiana, el trigésimo segundo en su historia (Pence fue el número 50).

Sólo lo hundió el haber perpetrado uno de los crímenes más repugnantes de esa época. Compulsivo depredador sexual, DC Stephenson violó, torturó y ocasionó la muerte de Madge Oberholtzer, una empleada del estado ultimada por él en connivencia con sus secuaces. Antes de morir, ella pudo informar de su calvario y acusar al Jefe Nato del KKK.

Se soltó la libido enfermiza de Stephenson. Hizo traer a Oberholtzer, obligándola a beber licor con él. Se la llevó a bordo de un tren y la violó en repetidas ocasiones. [Aquí una descripción, para quien tenga estómago de leerlas, con un recuento de las atrocidades padecidas por la víctima de Stephenson – DG].

Aprovechando un descuido de Stephenson, y de sus asistentes y guardaespaldas, Oberholtzer intentó quitarse la vida ingiriendo mercurio; únicamente así lograría lavar la afrenta, salvar el honor de su familia y evitar que sus parientes padecieran humillaciones futuras.

Indianapolis Star

No logró su cometido. Al percatarse el homicida que ella agonizaba, no solicitó auxilio medico: esperó que los efectos del tóxico en el cuerpo de la joven terminaran por ocasionar su muerte. Sin embargo, ella pudo sobrevivir el tiempo suficiente como para aportar un testimonio estremecedor que lo envió eventualmente a la cárcel.

El gobernador Ed Jackson. Vía Historic Indianapolis.

Madge Oberholtzer destruyó a Stephenson dando un recuento completo en su lecho de muerte. Murió 17 días después del ataque brutal. El 11 de septiembre de 1925 la corte lo encontró culpable de violación asesinato en segundo grado. El gobernador Jackson, a quien había ayudado el charlatán, no metió mano por él.

Es entonces que Stephenson vomitó a la prensa todas las barbaridades que eran de su conocimiento. Jackson fue acusado de soborno; el alcalde de Indianápolis fue a parar tras las rejas, y la corrupción de los miembros del KKK.

Visión panorámica. Caligrafía del totalitarismo; atrás, el Capitolio. Mashable

 Unas veinte mil personas marcharon por la avenida Pennsylvania de la capital de los Estados Unidos, el 8 de agosto de 1925.

Mashable, otra vez. Así se vio el desfile, desde la calle.

El KKK tuvo una desbandada que duró varios años.

Volvió por sus fueros, después. Si bien es cierto que sus filas están menguadas, el Kukluxklanismo pervive en aspectos preocupantes, y se amolda a los cambios en los corredores del poder.

Y ahora, el torcido espíritu de la triple K, el Mal radical que representa ocupa (quizá como nunca antes en su historia) sitios centrales en la discusión y política públicas que eran inconcebibles hace apenas unos meses; si acaso, dos años.

***

La crónica no termina con el arresto de DC Stephenson (dueño de Indiana a sus escasos treinta y tres años): el brutal homicida de la empleada del estado Madge Oberholtzer, de veintinueve.

Fue sentenciado a cadena perpetua, aunque obtuvo su libertad condicional un cuarto de siglo después del asesinato. No tardó mucho Stephenson en violar los términos de la misma. Fue recapturado en Minnesota, y sentenciado diez años de cárcel en 1951. En 1956 salió en definitiva de la cárcel. Se avecindó en el pueblo de Jonesboro, Tennessee, donde contrajo nupcias dos veces. A los setenta años, se le acusó de asaltar sexualmente a una menor de edad; pagó una fianza de trescientos dólares. La causa no prosperó en su contra, por ‘evidencia insuficiente’.

Murió justo antes de cumplir tres cuartos de siglo.

El desprendimiento del KKK alentado por DC Stephenson llegó a tener medio millón de miembros en Indiana, algo así como el treinta por ciento de la población blanca del estado. En su composición participaron profesionistas, líderes religiosos, maestros y por supuesto, políticos de todos los niveles de gobierno. Algo semejante, aunque distinto en sus matices y contextos, sucede ahora en la barcaza Republicana donde mandan extremistas, ecocidas y multimillonarios que abominan de los beneficios del Estado de Bienestar, la Constitución y la Carta de Derechos o Bill of Rights, mientras estos recaigan en los demás. Porque ellos y ellas sí merecen, por decreto cuasi divino y para siempre, todos los privilegios habidos y por haber.

El gobernador KaKaKá Edward L. Jackson finalizó su mandato a pesar de las investigaciones realizadas por el Indianapolis Times (que le valieron al diario un Premio Pulitzer), y que se encargaron de exhibir, con crudeza, la podredumbre generalizada -en todos los sentidos y acepciones- de ese estado. Su proceso judicial por corrupción produjo un hung jury. El jurado no llegó a ningún acuerdo sobre su inocencia o culpabilidad. Ejerció en dos esferas: como abogado, y ganadero. Falleció en Indianápolis a los ochenta años, en 1954.

Recapitulando: hoy los sótanos ideológicos del fenómeno Trump y su ‘nacionalismo económico’ (o lo que ello signifique) intentan reivindicar las cruces en llamas. Los linchamientos. Los sectores de la población invisibles, y permanente amedrentados, el nulo o limitado acceso a servicios, y derechos humanos cercenados por cortesía de aquellos compañeros de viaje o simpatizantes Klanescos de la calaña del procurador de Justicia –orgulloso segregacionista de Alabama- Jeff Sessions. Profesionales de la negación, cobardes simuladores y soldados de una guerra perpetua: Steve Bannon.

Los tiempos cambian. Lo esencial muta, y -en cierto sentido remoto- tiende a permanecer. Hoy el KKK, o una variación similar a la que operó DC Stephenson en contraste con la Casa Matriz, opera en el entorno de la contabilidad anecdótica (de verdadero terror) del Trumpismo.

Trumpence. Rima con ‘ofensa’, en inglés. Logo de campaña vía YouTube

 

 

@alconsumidor

Close
Comentarios