Trump en la cristalería

Los primeros cien días del gobierno de Trump llaman a risa nerviosa, y pavor justificado. Las semanas restantes anticipan escenarios cuasi apocalípticos e imprevisibles.

Hete aquí que Trump y familia se encuentran, a tres meses y pico de gestión, y en palabras del lema-muletilla [¿lemuletilla?] atribuido a la cosecha discursiva de Mark Zuckerberg (amo de Facebook, de treinta y dos años; poseedor de una fortuna que roza los sesenta mil millones de dólares; hasta el momento, y mientras no suceda otra cosa, posible candidato a la presidencia en 2020, o el 24, o el 28, o el 32… Trump ya abrió la caja de Pandora, que posiblemente tarde numerosos ciclos electorales en cerrarse), inmersos en un profundo proceso de ‘destrucción constructiva’, letal y absoluto por naturaleza.

Muévanse rápido y rompan cosas. Si no las rompen, es porque no se mueven lo suficientemente rápido.

Los demás, que poco o nada contamos, somos testigos de la rapiña.

Aunque los números de aceptación de Trump #45 son históricamente bajos, abundan los Troompa Loompas (en el argot modificado de los vasallos de Willy Wonka y su Fábrica de Chocolate, sucursal Casa Blanca).

Llaman a risa nerviosa, y pavor justificado, los primeros cien días de existencia de su gobierno. Las semanas restantes anticipan escenarios cuasi apocalípticos e imprevisibles.

Una tentativa de lo que será la política trumpiana contra las drogas, podría retrotraernos a una joya maldita del cine de culto, rastreable a la década de los treinta del siglo pasado.

Planta del lodazal de la degradación, cuyas raíces se encuentran en el Infierno. Vía Mashable

Video, vía Archive.org del dominio público (aunque existen versiones ‘colorizadas’ en YouTube).

Reefer Madness, de 1936 (título inicial: Díganle a sus Hijos), es una obra cimera del subgénero del Exploitation.

Es una precursora directa del anarquismo y desorden planteados por el estilo Stoner sesentero y setentero que tuvo éxito -en clave de choteo, y mayores presupuestos- debido al aporte de la pareja de cómicos Cheech Marin y Tommy Chong, y que encuentra su mejor exponente en Easy Rider (1969), dirigida por Dennis Hopper -con la participación de Peter Fonda y Jack Nicholson- culminando con El Gran Lebowski (1998), de los hermanos Coen.

La entrada inicial en escena de Reefer Madness es poco auspiciosa (aunque existe una versión contemporánea del bodrio, producida en 2005 para la televisión estadounidense, que supongo habrá corrido mejor suerte).

Se respeta la puntuación original, traduciendo el Prólogo/advertencia:

La película que van ustedes a ver puede asustarlos. No hubiese sido posible, de otro modo, enfatizar lo suficiente el costo tan alto de la amenaza de esta nueva droga que está destruyendo a la juventud de América en proporciones cada vez más alarmantes. 

La mariguana es esta droga –un violento narcótico- un azote indecible. ¡El Verdadero Enemigo Público Número Uno!  

Su primer efecto es el de producir repentinos, incontrolables y violentos ataques de risa; luego sobrevienen alucinaciones peligrosas –el espacio se amplía- el tiempo Its first effect is sudden, uncontrollable, violent laughter; then come dangerous hallucinationsspace expands– la sensación del tiempo se percibe más lenta, y casi se congela … luego vienen las ideas fijas, que conjuran extravagancias monstruosas –seguidas por trastornos emocionales, una incapacidad completa para dirigir los pensamientos, y la pérdida total de la capacidad para resistir las emociones … hasta llegar a la posibilidad de cometer actos de violencia escandalosa … y, a ratos, locura incurable.

No se ha incurrido en equívocos, en la ilustración de sus efectos destructores del alma. A pesar de que, para efectos del relato, las escenas e incidentes sean ficticios, todo se basa en investigaciones reales sobre los resultados de la adicción a la mariguana. Si esta dura realidad les hace pensar, y tomar conciencia de que algo debe hacerse para eliminar esta horrible amenaza, entonces esta película no habrá fallado en su propósito…

Porque la pavorosa mariguana podría dar alcance a su hijo, o hija … o a la suya … o ¡a la SUYA! 

El resto del filme pretende ser un documental y alerta contra el ¡¡Peligro!! ¡¡Inminente!! que encarna (de acuerdo a los productores de la película en comento, y al gobierno, y al FBI embrionario que creó J. Edgar Hoover) este ¡¡Asesino!! de la ¡¡Juventud!! Más peligroso que el opio o la heroína, a juzgar por este delirante ejercicio cinematográfico, realizado en apariencia a favor de comunidad y colmado de ejemplos brillantes de humor involuntario. Con hilarantes casos ‘concretos’ que involucran a corruptores criminales de jóvenes incautos. Dos dealers malandros sonsacan a un jovencito que iba a jugar tenis con una pareja de amigos, y lo introducen a un den of vice. Bajísimo presupuesto. El pianista inhala un churro a escondidas, con funestos resultados. La tentación es grande, y los resultados funestos.

El director de preparatoria Dr. Alfred Carroll (Josef Forte), narra a un grupo de padres los efectos devastadores de la mariguana en adolescentes. En su relato, un proveedor de la droga convence a los hermanos Mary (Dorothy Short) y Jimmy Lane (Warren McCollum), y Bill (Kenneth Craig), el novio de aquella, a que frecuenten su ‘guarida del vicio’. Con el tiempo, Bill y Jimmy fuman la droga, lo que afecta directamente a sus familias y termina en la comisión de crímenes terribles.

1928. Racismo ostentoso; ‘adictos a la carcajada’. Blog High Above Seattle

Transitamos, casi sin parpadear, del norteamericano Ogro Filantrópico (postulado alguna vez por Octavio Paz, para descubrir a la República Imperial Estadounidense, y sus tortuosas relaciones con el mundo, y su vecino del sur en particular) a su versión malandrina bajo el liderazgo del magnate, demagogo y presidente Donald J. Trump.

Jeff y Don. Un peligroso payaso engorretado, y su abominable patiño. Vía blog The KindLand.

Daría risa si no fuera el asunto tan serio: Jeff Sessions, racista Redneck en Jefe que dobletea como titular del departamento federal de Justicia, revela que la guerra contra las drogas seguirá su curso a pesar de los trágicos resultados por [email protected] conocid2s. Lo hará con ánimo revanchista y con renovados bríos e infinitamente mayores recursos: sin haber aquilatado realmente las terribles consecuencias humanas, económicas y sociales derivadas de su declaración bélica. La misma tesitura utilizada por Richard M. Nixon y sus empleados en 1971, a cuarenta y seis años de distancia. O la de los que idearon la demencial cinta en 1936, cuando empezó a proyectarse en pantallas gringas La Locura de la Mota.

 

 

AP Photo / Brynn Anderson.

¿Qué es, a grandes rasgos, y hasta donde pueda entendersele, lo que plantea el déspota Sessions?

… aumentar el procesamiento de delitos relacionados con drogas, la búsqueda de sentencias obligatorias mínimas cada vez más altas, y un enfoque general que se aproxima a las políticas federales antidroga de los años ochenta y noventa.

Guerra sin fin, sin fecha de término o estrategias definidas.

Tal vez la histeria social invocada por Trump, o -en su expresión más descarnada- de los sectores proclives al canto de la desentonada sirena del ‘Movimiento’ que lo llevó a la presidencia, y que él encabeza con singular entusiasmo (de risa loca), terminará por devorar –figurativamente: como Saturno Cronos, dios del tiempo- a sus propios hijos.

Mientras esto sucede (hipótesis por comprobarse) a nosotros nos va a corresponder el papel de [email protected] de sus daños colaterales, mientras transcurre arrollando todo lo que se encuentre a su paso, este pésimo remedo: una película, en vida real, de relleno.

 

@alconsumidor

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