El payaso Trump, siempre al ataque

Las decisiones que toma la élite xenófoba y nativista que se ha hecho con el poder en la Casa Blanca necesariamente repercuten en el menguante circo de tres pistas de Atlacomulco, que intenta blindarse para cuando llegue el inevitable advenimiento del pospeñato.

A más de cien días de existencia, se perfecciona el blanquísimo y muy anglosajón Show de Trump y su circo de pandillas demenciales planteado en un libro de crónicas del periodista de Rolling Stone, Matt Taibbi, con su particular versión del Horrorcore aplicado (sin analgesia alguna; con toda la mala fe del universo) en el ámbito de la vida real.

En una suerte de acto reflejo, como en muy pocas ocasiones durante el pasado inmediato, la telenovela política mexicana se transcribe en el apenas pasable inglés del potentado de Queens: un reflejo paralelo y desfigurado de las leyes que actualmente aplicarán en esa aldea global que hoy se llama Trumpilandia.

Y es así que las decisiones que se toman a la carrera en Mar-a-Lago, búnker y refugio de la élite xenófoba y nativista que se ha hecho con el poder en la Casa Blanca, necesariamente repercuten en el menguante circo de tres pistas de Atlacomulco que intenta blindarse para cuando llegue el inevitable advenimiento del pospeñato.

Mientras esperamos, contra toda lógica (aunque con la inefable certeza de que como #estamosenMX, Tierra de la Excepción Universal que confirma la Regla del Cambio de paradigma, uno democrático y edefinitivo) el ungimiento del priísta Alfreditito del Mazo (tercero de su estirpe; ya habrá tiempo de que su hijo recién nacido intente adueñarse del señorío o Estado de México, allá por el año 2059, siendo Alfredo el Cuarto) y la eventual victoria del candidato peñista por la presidencia en 2018 –con resultados favorables en los feudos del clan Moreira en Coahuila, y del badulaque nayarita Roberto Sandoval- estamos obligados, provisionalmente, a torcer la vista hacia los Estados Unidos y el dominio republicano en las dos Cámaras, la Suprema Corte y el Poder Ejecutivo en manos del orate multimillonario. Una espesa magma del volcán en súbita erupción, y que puede mantener su actividad durante cuatro o hasta ocho años.

En este mismo orden de ideas, tenderíamos a interpretar la osadía de Desiree Fairooz, veterana activista de Codepink: Mujeres por la Paz, que tuvo el atrevimiento de soltar una sonora -y espontánea- carcajada ante el inexistente ‘compromiso por los derechos civiles’ del actual titular del Departamento de Justicia, Jeff Sessions, durante la comparecencia del alabamense en el recinto del Senado como una descarga extra del sheriff recién llegado; ella enfrenta –no es broma pesada o simple chiste, ojalá así lo fuera- mínimo un año de cárcel. ¿Señal inequívoca de los tiempos que vienen a ambos lados del Río Bravo?

Y la Cámara de Representantes aprueba, por escasos tres votos, la destrucción de las reformas al sistema de salud y la imposición de mucho menos impuestos a los sectores más ricos que apoyan, o mínimo, no estorban demasiado, la causa fatídica del magnate inmobiliario.

Vía Wikimedia

 Y Asa Hutchinson, payaso segundón y energumenador del estado de Arkansas hasta 2019; excongresista, administrador de la DEA y subsecretario del Departamento de Seguridad Nacional, planea ejecutar consecutivamente a ocho presos condenados a la pena de muerte en tiempo récord. De inicio su plan contempla la totalidad de inyecciones letales en un plazo de once días: ya han ocurrido cuatro, pero las cortes aplazaron hasta nuevo aviso la mitad restante. Todo un récord, para una entidad (de la que Bill Clinton fue jefe del Ejecutivo, previo a su proyección nacional), y a un país obsesionado con los resultados. ¿Cuál es el alegato de Hutchinson? Sencillo. Que uno de los medicamentos utilizados –mediante engañifas a las farmaceúticas proveedoras- para las ejecuciones está a punto de caducar.

Acoso y venganza de los zombis en los You Es Éy, cuyo eco mexicano son las carpísticas ‘proezas’ de la impune casta politico-empresarial que prospera entre [email protected]: con el sartén por el mango, y (éticamente hablando) en completa bancarrota. Vía sitio Crooks and Liars.

Queda el consuelo relativo de la risa seca, e indignada. Samantha Bee y su Not the Washington Correspondent’s Dinner, simultánea cena espejo de la organizada por ese sector privilegiado de la prensa nacional norteamericana que cubre al presidente en turno, y al que no acudió Trump en su primer año de gobierno. Prefirió ‘baños de pueblo’ con sus electores de Pensilvania.

Para comprender su rechazo, contamos con la prueba y testimonio de la cena convocada por la Fundación Al Smith, organizada por el Arzobispado de Nueva York –junto con la crema y nata de la sociedad neoyorquina- desde 1945, y que en su versión 2016 (un día después del ultimo debate entre Trump y Hillary Clinton), exhibió su nula tolerancia a la crítica. (Algo a lo que ni siquiera fue ajeno George W. Bush).

Otro antecedente. Seth Myers se lanza contra Trump en la Cena de Corresponsales versión 2011. Del orate magnate republicano y sus apoyadores/secuaces surge la especie de que Barack Obama no es ciudadano de EEUU (infundio que proyectó al bufón a las medianas Ligas de ‘presidenciables’, desde que comenzó él a circularlo). Hace seis años, una posible presidencia suya sonaba a alucinación delirante.

Samantha Bee es excorresponsal de The Daily Show (mítico programa conducido por el cómico Jon Stewart) y en la actualidad estrella de Full Frontal. Es la principal organizadora del Not the Washington Correspondent’s Dinner, cuyos fondos recaudados fueron para el Comité para la Protección de Periodistas.

Al programa nocturno de Stephen Colbert, la Comisión Federal de Comunicaciones (encabezada por el sicofante trumpero Ajit Pai) podría imponerle una multa ejemplarizante. El motivo: una referencia, soez y políticamente intolerable para los republicanos (que las redes interpretan incluso en sentido homofóbico) derivada del monólogo inicial de su programa de CBS, que se filmó en el teatro Ed Sullivan de Broadway a principios de mayo. ¿Lo hará la FCC para que estos foros diluyan sus críticas contra las atrocidades drumpfianas, y entiendan entonces los productores y las grandes empresas mediáticas para las cuales trabajan –tildadas por el presidente, en uno de sus habituales arranques de cólera seudo estalinista, como liberales Enemigos del Pueblo– que se vuelve obligatorio atenerse a la voluntad del Duce gringo en los albores borrascosos de su mandato?

El deleznable circo o casa matriz del poseedor de la ‘T’ mayúscula enchapada (y el de sus sucursales e imitadores en México) impone su tóxica marca. No parece existir nada tangible, por el momento, que pueda evitarlo. A ver qué tanto nos afectan los coletazos mortales del payasete naranja y su camarilla, en las elecciones de junio próximo. O peor aún: las cruciales, del año entrante.

 

@alconsumidor

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