Tuitstoria universal del trumpiato

Un libro de reciente aparición compendia los 9 años de vida tuitera de Trump, coronada por la historia de su Iphone y la única app que ha bajado: Twitter.

Cuando a Emmanuel Macron se le agradece profusamente el salir airoso del quite, habiendo contenido con todas sus fuerzas –hasta llegar a una suerte de tregua o empate– el agresivo apretón de manos (‘Momento de la Verdad’: ¿en serio, BBC?) con Donald Trump, o se analiza a conciencia cómo y en qué circunstancias temporo-espaciales fue apartado de su camino el presidente montenegrino, que osó interponerse (sin quererlo) entre el presidente norteamericano y las siempre aduladoras cámaras del divino Narciso (O Kidult King de Queens), a efecto de inmortalizarse en el centro de la foto europea del recuerdo.

Lo que antes era simple anécdota y semi vacilada (como cuando durante el ocaso de su presidencia, Bush padre pierde la compostura –y la comida– rociando al primer ministro japonés en una recepción oficial de 1992, o cuando sin permiso previo Bush hijo coloca sorpresivamente sus toscas manos en los hombros de Angela Merkel, o sus batallas perdidas en China con una puerta que se rehusa a ser abierta por esas mismas y presidenciales manos), bufonadas chuscas –antes, prácticamente nimias; hoy, fundamentales y dignas de sesudos análisis– se torna materia imprescindible de estudio, en la época inaugurada por el Berluscossolini [¿Mussolisconi?] estadounidense.

Destaca entonces, la aparición de un volumen que contiene la retahíla completa de eructos trumpianos en Twitter, desde la inauguración de su cuenta el 4 de mayo de 2009 hasta la despedida el 4 de marzo del año en curso, del universo paralelo de Trump a Arnold Schwarzenegger (el austriaco protoTrump, exgobernador de California y estrella de cine) de la anfitrionía de El Aprendiz, programa que sirvió para catapultar al cuadragésimo quinto presidente a la Casa Blanca.

Vía Amazon

Se llama (por favor no se rían) Cómo Piensa Trump: Sus Tuits y la Irrupción [mejor dicho, nacimiento en el idioma original] de un Nuevo Lenguaje Político. Es lo más cercano a un ‘manifiesto’ o ‘ideario político’ del Timonel u oligarca de la greña naranja, cuyos orígenes se remontan a la recomendación inicial de Peter Costanzo: responsable del Marketing de Piensa como un Campeón, uno de los mamotretos –maquilados en serie, por autores fantasma– que llevan en la portada el nombre de Trump y que salió publicado, precisamente, en el ya lejano 2009.

Vía New York Times

El brevísimo pitch de Costanzo convenció de inmediato al aprendiz neoyorquino del Duce y actual Líder del Mundo Libre, de adoptar –para escarnio/deleite de las masas propias y extrañas– una nueva identidad o handle: un chiste atroz y mal sueño que lo ha llevado, indefectiblemente, a la presidencia de los Estados Unidos.

El principio del Fin. Vía Twitter

La aparición compendiada del desastre trumpista, algo así como el Alfa y Omega digital de su obra, vida y campaña es ofrecido en su totalidad e incluye comentarios exegéticos de cada una de sus expresiones que (de acuerdo a los autores del libro) empezaron a adquirir voz propia a partir de 2011, justo cuando él finalmente adquirió conciencia de que podía competir por la presidencia contra Barack Obama (el presunto extranjero inventado, entre otros, por Trump). Este ímpetu patológico duró cuatro años más, y fructificó en el proyecto que pulverizó las aspiraciones de más de una decena de contrincantes republicanos y después, acabó por despachar a la demócrata Hillary Rodham Clinton en noviembre pasado.

Fin del Principio. Comienza la pesadilla, con todo y error de ortografía. The Hill

Hoy día, cuando no es Trump el que vomita interjecciones y disparates, el funcionario encargado de compartirlos con el mundo entero es su asistente personal y director de Redes Sociales en la Casa Blanca, Dan Scavino. Un trabajo de matonería virtual, parecido al del guarura Keith Schiller (¿el mismo que sacó a empellones y por órdenes de su jefe a Jorge Ramos de una conferencia de prensa, cuando Trump era todavía candidato amateur ?), encargado –en su momento– de llevar personalmente una misiva a las oficinas del FBI para cesar al director James Comey. Porque en el Trumpiato estas ‘molestias’ se componen vía su propia realidad alterna: como si ésta fuese refrito de una delirante y chaférrima trama (blanca, anglosajona y protestante) medio extraída de Los Soprano o El Padrino. ¿Se le ocurrirá mañana al Duce gringo, de persistir e intensificarse las molestias inherentes a las investigaciones en contra suya y de su familia, mandar a Schiller a poner ‘regalos’ ensangrentados bajo las sábanas del lecho de sus enemigos, al estilo de la película legendaria de Francis Coppola?

En resumen: el Peluquín que Tuitea y emisor nato de pueriles mensajes de la cuenta Real Donald Trump (peleado como está, con lo que él debe percibir como Fake Reality, para sus propósitos) confirma con creces y desde 2009 ser el Niñulto patán por excelencia, uno que al día de hoy ha tuiteado aproximadamente 35 mil veces y se considera propietario de una cauda en expansión de casi 30 millones, ochocientos mil fervientes –para él– seguidores. Sigue a escasos cuarenta y cinco (que incluyen las oficiales de sus negocios, la de su hija e esposa, y las de programas de la cadena Fox News), ha favoriteado únicamente 50 tuits ajenos.

El léxico asociado a arroba Real Donald Trump es fiel retrato de la persona que lo encabeza. Peter Osborne y Tom Roberts nos ahorran la penosa tarea de averiguarlo por nuestra cuenta. Ninguna sorpresa: el término de uso más frecuente es Great o Greatest (seguido por Big, Amazing, Nice, The Best, &c.), generalmente acompañado –al cierre clásico de sus tuits– con el tradicional signo de exclamación (!!!!!!!). Los personajes que más lo han ocupado son Obama y su esposa: 2495 veces, de acuerdo a la contabilidad de los autores. Los Clinton ocupan el segundo lugar en sus preferencias. Barron, su hijo más pequeño, apenas amerita dos menciones. No se ha disculpado, en Twitter, una sola vez.

Llegó este fin de semana la noticia de que Drumpf recién cambió de modelo y marca de celular, transitando de la coreana Samsung (cuyo aparato previo era de proveniencia desconocida, en palabras del autor de la primicia) a un Iphone que incluye a Twitter (el arma perfecta del Trumpismo, actualmente en caída libre aunque se ignore la futura trayectoria duración, y eventual desenlace del ‘Movimiento’) como única y solitaria aplicación.

Tenía que ser así. El artífice consumado del Body Slam tuitero va a seguir expectorando, en directo, sin que asesores y guarros puedan evitarlo.

Y quedan por delante –en caso de no ser reelecto en los comicios de 2020, y de no ocurrir imprevistos– tres largos años, siete meses y veintitrés días hasta que finalice su mandato.

 

@alconsumidor

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