Pesadilla trumpocalíptica

El show del aprendiz Trump se convierte en una pesadilla. Mientras atestiguamos, a diario, versiones aciagas del Sueñete Perdido.

Gabinete, y ‘literatura’

Vía: Federal Times.

Espontánea lambisconería, cuidadosamente coreografiada. El diabólico Narciso Trump preside junta de su gabinete selecto de robots, en condiciones que no estarían fuera de lugar si se rindiera eterna pleitesía al Querido y Respetado Camarada Kim Jong Un, Líder del Partido de los Trabajadores, Jefe de la Comisión de Asuntos del Estados de la Repúlica Popular Democrática y Comandante Supremo del Ejército Popular: el Amo y Señor de Norcorea. Atrás, sonriente [sin intención de ser demasiado escatológicos, porta una sonrisa de comecacas], el yerno y milusos.

Trump ya iguala, en su particular estimación por supuesto, a Franklin D. Roosevelt. Reitera su condición -patológicamente subjetiva- de salvador nacional y aparente víctima propiciatoria en su teatro. Lo dijo antes, creyéndoselo: nunca en la historia los medios habían atacado tan injustamente a un político como es el caso, según Trump, ahora con él.

Abyecto; bochornoso.

Warhol postuló que a todos nos tocarían nuestro cuarto de hora de fama. Al gabinete de Donald Trump, que el 12 de junio se reunió por primera vez en pleno bajo las órdenes de su jefe en la Casa Blanca, le bastaron cuatro minutos menos.

Pocos golpes a la dignidad fueron tan dañinos para sus menguados bonos (adquiridos pacientemente, a lo largo de los meses y sobre todo desde que el primero fue nombrado Number Two de la fórmula republicana y huelepedos principalísimo ante medios, por su Aprendiz/jefe), como el que autopropinó el vicepresidente/sicofante mayúsculo Mike Pence de Indiana (Servirlo como vicepresidente ha sido el privilegio más grande de mi vida. El presidente está cumpliendo su palabra al pueblo americano), al igual que el vergonzoso y servil Reince Priebus (A nombre del equipo senior que lo rodea, señor presidente, le agradecemos a usted la oportunidad y la bendición que nos ha dado de cumplir con su agenda al pueblo americano), actual responsable del gabinete en su conjunto y ex titular del Grand Ole Party.

¿Qué tal, la secretaria de transporte Elaine Chao, por más señas pareja de Mitch McConnell: WASP y vetusto jefe republicano en el Senado por Kentucky y defensor a ultranza, como su ex compañero en la Cámara Alta de Alabama –hoy procurador en problemas- Jefferson Beauregard Sessions, de los altos ‘valores’ racistas del Sur Profundo norteamericano? Le quiero dar las gracias por poner en movimiento a este país …

Sin que quedase atrás Nikki Haley, ex gobernadora de Carolina del Sur y representante de la ONU: Es un nuevo día en las Naciones Unidas … la gente ya sabe a favor y en contra de qué, se encuentran los Estados Unidos … la comunidad internacional sabe que ya estamos de regreso.

Todo un gabinetazo kafkiano y pavoroso, compuesto por la suma de 20 hombres y cuatro mujeres. 23 son caucásicos, de distintas denominaciones religiosas (con representantes creacionistas y fanáticos del Fin de los Tiempos: ver el médico y ex precandidato Ben Carson, en la cartera de Vivienda y Desarrollo Urbano), y un afroamericano –el susodicho Ben, quien presume, con orgullo mal disimulado, su absoluta ignorancia del puesto que encabeza; algo que en México es costumbre y requisito- para llenar la cuota minoritaria.

Fichitas del estilo del jefes de despacho como Scott Pruitt, desmantelador de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, que niega por completo –por así convenir a los intereses de los que lo colocaron en ese puesto– de la existencia del Calentamiento Global.

Vaya muestra y probada del pan nuestro de cada día.

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Y vaya circo trumpístico. Si no, que lo diga una de sus autoras de cabecera.

¿Reescribiendo las reglas del éxito? Vía: Hollywood Reporter.

Recién publica su más reciente tomo Ivanka Trump, hija predilecta de Our Duce with a human fiace y lideresa del club postizo que apela a liberar las fuerzas de un feminismo empoderado; la cronista de familia, con altas responsabilidades y oficinas adyacentes a la de su padre, atribuye su éxito en los negocios a la vida (conjugable por ella, como si fuera un verbo) y arquitecta (en verbo) su destino de madrempresaria plagiando cachos enteros de libros de autoayuda más conocidos que el de ella (léase, Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva de Stephen Covey), y equipara, al menos en la retórica, su destino al de los esclavos emancipados vía una cita –totalmente inapropiada para sus propósitos- de la escritora afroamericana Toni Morrison, que ganó el premio Nobel de Literatura en 1993. Uno de los capítulos de su collage/obra se intitula, ‘¿Eres esclava, o dueña de tu tiempo?)


Una buena reseña de la ‘ensalada de palabras’ chatarra de Ivanka Trump. Full Frontal, programa satírico que conduce Samantha Bee.

No van a ser sus discursos, órdenes ejecutivas o documentos oficiales (materia de estudio en presidencias anteriores -exceptuando tal vez y por añadidura- la de George W. Bush, poseedor del título de peor presidente contemporáneo hasta la irrupción de Trump en el escenario político estadounidense) lo que pintará de cuerpo entero a su mandato para generaciones futuras, sino los tuits, eructos transformados en política pública y ladrillos escritos por su descendencia.

El evento público condensa la trama bananera del Trumpiato. Sus protagonistas son gesticuladorxs que legitiman, mediante procesos puntuales de humillación colectiva, la impostura generalizada. Son oligarcas que portan su ignorancia como insignia de honor: demoledores, los casos DeVos (multimillonaria hermana del mercenario y delincuente Eric Prince, asesor de Trump en la sombra y fundador de Blackwater, excrescencia monstruosa encargada de seguridad privada en Irak durante el Bushiato, entre otros múltiples atropellos y crímenes de guerra) en Educación, o Mnuchin, hampón-banquero que lidera el departamento del Tesoro, o el ex procurador negacionista de Oklahoma Pruitt en Protección al Medio Ambiente, &c.); patéticos exponentes del servicio publivado (o ¿príblico?), inaugurado por y en el Trumpiato, con sus tóxicos residuos: sus vástagos, equiparables a nuestros mirreyes mexicanos –empezando por los peñitas, romeritodeschampses hasta llegar a los aventajados meades, murats, delmazos: larga lista- en edad de merecer. Algo aplicable a todo el elenco de la farsa en la Unión Americana, que presume pautas emblemáticas de la desigualdad duradera, patriótica y trumpificada. Empleados de la marca de la casa (Blanca), que desde el Poder Ejecutivo ostenta en inmuebles, negocios turbios, voluntades y conciencias la letra ‘T’ en baño pirata de oro.

¿Permanecerá así, en estas condiciones, los cuatro años del horizonte lejano? ¿Los cuatro adicionales, hasta enero de 2025?

¿Deveras nos encontramos ante la consumación del American Dream, del que se jacta (junto con la historia recurrente del Self-Made Man) la mitología fundacional de los Estados Unidos, sucursal Donald J. Trump?

Valiente divertimento, éste que nos obsequia el show del aprendiz Trump. Atestiguamos a diario, versiones aciagas del Sueñete Perdido.

 

[Twitter: @alconsumidor]

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