Nadamburguesas trumpísticas

Expuestos a la gama coreográfica de clichés y neologismos de moda, destaca uno culinario que se refiere a las hipotéticas Nothingburgers (asuntos aparentemente menores y sin importancia, que no ameritan la menor consideración popular).

Hemos sobrevivido casi un semestre del inicio de la era oficial de Trump, con su Antes y Después (que esperamos no acabe sustituyendo el uso corriente de la secular forma común, o cristiana).

Expuestos a la gama coreográfica de clichés y neologismos de moda, destaca uno culinario que se refiere a las hipotéticas Nothingburgers (asuntos aparentemente menores y sin importancia, que no ameritan la menor consideración popular), utilizadas para imponer la posverdad por los esbirros de Donald Trump, y que fue inicialmente acuñado por Louella Parsons, personaje gótico y de esperpento, que encarnó en vida la siniestra columnista de chismes de Hollywood como fiel empleada del emporio periodístico, cuyo dueño (e inspirador directo del protagonista en Ciudadano Kane, de Orson Welles) era el execrable William Randolph Hearst; ella también, ‘líder de opinión´ y muy popular locutora de la radio, en el lejano 1953: justo cuando el tramposo millonetas, estrella de Reality TV, actual chef principal, inverosímil ocupante de la Casa Blanca y beneficiario aventajado de la política-espectáculo (cien por ciento ajena a cualquier consideración relevante) tenía siete años de edad.

Imagen vía Alchetron

Farley Granger (1925-2011).

Vía Pinterest.

Louella Parsons (1881-1972).

Así rastreó CNN los posibles orígenes e historia de la palabreja.

La historia a veces sorprende. El término “nothing burger (o “nothingburger”, en su acepción compuesta) es prácticamente una antigüedad. Su aparece primeriza fue en la década de los años cincuenta, cuando se usó para desestimar a un histrión:

“… sin el auspicio del productor Sam Goldwyn, Granger se hubiese convertido en una nothingburger“, escribió Parsons.

No tardarán nuestros trumpecitos autoctónos y aventajadas en adoptar una tentativa de frase similar, que nos invite –como en el caso de los porristas de Trump- a ir borroneando los gravísimos problemas derivados de la cleptocracia mexicana.

De la selecta cosecha del grupo Atlacomulco, estado de México. “Quienes digan que vivimos en un país que está en crisis, crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes, porque no es lo que está pasando” : Enrique Peña Nieto, marzo de 2017

Que al fin y al cabo no son nada, porque no somos nada.

Las Nothingburger anglosajonas y muletillas similares nacionales engrosan un catálogo de significados, ofuscaciones y claves ocultas aunque abiertas a libre interpretación.

Son productos fast-food, chatarra mental elaborada en cocina inmundas, los McDonalds de la política, con su lema posible: la lluvia de Billones y billones de Nothingburgers servidas, con sus consecuentes efectos deletéreos para la salud física y moral de los habitantes del planeta.

Imagen vía Flickr.

Franquicias tóxicas, aquí y en Trumpilandia. Abandonen toda esperanza, aquellos que entran aquí.

¿Qué representan estas hamburguesas o emparedados intrascendentes y baladíes: hechos de nada pero aderezados con todo? ¿Son únicamente un término surgido del Showbiz, de uso frecuente entre la opinocracia estadounidense en el proceso de justificar los desatinos del presunto CEO de EEUU, su Mafiamilia, el gabinete de lacayos y compañeros indispensables de viaje en su actual estafa: la del reposicionamiento radical de la marca?

No deberían ser comestibles, temas y personajes de desecho. 

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Lo que sí nos acerca a la definición ideal del vocablo, en cuanto a la necesidad de no sobredimensionar los caprichos y pataletas trumpescas, es cuando –en otro contexto- los medios insisten en extraviarse en el delirante protocolo del Saludo Presidencial de Mano, inaugurado por el demagogo y sátrapa de Trump Tower.

Duelo y apretón de manos en París. Macron vs. Trump (en versión gala, a dos de tres caídas y sin límite de tiempo) con sus respectivas esposas

Los autonombrados ‘expertos lectores del lenguaje corporal’ decodifican el evento, como si el encuentro protocolario fuese crónica deportiva, con punteos de jueces calificadores a la usanza de los combates pugilísticos (¿quién ganó el pleito inicial?, ¿cómo le fue a cada uno de ellos en la revancha?), y recuentos de su duración mediante cronómetro embebido en pantalla.

El compendio de interacciones comunicativas entre jefes de Estado ya incluye el habitual abrazo de Narendra Modi, primer ministro de la India durante una visita oficial al magnate de la greña naranja en la sucursal Trump de Washington, Distrito de Columbia.

Foto: AP Foto/Rebecca Blackwell

Sopitas

Uña y mugre. Peña y Javier Duarte. 

En México destacan antecedentes inmediatos, como ‘el inédito apretón de manos’ de Peña, Trudeau y Obama en la ‘cumbre de los tres amigos’, que tuvo lugar en Ottawa, capital de Canadá, en junio de 2016, meses antes del comienzo de la poshistórica Era de Trump.

 

Peña y Videgaray. Nuevo Herald

Peña y Videgaray.

Abundan ejemplos de otras épocas, o del contexto e inmediatez histórica que rodea al ritual correspondiente ante medios gráficos: Nixon vs. Castro en 1959, o Nixon vs. Mao Zedong durante la apertura de relaciones del país americano con la República Popular China en 1972. Una selección de costumbres, previa a los cambios de protocolo operados por Trump en un ‘divertido’ torneo de vencidas instantáneas. Una comparación y contraste con la efusividad ‘cultura’ del Abrazo Institucional Politiquero que dio la pauta, durante muchos años y hasta llegar a nuestros días, de quién subía y quién bajaba en la estimación presidencial.

Revista Proceso.

Peña y Peña. Modalidad autoabrazo.

Son, en todo caso, una radiografía exacta de la revolufia y el presentismo trumpistas que defiende la sagrada familia (y sus aliados locales y en el extranjero), tal y como podrían aplicarse ambos conceptos hoy en la Unión Americana.

Heraldo de Honduras.

Invitado de honor. Trump 2016 en plena exhibición de Body English, con su chalán/asistente/jefe de campaña Peña. Agosto del año pasado en la residencia de Los Pinos.

Hasta en tanto a Donald Trump y al trabuco de Cosa Nostra de Estado que lo acompaña no los derribe el peso de los escándalos que mantienen a su gobierno en vilo, y tenga entonces –por supervivencia, y necesidad- que optar por la renuncia o el ser destituido, seremos espectadores inermes del juego perfeccionado por él y las huestes que lo votaron -bajo sus propias reglas, y en la cancha de su elección, cuando menos hasta enero de 2020.

Preparémonos. Esta dieta por fuerza va a incluir un surtido ilimitado de problemas graves -señalados como simples nothingburgers, con fecha de caducidad indefinida- que son Sandwiches de Realidad: causantes directos de peligrosas indigestiones colectivas. ¿Existirán, en el consabido mercado de las ideas, antiácidos que las combatan?

 

@alconsumidor

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