México y EEUU: dos Absurdistanes

Estamos condenados a apechugar frente a la pandilla delincuencial de Trump y la sucursal capitaneada por Peña y satélites (de todos los colores) en los tres Poderes, las entidades y los municipios, de esta excelsa e insigne República Bananera Mexicana.

Fue durante el exilio en Honduras, donde vivió seis meses a salto de mata y al perpetuo resguardo de acreedores de un banco de Texas que lo acusaban de haber malversado fondos del mismo, que al cuentista norteamericano William Sydney Porter (Greensboro, Carolina del Norte 1862 – Nueva York, NY 1910; mejor conocido por su seudónimo: O. Henry) se le ocurrió acuñar el término república bananera en uno de sus relatos. Se refería el autor, por supuesto, al obsceno control político y social ejercido en esa nación centroamericana, y en otras del continente, por empresas tales como la Tropical Trading and Transport Company, que luego se convirtió en United Fruit, y cuyas competidoras directas United Fruit y Cuyamel Company supieron repartirse mercado e influencia en distintos países de la región, similares al hondureño, hasta bien entrado el siglo veinte.

Foto vía Wikia

Botón de muestra:

En las postrimerías del siglo diecinueve, estas tres compañías dominaban el cultivo, cosecha y exportación de producto; controlaban los caminos, rieles e infraestructura portuaria de Honduras. En los poblados del norte cercanos al Mar Caribe, ese gobierno había cedido a las empresas quinientas hectáreas por kilometro de vía instalada, a pesar de la ausencia de servicios ferroviarios de pasajeros o carga a Tegucigalpa, su ciudad capital. A la United Fruit se le conocía entre la gente como El Pulpo, debido a que su influencia social era tan prevalente como el control que ejercía sobre el transporte, la infraestructura, la política nacional y su violencia ejercida contra los sindicatos.

Estas corporaciones mantuvieron los precios de sus productos bajos, mediante la manipulación legaloide de los ordenamientos locales de uso de suelo; la compra de vastos territorios en el Caribe, el istmo centroamericano y las regiones tropicales de América del Sur, y el empleo de trabajadores desposeídos con salarios de hambre.

Wikipedia

 

En 1912, el mercenario y ‘general’ norteamericano Lee Christmas (1863-1924) organizó un golpe de estado contra el gobierno civil de Miguel R. Dávila en Honduras, con el objetivo de instalar a un régimen militar más abierto a la inversion extranjera. Sam Zemurray, el fundador de la Cuyamel Fruit Company, jugó un papel esencial conspirando con Manuel Bonilla, un expresidente hondureño, para que ambos trabajaran con el ‘soldado de la fortuna’ Christmas en la consecución de estos fines.

El golpe fue consecuencia directa del arreglo que el entonces presidente había fraguado con United Fruit, rival de Cuyamel, para obtener fondos que le hubiesen permitido a Dávila cumplir con obligaciones pendientes de Honduras con el gobierno de los Estados Unidos.

Los déficits financieros heredados, socavaron las bases del gobierno y permitieron que las empresas de fruta controlaran la economía en Honduras por completo. Lee Christmas se convirtió en comandante de su ejército nacional y luego cónsul de la Unión Americana. Zemurray obtuvo el control de su antigua contrincante, la United Fruit Company, en 1933.

El asfixiante monopolio de los colosos agroindustriales derivó en situaciones y escenarios proclives al surgimiento de la escuela Realista Mágica que décadas más tarde arrasó con sus ventas de libros –en idioma original, y múltiples traducciones en infinidad de idiomas- colocando así a la monstruos sagrados latinoamericanos en plano de igualdad con sus similares europeos, gringos y asiáticos.

En otro contexto discursivo, a años luz del Boom, hoy mandan en el principal beneficiario imperial de estos saqueos bananerísticos centroamericanos de antaño, y en el centro de poder de Washington, otra estirpe de criaturas monstruosas.

Son Trump y el veepee Mike Pence, ayuntados con el resto del clan Drumpf, sus esbirros multimillonarios y lacayos racistas del gabinete republicano, mamarrachos de la política, (mal) entendida como Showbiz, Wrestlemania y ciencia política-ficción.

Hoy día la denominación bananera ya rebasó las fronteras de los ejemplos fáciles. El desastre electoral de noviembre pasado en el vecino del Norte la ubica firmemente en la misma columna bajo la cual Honduras o Guatemala (la de antes, sobre todo la que emergió el derrocamiento –con apoyo decidido del gobierno de Dwight Eisenhower- del gobierno democrático de Jacobo Arbenz en 1954; no la que en la actualidad, y no sin múltiples fracturas, busca reconciliarse por fin con la justicia y su historia en mayúsculas) padecen el escarnio internacional.

México no escapa a este apelativo, enumeración o catálogo.

Sólo la Providencia sabe si -en beneficio de incrédulas generaciones futuras, para las cuales esta presidencia de caricatura será sin duda materia digna de la imaginación más delirante- de las cenizas del trompismo estén llamadas a surgir voces de testigos fuertes y autorizados (que serán acaso émulos directos de Del Valle Inclán, Roa Bastos, Asturias, García Márquez o Carpentier), y que logren descifrar el enigma planteado por la presidencia del magnate, sus merolicos y electores incautos que lo han hecho Compadrote -y en su particular estimación, Amo- de la Casa Blanca.


Julio 2016. Un Mago de Oz (de pesadilla) durante la Convención Republicana en Cleveland. Foto: GPB News.

Ahora mismo Trump, como versión actualizada de los oligarcas golpistas de las bananas en Centroamércia y el Caribe, despacha con singular entusiasmo en la Casa Blanca, esmerándose en que cunda el branding o architrumpización desaforada de la marca de la ‘T’ mayúscula dorada (que para el propósito, él cree que ganó las elecciones; digamos que su comprensión de la ética en el servicio público es bastante elástica). Seguirá haciéndolo (si los imprevistos no disponen otra cosa, y habida cuenta de que el personaje carnavalesco y bananero como pocos, mitómano/egocentra patológico bien puede, de acuerdo a su confesión tuitera no pedida, autoexonerarse -en uso de sus atribuciones constitucionales- de cualquier posible pecado, crimen y delito menor federal), cuando menos hasta el 20 enero del lejanísimo 2021.

Y háganle como quieran. Estamos condenados a apechugar frente a la pandilla delincuencial de Trump y la sucursal capitaneada por Peña y satélites (de todos los colores) en los tres Poderes, las entidades y los municipios de esta excelsa e insigne República Bananera Mexicana.

Peña y Plana Mayor, inaugurando el carérrimo ‘circuito’ chatarra que ya le costó la vida a dos personas. Foto: La Unión de Morelos.

Aquí, en terruños del Absurdistán al sur de Trumpilandia, nadie podrá salvarnos de futuras acometidas y socavones recetados por el zarecito de Atlacomulco y sus boyardos (compinches multipartido), en las Iniciativas Pública y Privada.

 

@alconsumidor

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