Insensatez glorificada

¿Se acuerdan del falso traductor de lengua en signos que hizo el ridículo durante las exequias de Nelson Mandela, hace casi tres años? Pues hagan de cuenta que eso es Trump, pero con todo el dinero del mundo a su favor y acceso directo a los códigos nucleares de la mayor potencia en el planeta.

Se extingue agosto, el de la masacre de San Fernando y Casino Royale. En unos días, mes patrio de Iguala y, desde 2014, Ayotzinapa: tres años cumplidos. Nos siguen haciendo falta cuarenta y tres jóvenes normalistas.

 

Ya no es novedad. La pasada ha sido una semana repleta de vertederos de noticias que ya son parte integral (el Modus Operandi) del Shitnami trumpestre. El indulto al deleznable racista, excherife Joe Arpaio del condado de Maricopa, en Arizona, antes de ser sentenciado siquiera por desacato; la prohibición oficial de soldados transgénero en la fuerzas armadas, y el cese (o renuncia voluntaria) de Seb Gorka, opinador/bufón repugnante, fascista y pendenciero –con doctorado incluido- que formaba parte del gabinete de cocina de Steve Bannon (hoy en retirada estratégica), son los tres últimos bultos -cuya divulgación coincide con los estragos de la tormenta Harvey- que rellenan la hondonada de cascajo en que se ha convertido el mandato del presidente del bisoñé naranja.


Vetustos y perniciosos: Trump y el Sheriff Joe Arpaio en campaña, Dr. Evil y Mini Me. Foto UPI.

Los motivos operantes de esta gestión desastrosa son un híbrido de telenovela (género que conocemos bien en México, con el culebrón peñanietístico), combinado con el reality del que Trump se benefició hasta llegar al pináculo del poder en la Casa Blanca.

El de Queens, Twitter President, es una suerte de Quinto Jinete, Cowboy o –dados sus orígenes familiares e inmobiliarios- Bulldozer del Apocalipsis.

¿Llegará más tarde Mark Zuck, con sus 33 años de edad (casi cuarenta menos que Trump) a serlo, en modalidad Facebook? La culminación de sus ‘retos’, tras correr trescientos sesenta y cinco millas en un años, idear asistentes o mayordomos robóticos para su casa, y aprender mandarín.

AP Photo / Evan Vucci

¿Se acuerdan todavía del falso traductor de lengua en signos que hizo el ridículo, durante las exequias de Nelson Mandela, hace casi tres años? ¿El que fue contratado por el gobierno sudafricano en condiciones muy peculiares, sin conocer el oficio y que quiso justificar su incompetencia alegando que ‘había visto a los ángeles’ mientras accionaba las manos en compañía de Obama, Jacob Zuma y familiares del difunto, entre otros?

Sátira y choteo, vía Saturday Night Live y la revista Time.

Su cuasi idioma gestual, confeccionado con disparates, volvió súbitamente famoso, por quince minutos warholianos o menos, al efímero aprendiz de traductor ese 5 de diciembre de 2013.

Su nombre es Thamsanqa Jantjie; tuvo problemas serios con la justicia antes de protagonizar su papelazo, y tenía 34 años cuando se dieron los hechos. Intentó incursionar en el mundo de la actuación, sin lograr nunca su nuevo objetiv

Hasta Zlavoj Zizek, filósofo esloveno y comentócrata de la cultura popular (otro ejemplo: su crítica de ‘Viven’, película futurista de John Carpenter) aventuró opiniones al respecto.

Hace cuatro meses se montó un performance en Sudáfrica que alude directamente a este caso.

Jimmy Kimmel invitó a un experto en la material, que intentó descifrar los posibles mensajes de Jantjie.

Y hubo vida, para él, después del desastre. Aquí el traductor participa en un comercial de la app Livelens.

Uno podría extrapolar la metida de pata del semi olvidado Thamsanqa con los tropiezos verbales de Drumpf, aunque el enigma involuntario planteado por el presidente de los Estados Unidos es asunto permanente y pernicioso.

¿Cómo olvidar la rebanada de ‘el más hermoso pastel de chocolate que hayas visto’ y que degusta con Xi Jinping cuando le avisó al líder de la República Popular China que había ordenado el envío de 59 misiles a una base aérea siria?

¿O el discurso ante los Boy Scouts en su Jamboree de West Virginia? Trump relata, con lujo de detalle, su encuentro providencial con un veterano de la industria de la construcción (que tenía un yate gigantesco, donde hacía cosas indescriptibles para un joven auditorio sobre las que tendrán que familiarizarse, asume el orador, en la adultez), y en donde el acosador de Queens remata, asumiendo que la frase condensa sabiduría sin límite: ‘He perdido el momentum‘?

El Sinsentido es emplazado por él y sus acólitos para usarse como un arma [en usanza moderna, armificado: Weaponized Nonsense] que, intraducible para los que no tienen oídos tan aguzados como para descifrar las claves escondidas del dog whistle politics que él practica con entusiasmo. Y que, por añadidura es mucho más nocivo que el cómico concierto de gestos -sin relación entre sí- que atestiguamos en el galimatías mensajístico del servicio luctuoso de Madiba.

Transcribimos la voz del candidato Drumpf en su un cortísimo ‘discurso’ sin teleprónter, pronunciado en el Auditorio de las Magnolias de Sun City, Carolina del Sur, pronunciado en abril de 2016:

Miren, teniendo lo nuclear –mi tío fue un gran profesor y científico e ingeniero, Doctor John Trump en MIT, buenos genes, muy buenos genes. OK, muy inteligente, la escuela Wharton de Finanzas, muy bueno, muy listo –ustedes saben, si son republicanos conservadores, si yo fuera un liberal, si, pues, OK, si yo fuese un candidato demócrata liberal, ellos dirían que yo soy una de las personas más inteligentes en el mundo -¡lo cual es cierto!pero cuando eres conservador y republicano ellos tratan –vaya que tienen trucos- por eso siempre empiezo diciendo: Fui a Wharton, fui un buen estudiante, fui allá, y allá, hice esto, acumulé una fortuna –ustedes saben que tengo que presentar mis credenciales todo el tiempo, por nuestras desventajas leves –pero al ver el acuerdo nuclear, la cosa que en realidad me molesta –hubiera sido tan fácil, y no es tan importante como estas vidas (lo nuclear es poderoso; mi tío me lo explicó a mí hace muchos muchos años, el poder y eso fue hace 35 años; me explicó sobre el poder de lo que va a suceder y él tenía razón -¿quién lo hubiera pensado?), pero cuando ven ustedes lo que está pasando con los cuatro prisioneros –antes eran tres, ahora son cuatro- pero cuando eran tres y aún ahora, yo hubiera dicho que todo está en el mensajero; tipos [‘fellas’, en el original — DG], y es que son tipos porque no son, no han deducido que las mujeres son más inteligentes que los hombres ahora mismo, así que, saben, les va a tomar ciento cincuenta años más –pero los persas son grandes negociadores, los iraníes son grandes negociadores, así que, y ellos, nos acaban, nos acaban de matar…  

Prueba documental número dos. El gesticulador Trump comparte en entrevista para Associated Press las (ocultas) bondades de sus primeros cien días de gestión presidencial.

Foto: ROBYN BECK / AFP / Getty Images

Trump parece actuar en función de una mayor y exclusiva gloria e ubicuidad de su propia marca de familia. Si naufraga la democracia interna norteamericana, de suyo trastabillante aún previo a la irrupción del magnate y bully norteamericano, pues peor para esta última.

En sentidos recónditos e incalificables, es como si los tropezones urdidos por Thamsanqa Jantjie se virtieran en directo al verbo destemplado del cuadragésimo quinto titular del ejecutivo estadounidense, pero con todo el dinero del mundo a su favor y acceso directo a los códigos nucleares de la mayor potencia en el planeta.

Pesadilla de la insensatez: el peor de los mundos posibles.

 

@alconsumidor

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