Azote de corruptos

Siete años después, y mediante la producción experta de videos, Alekséi Navalny encabeza con dosis de ironía, humor y de forma amena la resistencia civil al putinismo institucionalizado.

Foto: Evgeny Feldman for Alexey Navalny’s / AP

12 de junio. Arresto en el Día de Rusia, acusado del delito de ‘organizar una protesta social sin permiso de las autoridades pertinentes’.

Él es Alekséi Anatólievich Navalny, activista de 41 años, abogado y reportero ciudadano que ha hecho del combate a la corrupción su principal función en la vida; obligado bloguero y ex candidato independiente fallido (a pesar de haber obtenido el segundo puesto, sólo atrás del contrincante ganador escogido por Vladimir Putin y su maquinaria) a la alcadía de Moscú en 2013. Alguien a quien se le acusa –a pesar de que su verdadero grado de involucramiento sigue siendo motivo de agrias polémicas- de ser un nacionalista a ultranza, partidario de la Gran Rusia e indistinguible, en cierto sentido y contexto americano, del típico elector trumpista.

Navalny, expresidiario y espina principal en el costado de Vladimir Putin (definido, él sí, como ‘un autócrata que actúa con el consentimiento de sus gobernados’); improbable candidato a la presidencia rusa para competir como opositor, y en absoluta desigualdad de circunstancias, en los comicios del año próximo o en el futuro, versus una aplanadora oficial avasalladora y muy bien aceitada.

Marzo de 2017. En la ciudad siberiana de Barnaúl, alguien le arroja sustancias químicas color verde (o al parecer, un antiséptico de uso local conocido como zelyonka) en el rostro. Vía Independent.

Éstos son datos biográficos básicos sobre Navalny, tomados de un perfil del New Yorker escrito por Yúlia Joffe en 2011:

Nació en junio de 1976 cerca de Moscú, en Butyn, una zona militar cerrada a la población civil. Su padre era oficial de comunicaciones del Ejército Rojo. Su madre era economista y leal seguidora del Partido Comunista. Su abuela materna era campesina en Ucrania, y Alexey pasó los primeros nueve veranos de su vida en su cabaña, en la campiña a las afueras de Chernobyl. A fines de abril de 1986, cuando él tenía diez años, su tío se comunicó con su hermana para avisarle que no iba a ser posible recibirlo es verano. Había ocurrdo una explosión en la planta nuclear ubicada en ese pueblo. Mientras el gobierno soviético minimizaba los efectos del desastre, la familia entera de Navalny tuvo que ser evacuada y reubicada. Muchos de ellos sufren aún ahora los efectos de salud directamente relacionados con él.

Fue un estudiante capaz pero promedio, que acostumbraba decirle a sus maestros lo que él pensaba de ellos. En 1993, ingresó a la Universidad de la Amistad de los Pueblos en Moscú, famosa por ocuparse de la educación de estudiantes provenientes de países del Tercer Mundo aliados de la Unión Soviética. Ahí decidió matricularse en Leyes, graduándose como abogado en 1998. Él recuerda su paso por la academia como insulso y corrupto: la inclusión, por parte de los alumnos, de billetes de cincuenta dólares en sus exámenes garantizaba buenas calificaciones. Cuando aún estaba en el colegio, Navalny empezó a trabajar para una empresa moscovita de bienes raíces. ‘Ahí pude aprender cómo funcionan las entrañas; cómo operan las compañías llamadas intermediarias. Cómo se manipula y transporta el dinero’.

Obtuvo al mismo tiempo una maestría en finanzas, y en 2001 abandonó ese empleo para incursionar en la bolsa de valores. También se casó con la joven economista Yulia Abrosinova, a la que conoció durante unas vacaciones en Turquía.

Siete años después, y mediante la producción experta de videos (y la consolidación de su AC) Alekséi Navalny encabeza con dosis de ironía, humor y de forma amena -con datos obtenidos mayoritariamente de fuentes oficiales- la resistencia civil al putinismo institucionalizado.

La dacha secreta de Putin. Un fastuoso hogar de veraneo, cuyo propietario es prestanombres y aliado suyo; se ha visto el video de marras, desde su inclusión en redes el 30 de agosto pasado, casi tres millones de veces. Esta versión contiene el idioma original, con subtítulos en inglés.

Hijo de [Dimitry] Peskov, de la prisión inglesa a la élite rusa. Las aventuras cleptocráticas del joven Nikolay Choles, Mirrey vástago del portavoz e íntimo de Putin. Visto más de 2 millones, 686 veces y fracción desde que Navalny subió el video a YouTube el 17 de agosto.

Se suman estos ejercicios recientes, a anteriores tentativas protransparencia de la agrupación que encabeza Navalny:

No lo llamen Dimon. Detalla los gastos y fortuna descomunales de otro Dimitry: de apellido Medvedev, hombre de paja, actual primer ministro y ex presidente títere (el Manuel González eligido para cumplir esa función para los propósitos del indispensable Porfirio Díaz del siglo XXI oriundo de San Petersburgo).

Documental sobre los hijos del Comandante –y procurador federal en funciones- Yúri Chaika: cuyo apellido significa Gaviota, creado y distrubuido por la Fundación Anticorrupción, con veinticuatro millones y pico de visitas en el original …

… y que lleva el imprimatur, vía video reproducido dos punto siete millones de veces (en versión subtitulada), cortesía de Pussy Riot).

Otros trabajos de investigación de Navalny y su equipo, que pueden consultarse en la página de la misma, bocetan los frutos podridos de la corrupción e impunidad que se vuelven palacios, yates, o alhajas de ensueño, y demás extravagancias del Bling Ring cómplice del nuevo Zar de todas las Rusias, posible consejero y apoyador extraoficial republicano en las elecciones norteamericanas y bro de Donald Trump, millonario presidente de los Estados Unidos y versión xenófoba (racista por blanca, anglosajona y protestante) de otro cercano amigo de Putin: a saber, el oligarca Cavaliere italiano y longevo ex primer ministro Silvio Berlusconi.

¿Los valiosísimos esfuerzos de medios mexicanos, análogos a los que realiza Navalny, harán aquí eventualmente la diferencia? A diferencia de los nuestros, en donde eventuales resultados son inciertos, los pronósticos para la elección presidencial en la ex Unión Soviética, con procesos controlados prácticamente en su totalidad por el Ejecutivo en ese país, auguran un triunfo aplastante de Putin, aunque –a pesar de todo- persiste la disidencia cada vez más asediada por el Estado controlado por él y su camarilla.

Con su trabajo y el de la ONG que lo apoya, Navalny podría ser factor electoral, con dudas fundadas sobre su participación como candidato en los comicios venideros, pues los bloqueos y trabas a su campaña son numerosos y de consideración. Sin embargo, serán un anticipo de campañas futuras que no van a naufragar con tanta facilidad cuando Putin abandone el escenario político, y Navalny capitalice el apoyo que le ofrecen las capas más jóvenes, educadas y exigentes de la población.

Veremos bien pronto, con nuestros propios aprendices (públicos y privados) de Putin -y hasta qué grado- cómo se replican éxitos o fracasos de Navalny en redes y conciencias nacionales.

 

@alconsumidor

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