El fuego y la furia

El libro de Michael Wolff sobre Donald Trump despeja toda duda, si acaso aún existía alguna, sobre el niñulto encaprichado y nefasto de 61 años que preside al actual gobierno de Estados Unidos. Les dejamos la traducción de algunos pasajes.

Diagrama hipotético del show circense de Trump, ¿aberración de la Física? Vía Car and Driver.

Pues sí. Si acaso persistía el más mínimo asomo de duda que al gobierno de Donald Trump lo preside un niñulto encaprichado y nefasto de setenta y un años de edad, ésta quedó despejada tras la publicación de Fuego y Furia, del periodista de investigación diagonal chismólogo (encargado previamente en demostrar que el autócrata y reaccionario patriarca de medios Rupert Murdoch, el Dueño de las Noticias –propietario del trabuco News Corp., cuya división de entretenimiento pronto va a formar parte del acervo de Disney– también va por la vida tan desnudo como Drumpf) Michael Wolff.

 

Fatídico enero 20 de 2017. Bajo la Mirada del Padre de su Patria, el gabinete patito del magnate jura lealtad al jefe. Foto: Washington Examiner.

Su aparición es un escándalo autoinflingido por el trumpiato, al haber permitido acceso ilimitado al autor a los principales protagonistas de esta triste saga irresuelta (quienes aprovecharon la oportunidad histórica de sincerarse, en tiempo real y sin ataduras) tanto en la campaña como en el ejercicio de sus funciones.

El libro de marras dará mucho de qué hablar. Por lo pronto, elegimos breves lecturas aleatorias –con traducciones libérrimas– para su consideración (y seguro encabronamiento). Extraemos de las entrañas del fuego y furia trumpista, algo que –lejos de agotarse– se incrementa con la posible pérdida gradual de las facultades del líder de la greña rebelde y naranja, y antes de su segura publicación en castellano.

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Un mail radioactivo

En abril de 2017, un correo interno previsto con el propósito aparente de ser leído por una escasa docena de miembros del equipo de la Casa Blanca circuló con amplitud en medios y redes. Reflejando la opinión de Gary Cohn [exaltísimo ejecutivo del banco de inversión Goldman Sachs, hoy principal responsable del consejo asesor económico de Trump …], contenía lo siguiente:

 ‘La situación es peor de lo que podría imaginarse. Un idiota rodeado de payasos. Trump no lee nada –ni memoranda de una sola página, ni breves documentos de política interior. Interrumpe sesiones de trabajo con líderes mundiales cuando se aburre. Y su equipo le secunda. Kushner es un bebé que cree merecerlo todo, sin saber nada. Bannon es un imbécil [prick] arrogante, que se cree más inteligente de lo que es. El presidente es menos una persona, que una colección de terribles rasgos de carácter. Nadie sobrevivirá después del primer año, salvo su propia familia. Odio este trabajo, pero siento la necesidad de quedarme porque soy la única persona con idea de lo que está pasando. Hay pocos puestos llenados, porque sólo aceptan personas que aprueban ridículas ‘pruebas de pureza’, aún en casos de mandos medios. Me encuentro en perpetuo estado de choque, y horror’. 

Kushner y la hija predilecta de Drumpf: equipo Jarvanka. Foto: Forward.

“Después de las elecciones, MBS [Mohaméd bin Salmán, 32 años, hoy en día el heredero más aventajado al trono saudí] se acercó a Jared Kushner. En la confusión que produjo el proceso de transición trumpista, no existía nadie con estatura en el ámbito de las relaciones exteriores, o vínculos internacionacionales. Parecía lógico, entonces, contemplar en la persona del yerno del presidente electo a un dechado de estabilidad. Pasara lo que pasara, él permanecería. Para ciertos regímenes, en especial el de los saudíes familicéntricos, Jared iba a ser más confiable que un profesional del ramo. No había obtenido su puesto, precisamente, por sus ideas.

De todas las rasgaduras de Trump en la esfera de la gobernanza de las grandes potencias, cabría un Caballo de Troya debido a su la ausencia de detalles y relaciones en este contexto. Algo que representaba una oportunidad para rehacer las relaciones del resto del mundo con la Unión Americana –siempre y cuando uno se encontrara dispuesto a hablar el nuevo lenguaje de Trump. No había muchas ‘hojas de ruta’; sólo oportunismo puro, y una nueva apertura transaccional. Mejor aún: existía la opción de usar los poderes de encanto y seducción a los que él iba a responder con el mismo entusiasmo que mostraba al presentársele oportunidades provechosas de negocio (…)

Muchos aliados, e inclusos algunos antagonistas, estaban desorientados y hasta horrorizados. Muchos vieron nuevas coyunturas a su favor. Los rusos tendrían vía libre en Ucrania y Georgia, y el fin de las sanciones impuestas por Obama a cambio de soltar el lastre de Irán y Siria (…)

Mediante la eliminación de supuestos previos –en realidad, sin estar siquiera conscientes de ellos– la nueva ‘doctrina’ de Trump se tradujo en lo siguiente:

  • Existen cuatro jugadores importantes en el Medio Oriente (podemos olvidar a todos los demás): Israel, Egipto, Arabia Saudita e Irán.
  • Los tres primeros podrían unirse, contra el cuarto.
  • Egipto y Arabia Saudita, en virtud de lo quieren respecto a Irán –y todo lo demás, que no interfiera con los intereses norteamericanos– presionarían a los palestinos a acordar con Israel. Voilà.

La antigua política exterior se basaba en una idea matizada: enfrentar un álgebra multilateral y complejo de amenazas, intereses, incentivos, pactos y relaciones en perpetua evolución, llegando así a un futuro equilibrado. En la práctica, la versión de Trump consistía en reducir el tablero a tres elementos básicos: aquellos poderes con los que podamos trabajar juntos, aquellos con los que no sea esto posible, y los sobrantes sin poder que se puedan ignorar o llevar al sacrificio. La Guerra Fría reciclada (…)   

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La exigente familia del tahúr oligarca, y su hija mandona

Rebekah Mercer y Bob su padre. Foto: Politico

En una época en la que todos los candidatos están rodeados, si no es que a las enteras órdenes de gente rica que empuja los límites de su propio poder –y a mayor opulencia, mayor resulta ser su dificultad en el trato, sociopatía y ansia de poder- Bob y Rebekah Mercer conforman una categoría aparte (…)

Incluso los ricos de trato difícil –los hermanos Koch y Sheldon Adelson en el espectro de la derecha, o los izquierdistas David Geffen y George Soros– se contienen y autorestringen en virtud de que sus cuantiosos recursos existen dentro de un mercado competitivo. Para ellos, existen límites a su ‘aborrecibilidad’. Su mundo tiene códigos y reglamentos.

Pero entre esos mismos ricos con merecimientos, la familia Mercer permanece ajena a los márgenes de esta sociedad; ella abre su brecha por caminos de descreimiento e incredulidad. A diferencia de sus pares que contribuyen vastas sumas para que ganen sus candidatos, a ellos no les importaba perder –siempre. Su burbuja era, literalmente, su burbuja.

Así que tras la aberrante alineación de las estrellas que produjo el triunfo de Trump, los Mercer conservaban su pureza originaria. Encumbrados de casualidad –y contra todo pronóstico– en el poder, no lo iban a ceder sólo porque Steve Bannon se mostraba ofendido y con crisis de insomnio.          

A fines de marzo los Mercer organizaron reuniones de emergencia. Al menos una de ellas fue con el presidente. Juntas de esta índole era lo que más procuraba evitar Trump. No mostraba el menor interés en asuntos relacionados con su personal, pues no tenían que ver con él mismo. Y aún más: éste era un problema de su creación, al haber insultado continuamente a su principal estratega, y ahora había que afrontar las consecuencias [el coloquial eat crow: comer cuervo]. A pesar de insistir en la salida de Bannon, estaba consciente de los costos: una virulenta reacción del su derecha, de proporciones impredecibles.  

Trump sabía que los Mercer eran tan peculiares como todo mundo pensaba. No le gustaba cómo Bob Mercer lo miraba fijamente, sin decir palabra. Tampoco quería compartir el mismo espacio con él, o con su hija Rebekah: dos ‘compañeros de viaje’ extrañísimos –‘orates’ [wackos], en su particular estimación. Aunque se rehusaba a aceptar que la decisión tomada por la familia de apoyarlo y la imposición subsecuente de Bannon a su campaña, en agosto de 2016 [después de la debacle de la cinta de Access Hollywood, con la complicidad activa de su comparsa Billy, sobrino idiota del clan Bush] fue el suceso sin el cual no estaría despachando en la actualidad desde la Casa Blanca, sí entendía que de enemistarse ahora con ellos, los Mercer y Bannon se convertirían en una molestia de proporciones globales (…)

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Como diría el comentariado que se ocupa del tema allende el Bravo: aquí hay mucho qué desempacar, y poco tiempo para intentarlo con cordura.

Porque son tiempos locos. Cuando termine este sexenio que agoniza en México, ¿habrá alguien acaso que se atreva (como Wolff allá, y en buena hora) a describir desde el circo de Los Pinos, las infinitas y corruptas maromas de Virgilio Andrade, Videgaray, Nuño, Gerry Ruiz Esparza, el resto del elenco federal y el cochecito de payasos repleto de virreyes y ediles con derechos adquiridos?

La duda, prevalece.

 

@alconsumidor

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