Andrés Lajous

Espacio en disputa

Perfil Politólogo y urbanista. Es editor en línea de la revista Nexos y comentarista político en diversos medios electrónicos.

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Un ojo es mucho

Sigo asombrado por las breves palabras que escuché de Uriel Sandoval, en un video, al salir del hospital en donde fue atendido después de las protestes del primero de diciembre afuera de San Lázaro. Uriel perdió el ojo. No queda claro con qué fue herido. Una hipótesis es que fue alguna bala de plástico o goma disparada por la policía la que lo lastimó. Otra hipótesis es que fue el pedazo de un petardo lanzado por otros manifestantes el que le alcanzó el pómulo y el ojo. Sea cual sea la fuente material de su tragedia, sabemos que salió del hospital con un ojo menos y firme en sus convicciones.

Al salir, con varios micrófonos de prensa en mano y frente a las cámaras dijo: “Un ojo no es nada. Miles de seres humanos no tienen qué comer todos los días, los obreros tienen que ir a las fábricas agachando la cabeza para darle de comer a sus hijos, los campesinos pierden sus tierras y nadie hace nada… Reivindico todas la formas de lucha, todas son válidas porque tienen un mismo fin. La búsqueda de un mundo diferente, de un mundo honesto, un mundo con justicia realmente”.

Un ojo es mucho. Con un ojo podemos ver, pero con dos podemos ver profundidad. Es el ojo acompañado de otro que rompe la percepción de un mundo que parece pintado en el plano del arquitecto o en la deformidad del mapa. “Un ojo es mucho”, explica el neurólogo Oliver Sacks al narrar la historia de una mujer que después de ver toda su vida en dos dimensiones, recuperó el sentido de profundidad. La mujer, al ir recuperando su visión tridimensional de manera paulatina, escribe: “Mientras corría esta mañana con el perro, noté en los arbustos algo distinto. Cada hoja parecía hacerse notar en su propio pequeño espacio 3-D. Las hojas no sólo se sobreponían una con otra como solía verlas. Podía ver el ESPACIO entre las hojas. Lo mismo es cierto para las ramas de los árboles, las lascas en el camino y las piedras en las pared. Todo tiene más textura”.

Un ojo es mucho y sólo deja de serlo cuando uno adquiere un desprecio por aquello que se describe como banal. Frente a las grandes desgracias de la humanidad, frente a las injusticias: la vida cotidiana no es nada. Pasear al perro, ver el verde del pasto y el espacio entre las hojas, es una mera frivolidad. Cargar a un bebé, hacerle cosquillas y ver su sonrisa, no es nada frente al hambre y explotación de millones. Cuando la injusticia es masiva y abstracta, lo concreto y lo cotidiano pierden todo frente a ella. Tomar una cerveza con un amigo, dedicarle unas horas a enamorar y dejarse enamorar, es nada. Si un ojo no es nada. Unos besitos, aquí y allá, son menos que nada.

Las palabras de Uriel me recordaron un documental que salió hace unos años sobre la guerrilla urbana en Estados Unidos, “TheWheatherUnderground”. Los weathermen durante casi una década pusieron bombas en edificios de gobierno y en bancos en los años setenta en EU. Es decir consideraron válidas “todos las formas de lucha”.  Años después, al hablar de la total certidumbre y convicción que sentían en aquella época, uno de los integrantes dice “lo que teníamos era un profundo desprecio por la vida cotidiana”. Un desprecio que los llevó a construir una bomba que explotaría en un baile de soldados en licencia y que falló pues al armarla mató a tres de sus compañeros.

Quienes celebran el discurso de Uriel tal vez deben de dar un paso atrás y volver a dedicarle tiempo a esa vieja discusión sobre fines y medios.

Es una discusión en la que ya no caben las frases sentenciosas de “el fin justifica los medios”, ni su anverso “el fin nunca justifica los medios”. Ciertos medios justifican ciertos fines, pero para hacer esa justificación y no traer un cadáver en la boca se necesita evaluar cada fin, cada medio, cada vez, por su efecto en la vida cotidiana de las personas. De hacer esa cuidadosa evaluación, podría asegurar no sólo que la conclusión más frecuente será que uno ojo vale mucho, sino que “la lucha” será más exitosa.

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