La cohesión social comienza por el trabajo del hogar

Reconocer los derechos de quienes trabajan en el hogar es esencial para “que viva México” y para “estar unidos”. Con desigualdad estructural en los hogares no hay unidad posible.

– “¿Qué entienden por cohesión social?”, nos preguntan con frecuencia.

– “Una sociedad con igualdad de oportunidades, sin privilegios”, respondemos en frase corta.

– “¿Y cómo se logra eso?”, insisten, con razón.

– “Cerrando las brechas de desigualdad en el ejercicio de derechos”, sería nuestra respuesta más breve. (Ver gráfica y explicación al final del texto)

– “¿Qué es una brecha de desigualdad? ¿Yo qué puedo hacer para que eso suceda?”, serían la preguntas siguientes.

Aquí va una respuesta, un poco más larga, empezando con una historia que sirve muy bien de ejemplo.

Hay muchas brechas de desigualdad en México. Se dan cuando hay una diferencia en el ejercicio de los derechos por condiciones estructurales, ajenas a las personas, por ejemplo del derecho a la educación, a la salud, a la seguridad social, al trabajo.

La situación de las personas que trabajan en el hogar es uno de los ejemplos más claros. La desigualdad en el ejercicio de sus derechos es escandalosa, ofensiva y tiene muchas expresiones.

Para empezar, la gran mayoría son mujeres (91%), nueve de cada diez. También la gran mayoría son migrantes e indígenas.

Casi nueve de cada diez no tienen contrato de trabajo (89 %), una de cada tres ganan menos de un salario mínimo (31 %), cuatro de cada diez no reciben aguinaldo (42 %) y más de la mitad no reciben vacaciones pagadas (53 %). Tienen casi 3 años menos de escolaridad que el promedio.

Las trabajadoras del hogar reúnen entonces un conjunto de los principales factores de exclusión social: son mujeres (desigualdad de género), son indígenas (desigualdad étnica), son migrantes (desigualdad en capital social y red de relaciones), tienen menos escolaridad (desigualdad educativa) y son pobres por ingresos (desigualdad socioeconómica).

A esta situación se agregan además dos dimensiones que profundizan, explican y mantienen esta situación: la Ley permite que se les trate diferente y la cultura clasista y racista sobrevive velada o descaradamente.

Esto convierte al trabajo del hogar en una de las peores condiciones de discriminación estructural. No puede haber cohesión social si desde las casas se viven, se aprovechan y se justifican estas barreras estructurales de desigualdad.

La Ley Federal del trabajo autoriza que la jornada de trabajo de trabajadoras del hogar sea hasta de 12 horas, cuando para el conjunto de las y los trabadores es de 8 horas (48 horas a la semana).

Y la Ley del IMSS impone grandes barreras para su registro, por lo que se vuelve casi imposible que accedan a este derecho, con lo cual quedan excluidas de servicios de salud, seguros en caso de enfermedad, incapacidad o discapacidad, pensiones para el retiro y algo muy importante y muy paradójico: servicios de cuidado infantil. Mientras las trabajadoras del hogar en muchos casos cuidan a niñas y niños en los hogares, carecen de servicios para sus propios hijos e hijas.

Por otra parte, quienes trabajan en el hogar viven en carne propia el racismo y el clasismo que sobrevive en nuestra sociedad. Aunque hay personas empleadoras “que las tratan bien”, son frecuentes las historias de diferencias en la comida que se les permite, de alojamientos insalubres y de mala calidad, y de todo tipo de abusos, incluidos los sexuales. El trato despectivo y la certeza de la “superioridad / inferioridad” son más frecuentes y se perciben en múltiples expresiones cotidianas que no vale la pena citar.

El “amor a México” y el anhelo de tener unidad, especialmente ahora que el entorno internacional desde Estados Unidos es adverso y el contexto económico se complica, deben empezar “por casa”. Reconocer los derechos de quienes trabajan en el hogar es esencial para “que viva México” y para “estar unidos”. Con desigualdad estructural en los hogares no hay unidad posible.

El llamamiento por la cohesión social de la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza (aquí un resumen) incluye un cuestionamiento a los privilegios y también propone cambios institucionales para garantizar igualdad de oportunidades y cerrar brechas de desigualdad.

En el caso de las trabajadoras del hogar, requiere una reforma legislativa para crear un régimen laboral no discriminatorio, con jornadas máximas de 8 horas, pago de horas extras, contrato, aguinaldo, vacaciones pagadas y sobretodo, seguridad social.

Por ello, la exigencia para dar el primer paso en ese sentido es exigir al Secretario de Gobernación que cumpla con lo ofrecido hace más de 3 años: enviar al Senado el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo para ser ratificado. Ese Convenio compromete al Estado Mexicano a garantizar derechos a trabajadoras (es) del hogar y permitiría apresurar las reformas que son urgentes.

Únete a la campaña #EmpleoJustoEnElHogar y exijamos que se inicie el cambio desde los hogares para lograr mayor cohesión social

¿Qué es una brecha de desigualdad?

Las brechas de desigualdad notorias y que se miden frecuentemente se presentan entre quienes viven en el sur y quienes viven en el norte, entre quienes viven en zonas rurales y quienes viven en zonas urbanas, entre quienes son indígenas y quienes no lo son. Y la brecha de desigualdad más pronunciada, casi un abismo en algunos casos, es entre quienes tienen menor ingreso y quienes tienen mayor ingreso.

La gráfica 1 muestra la diferencia, en el acceso a la seguridad social, que es una forma aproximada –no exacta- de mostrar la desigualdad en el ejercicio del derecho a la seguridad social.

Gráfica 1. Acceso a seguridad social por condición de ingreso, étnica y geográfica, 2014

Fuente: Elaboración Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, con base en datos del MCS 2014 de INEGI usando la inversa de la variable Carencia por acceso a seguridad social, como la usa CONEVAL. Nota: Incluye personas que no tienen seguridad social pero reciben pensiones sociales de un programa de adultos mayores.

La brecha de desigualdad en acceso a seguridad social entre quienes viven en el norte (58 %) y quienes viven en el sur (20 %) es de 38 puntos porcentuales (casi el triple). Entre indígenas (18 %) y no indígenas (43 %) es 25 puntos, una vez y media. Y entre el 10 % con menor ingreso o decil I (9 %) y el 10 % con mayor ingreso o decil X (72 %) es de 63 puntos porcentuales, es decir 7 veces más (700 %).

 

@FrenteaPobreza

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