Alternativas para jóvenes

Hay que apoyar el surgimiento de alternativas de “2ª Oportunidad” adecuadas para quienes dejaron o fueron excluidos del sistema educativo y ya no tienen edad, ni condición, para regresar a las escuelas a concluir su ciclo secundario.

En fines de 2009, en pleno auge de la violencia en todo el país, el Dr. Narro, entonces Rector de la UNAM, sacudió al país con una “bomba” mediática: 7 millones de jóvenes “nini” podrían ser carne de cañón del crimen organizado.

Y aunque el dato carecía de sustento como explicaremos después, desde entonces el calificativo de “ninis” se añadió a los estigmas que cargan las personas jóvenes. Muchas veces con un sentido muy despectivo y que “culpa” a los jóvenes de su situación.

En las clases acomodadas, se usa para referirse a quienes dejan la escuela y se dedican a divertirse con cargo al sustento paterno.

Pero no es así la mayoría, en sectores medios y sobretodo entre quienes viven en condición de pobreza, el estigma muchas veces se aplica a quienes se quedaron sin oportunidades de seguir estudiando y no consiguen empleos bien remunerados y dignos.

En realidad no son “ninis”, más bien son “sin – sin”. Sin oportunidades educativas y sin oportunidades de trabajo, como bien lo explica Tere Lanzagorta, directora de YouthBuild México, una de las organizaciones que forman la Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

Una nueva oportunidad para 11 millones de jóvenes

YouthBuild junto con Servicios a la Juventud (SERAJ), Jóvenes Constructores de la Comunidad (JCC) y académicos de FLACSO, CIDE, Parque de Innovación La Salle y otras organizaciones están construyendo una alternativa efectiva para la inclusión económica de jóvenes “sin – sin”.

Este tipo de opción a nivel internacional se conoce como “Segunda Oportunidad”. Es promovida por UNESCO y otras organizaciones internacionales. Se trata de lograr que todo joven concluya el ciclo educativo secundario completo y desarrolle competencias para la vida y el trabajo a fin de que desarrolle su potencial.

En el caso de México, esta opción de inclusión económica y social tiene como destinatarios a más de 11 millones de jóvenes que no cuentan con educación media superior completa.

El problema entonces es mucho más grave de cómo decía el “periodiocazo” del Dr. Narro. No es que haya 7 millones de jóvenes que “ni estudian ni trabajan”, sino que hay 11 millones de jóvenes, mayores de 18 años y menores de 30 años, que no cuentan con el ciclo secundario completo (es decir, con la educación media superior – EMS finalizada).

Esta condición de rezago educativo –que por cierto no se contabiliza aún en la medición de la pobreza oficial- los coloca en una situación muy vulnerable y precaria para lograr trabajos dignos, con remuneración suficiente, seguridad social y para promover su desarrollo laboral.

Además los vincula a riesgos como el embarazo adolescente, las adicciones, los empleos informales e ilegales, la violencia y criminalidad. Por eso es tan grave. Es una pérdida de potencial y un riesgo que genera otros problemas.

La fuente principal de esta situación es que cada año más de 600 mil jóvenes abandonan las escuelas del nivel medio superior. Es una sangría masiva, silenciosa, invisible. Entre los 15 y los 20 años de edad, la permanencia en la escuela cae 50 puntos porcentuales.

Y el sistema educativo, que en la mayoría de casos es la causa directa del abandono de estos jóvenes, se desentiende. Una vez fuera, ya nadie en las escuelas hace algo. No hay acciones efectivas de detección de riesgo de deserción que permita actuar a tiempo, tampoco de retención, salvo las becas; mucho menos de reinserción.

El otro problema es que no hay opciones para jóvenes con “extra-edad” (mayores de 18). Aunque quisieran no pueden regresar a las escuelas. Sólo tienen la “prepa abierta” y la “prepa en línea”. Sin embargo, estas opciones, se centran en lo académico, no se vinculan a opciones laborales y no fueron diseñadas para atender a población con limitaciones en su motivación y en su capacidad para la educación autodidacta.

Una “2ª Oportunidad” efectiva para atender a millones de jóvenes requiere, además del conocimiento académico, formación para el desarrollo de habilidades “blandas” (disciplina, comunicación, aprendizaje), acompañamiento psico-social para superar sus carencias emocionales y motivacionales para que cada joven genere su “proyecto de vida”, así como formación técnica y práctica para desarrollar competencias adecuadas para insertarse en trabajos conforme a la dinámica económica de su entorno regional.

Este es el contenido de la alternativa que está generando el colectivo de organizaciones y académicos que promueven la creación en México de una opción de 2ª oportunidad. Para que arranque ya, exploran la posibilidad de realizar las primeras experiencias en Chihuahua, Guanajuato y Ciudad de México.

El modelo requiere una alianza tripartita con la iniciativa privada, el gobierno y las organizaciones civiles. Y para la evaluación la participación de los expertos académicos.

Se trata de generar una política pública de nueva generación. Con una gobernanza participativa, no sujeta a vaivenes burocráticos y decisiones administrativas unilaterales de la autoridad educativa.

Se requiere a la iniciativa privada para fondear una parte de los costos, pero también para abrir opciones de pasantía y prácticas laborales en las empresas, y para facilitar tutores y mentores para los jóvenes.

Y se requieren organizaciones civiles expertas en juventud que desarrollen el modelo con todos sus componentes: académico, desarrollo humano (acompañamiento socioemocional y habilidades blandas) y formación técnico-práctica para el trabajo.

Una buena opción de conmemorar el Día Internacional de la Juventud este 12 de agosto es entender la necesidad de nuevas oportunidades para jóvenes y en particular, de apoyar a que surjan alternativas de “2ª Oportunidad” adecuadas para quienes dejaron o fueron excluidos del sistema educativo y ya no tienen edad, ni condición, para regresar a las escuelas a concluir su ciclo secundario (la EMS).

Sólo para curiosos: Por qué el término “ninis” carece de sustento

El término “ninis” proviene de España y se usó en un programa tipo “reality show” que estigmatizaba jóvenes que no estudiaban ni trabajaban. Depresión, adicciones y otras conductas “irresponsables” quedaron asociadas al término. Además quedó implícito que la responsabilidad de la situación es de los propias personas jóvenes, que “deciden” estar así.

En México, el “sustento” estadístico del dato sobre “ninis” proviene de la Encuesta Nacional de Juventud 2005. En el cuestionario, la ENJUVE incluye una pregunta sobre ocupación de los entrevistados, con únicamente 4 opciones de respuesta:

  1. Estudia
  2. Trabaja
  3. Estudia y trabaja
  4. No estudia y no trabaja

El 23 % de las personas jóvenes, respondieron “D”: no estudia y no trabaja.

El universo representa a personas jóvenes mayores de 12 años y menores de 30. Basta mirar la gráfica por grupos de edad y por sexo para descubrir por qué el concepto “nini” carece del sentido que se le dio como “carne de cañón” del crimen o como vagancia:

La gráfica y los datos son elocuentes. El 80 % de las personas jóvenes que no estudian ni trabajan según la ENJUVE son mujeres.

De ellas, más del 60 % tienen entre 20 y 29 años, es decir están viviendo su maternidad.

Eso refleja un problema de roles de género y de falta de servicios de cuidado, pero de ninguna manera es un flagelo de “juventud”, ni es sinónimo de vagancia o de “carne de cañón del narco”, como aparece si hace la búsqueda en “google” de “nini” o “ninis”.

¿No sabía todo esto el rector Narro cuando hizo sus declaraciones? Por supuesto que sí. Lo que buscaba era que le incrementaran el presupuesto para la UNAM, y seguir forjando una imagen de “crítico” frente al régimen panista de Calderón. Hubo quien lo consideraba “de izquierda”. Hoy está en el gobierno de Peña Nieto, y se le enlista entre los precandidatos del PRI a la presidencia.

 

@FrenteaPobreza

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