El Rius de cada quien

Mi Rius personal tiene que ver con aquel que, impulsor de mis primeras trazas ideológicas, aportó a mi vida libros que lo mismo me siguen fascinando que divirtiendo.

En la hora final, la muerte dota al fallecido de la estatura real con la que pasará a la historia: si el difunto fue odiado, el odio hacia él se desbordará sin tapujos al saberse que se ha ido. Si el difunto fue querido, no habrá campo de flores suficiente para llenar su recuerdo de colores. Este último fue el caso con Rius.

Primer educador en serio de casi todos quienes por cualquier razón nos formamos en la izquierda (cualquier cosa que eso sea) y diabólico proveedor de un sabroso humor que hoy sería -sobre todo si hablamos de sus libros más emblemáticos- políticamente incorrecto, dio gusto escuchar como todos hablaron bien de Rius esta semana, aunque muchos nunca lo hubieran leído y aunque algunos de quienes con respeto arrojaron flores sobre su memoria se hubiesen escandalizado con muchísimas de las cosas que escribió (¿alguien recuerda, por poner sólo un ejemplo, El mito guadalupano?).

De entre los libros padrísimos que recordaremos del gran Rius, cada quien tendrá su top 5. En mi caso destacan, sin temor a traicionar la memoria de todos cuantos chillamos mientras se nos revelaba lo bonita que podía llegar a ser la utopía del socialismo (que como flamante gran utopía, nunca llegó), Marx para Principiantes, Cuba Libre, el emotivo ABChé, Compa Nicaragua y, en mi caso aún más íntimo y más particular, un libro bello que contribuyó a sacudirme por vez primera el catolicismo cuando tenía edad para ir a la prepa y a la iglesia: Jesús, alias El Cristo.

De él rescato, ahora que tengo junto a mí la primera edición (1985, editorial Grijalbo, obviamente), un trozo dedicado a un personaje que, de no ser por la investigación carente de pretensiones del Maestro Rius, seguramente nunca hubiera conocido, y que me aportó el único tema genuinamente esotérico en el que, gracias en gran parte a mi clavadez, he creído en la vida,: me refiero a Edgar Cayce.

“¿Y quién demonios fue Edgar Cayce?”, diría uno de los monitos salidos de un lado de las páginas del Maestro Rius. Ah, pues aquí está. Cito: “Edgar Cayce fue el más grande de los curadores del siglo veinte. Nacido en Kentucky, de familia humilde, a los diez años recibió en la espalda un fuerte golpe con una pelota de baseball”. El caso es que cuando Cayce volvió del coma en el que cayó luego del golpazo, regresó dotado de una serie de poderes especiales que le permitían, además de curar, dar información -se supone, fidedigna- de hechos pasados y futuros con asombrosa precisión. Rius lo incluye en el libro que refiero pues Cayce, sumido en trance, dio muchas pistas sobre la vida de Jesús, incluyendo hábitos que nadie se imaginaría (deben leer el libro) y un enfoque sobre la verdadera filosofía cristiana que vale mucho la pena.

El caso es que, hacia el fin del libro, el gran Rius incluye la lista de algunas predicciones que Cayce hizo a lo largo de su vida, y aquí es donde el recuerdo se me vuelve chisme y quiero compartirles: cuando el atentado a las Torres Gemelas, recordé que algo se decía en Jesús alias el Cristo sobre él y, palabras más, palabras menos, lo encontré (según yo) en forma de la frase: “Cayce predijo la destrucción por una bomba de toda la zona de Nueva York”. Ok, quizá Edgar Cayce no era tan atinado, pero esta semana en que Rius se fue, volví a mi librito querido (que en realidad forma parte de una pila integrada por varios libritos queridos del mismo autor) y hallé otra profecía (sigue mi clavadez), pero esta vez dirigida ni más ni menos que a Rusia y que, a la luz del momento del siglo XXI en que vivimos, me arde por citar: “a través de Rusia llega la esperanza del mundo, no con respecto a lo que algunas veces se llama comunismo o bolchevismo, no, ¡libertad!, que cada hombre vivirá para su prójimo. El principio ha nacido ahí. Tomará años para cristalizar, pero sin embargo, de Rusia saldrá nuevamente la esperanza para el mundo. ¿Por qué se guiará Rusia? Por su amistad con aquella nación que ha colocado en sus monedas la frase In God We Trust…”. (Pausa para poner aquí el emoji de la carita inspirada en El Grito de Edvard Munch).

Cada quien tendrá su propio recuerdo relacionado con Eduardo del Río. Mi Rius personal tiene que ver con aquel que, impulsor de mis primeras trazas ideológicas, aportó a mi vida libros que lo mismo me siguen fascinando que divirtiendo. En un mundo en el que la muerte confiere la estatura genuina con que todo personaje será visto al partir, alzo mis ojos hasta arribita del cielo y digo sinceramente: muchas gracias, querido y gigantesco Maestro Rius.

 

@elimonpartido

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