Mexicanos en el FIB: ¿amiguismo o meritocracia?

El cine no es un negocio sustentable para los creadores, quienes quedan atrapados en un circulo vicioso donde parece que la única alternativa es solicitar recursos al gobierno.

Por: Israel León 

En el marco del Año Dual México-Alemania, el Festival Internacional de Berlín invitó a nuestro país para ser el primer “país en foco” en el European Film Market (EFM), siendo el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) el principal encargado de promover y desplegar el talento nacional en el mercado europeo. Pero, ¿qué tanto esta oportunidad es aprovechada por cineastas y creadores y en vez de favorecer a los amigos de siempre?

Si bien es cierto que la industria cinematográfica internacional ha puesto su mirada en creadores mexicanos, como nunca antes lo había hecho en los últimos diez años, otorgándole reconocimientos a cineastas como Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, Emmanuel Lubezki, o Carlos Reygadas, esa atención no ha logrado reflejarse en políticas públicas que incentiven la maquinaria de la industria nacional, y por lo tanto, su crecimiento y desarrollo.

Desagraciadamente, en nuestro país gran parte del mercado del arte está cooptado por el sector público y es casi imposible emprender sin algún tipo de financiamiento público. Mientras que el incentivo fiscal EFICINE 189 ha sido una alternativa para producir cine en México, la mayoría de los apoyos que se dan a través de este mecanismo están destinados a productoras consolidadas o a los cineastas de siempre.

Según datos de Luis Vargas, director ejecutivo de ComScore Latinoamerica, México es uno de los países que más consume cine en el mundo: solamente en 2016 la taquilla alcanzó la cifra histórica de 1.34 billones de pesos. Pero la mayor parte de este dinero se queda en manos del duopolio de exhibidores que tenemos en nuestro país o en las grandes producciones de Hollywood. Muy poco de este dinero regresa a los pequeños y medianos productores de cine. Por lo tanto, la cinematografía no es un negocio sustentable para los creadores, quienes quedan atrapados en un circulo vicioso donde parece que la única alternativa es solicitar recursos a “papá gobierno”.

IMCINE presume que, durante 2016 unas 158 películas fueron producidas en México, sin embargo, muy pocas consiguieron una distribución en salas. Esto quiere decir que hay un gran porcentaje que se quedaron en el circuito de festivales con un mínimo de espectadores y muchas más que nadie vio. ¿De qué sirve producir tanto si se carece de ventanas de distribución y exhibición?

Estamos a pocos días de que el festival termine y la presencia de México no es protagónica en la página oficial del Festival ni en sus redes sociales, lo cual llama la atención, pues el director del IMCINE, Jorge Sánchez Sosa, fue muy enfático en que la delegación mexicana brillaría en el Festival. Sin embargo, hay que diferenciar que no es lo mismo el Festival de Cine, que su sección de mercado, pues el primero está destinada a críticos y espectadores especializados, mientras que la segunda está orientado a productores y distribuidores. Con esto se busca que el cine mexicano encuentre distribución internacional para posicionarlo en otros mercados. Sin embargo, analizando la lista de algunos integrantes de la delegación mexicana, se puede observar que la mayoría son nombres que suelen aparecer en estos festivales de manera recurrente, más allá si México es invitado de honor o no.

Como suele pasar en estos eventos internacionales, el gobierno poco apoya a los participantes y más bien, ellos acuden y participan por sus propios medios, y sólo cuando son reconocidos el IMCINE hace acto de presencia.

Otro de los factores que intervienen en la selección de estos participantes es el amiguismo o el compadrazgo que se benefician por las relaciones de conveniencia a nivel institucional, más allá de un sistema de meritocracia. En México la gente que destaca por su talento en la industria del cine casi siempre es porque buscó la forma de hacerlo a pesar de las instituciones. Y basta con ver las películas y los cineastas que se presentan en estos festivales, contra las películas mexicanas que se presentan en las salas de cine. Normalmente no son las mismas, pues el arte reconocido está peleado con la taquilla, y si no resulta redituable parece no existir justificación para apoyarlo.

Por lo tanto, es urgente fortalecer nuestra industria cinematográfica, generar un esquema en el que se pueda apoyar el talento, al mismo tiempo que generar sustentabilidad financiera en el sector, a fin de beneficiar al mismo tiempo, tanto a realizadores, como a exhibidores y sea la taquilla la que impulse el sector y no el gasto público.

 

* Israel León es Coordinador de Comunicación Institucional de Inteligencia Pública @IntPublica.

Close
Comentarios