El seguro de hogar en México: aún en pañales

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2015, en México, aproximadamente 55 millones de personas no cuentan con ningún tipo de seguro.

Por: Karina Tamayo (@Kar_Tamayo)

Los devastadores sismos del 7 y 29 de septiembre en México permitieron apreciar algunos de los mejores atributos de la sociedad mexicana, como la solidaridad, la empatía y la generosidad, las cuales derivaron en una participación y organización ciudadana similar a la vivida hace 32 años. Sin embargo, también dejaron ver algunos de sus principales males, como la corrupción, la deshonestidad, el oportunismo y la falta de una cultura de la previsión así como de un plan de emergencia ante este tipo de fenómenos.

Estas debilidades representan sin duda una importante oportunidad para reflexionar sobre sus causas y desde la ciudadanía comenzar a trabajar para erradicar los problemas de raíz; así como a presionar y exigir una mayor rendición de cuentas a las autoridades de gobierno, y demandar a éstas actuar en corresponsabilidad con cada una de las problemáticas. Sin embargo, también invitan al ciudadano, en lo individual, a tener mayor conciencia frente a su exposición a situaciones de riesgo en la vida cotidiana, y en particular, a desastres naturales.

En este sentido, una de las tantas necesidades que dejó al descubierto esta catástrofe, y relacionada a la falta de previsión de los mexicanos, es lo poco permeable de la educación financiera en nuestro país, y por tanto, la carencia de una cultura financiera sólida. A pesar del esfuerzo llevado a cabo por diversas instituciones de educación financiera en nuestro país a través de programas de capacitación, programas de divulgación y otras acciones como la organización de la Semana Nacional de Educación Financiera (SNEF), sensibilizar a la población sobre la importancia de contar con un seguro continúa siendo un reto significativo.

Las estadísticas ofrecen un panorama claro de la situación: de acuerdo a cifras de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2015, en México, aproximadamente 55 millones de personas no cuentan con ningún tipo de seguro (seguro de vida, de auto, casa, gastos médicos, entre otros); siendo su principal motivo su alto costo, seguido del desconocimiento sobre qué son, cómo funcionan o dónde solicitarlos. En otros términos, sólo 25 por ciento de la población tiene algún tipo de seguro, siendo los de mayor penetración el seguro de vida (74.5 %), el seguro de auto (32 %) y el seguro de gastos médicos (27 %).

Por su parte, los seguros de casa – habitación presentan una amplia brecha respecto al resto de seguros existentes en el mercado, ya que de acuerdo a datos de la Asociación Mexicana de Seguros (AMIS) sólo el 4.5 % de las viviendas están aseguradas sin estar vinculadas a un crédito hipotecario. Del total de las casas aseguradas, 25 por ciento cuenta con una póliza por crédito hipotecario; mientras que en los negocios el porcentaje de aseguramiento de propiedades se distribuye de la siguiente manera: 5 por ciento en las microempresas; 15 por ciento en pequeñas empresas y 50 por ciento en medianas y grandes empresas. Otras cifras de la misma institución señalan que 8.6 % de las viviendas cuentan con una póliza que cubra daños por desastres naturales, lo cual indica que casi 9 de 100 viviendas en el país están protegidas en caso de sismos, huracanes, erupciones volcánicas, entre otros eventos.

Este escenario refleja la necesidad de fortalecer la educación financiera en México, y en específico, respecto al seguro de hogar, cuya penetración es muy baja a pesar de la alta exposición del país a riesgos por sismo y temporadas de huracanes, y cuya tendencia ascendente es muy lenta y menor a la de países latinoamericanos como Ecuador, Chile y Perú.

Para revertir esta tendencia es indispensable comenzar por atender la enorme desinformación en torno a los seguros de vivienda, la cual ha generado mitos como su alto costo; la creencia sobre la baja vulnerabilidad o riesgos a los que están expuestos los bienes raíces; así como la idea de que este tipo de seguros solo aplica para los propietarios y para cubrir los daños de la estructura física. En este sentido, es deseable que tanto el gobierno como el sector privado refuercen y den un giro a las acciones en materia de educación financiera, que desde el 2008 (año en que se realizó la primera SNEF) no han dado como resultado una mayor cultura de prevención en materia de contratación de seguros.

Por otro lado, a la par de estas acciones educativas, es necesaria la creación de opciones más atractivas en el mercado asegurador de vivienda. Por su parte, el gobierno debe facilitar y legislar nuevos instrumentos financieros en el ramo, como los seguros colectivos, y ofrecer mayores incentivos fiscales como la opción de hacerlos plenamente deducibles. Mientras tanto, el sector privado debe reducir en lo posible los costos y comisiones de este tipo de instrumento.

Lo ocurrido en septiembre pasado, debe concientizar a la sociedad sobre la importancia de la protección no sólo de la vida, sino también de sus propiedades. Sin embargo, este último objetivo será inalcanzable sin una mejor educación financiera.

 

* Karina Tamayo es investigadora en Inteligencia Pública (@IntPublica).

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