Entre modas y valores

¿Qué modas y tendencias será las que combatirá la Comisión de la Familia del Senado, según su presidente José María Martínez? ¿Será la igualdad una de las modas a las que se refería el Senador? ¿La libertad sexual y reproductiva? ¿O será la libertad de elegir a quien amar y con quien compartir la vida de pareja?

Por: Estefanía Vela Barba (@samnbk)

La semana pasada se instauró la Comisión de la Familia y Desarrollo Humano en el Senado de la República. En el evento por virtud de la cual quedó instalada, el Presidente de esta nueva comisión ordinaria, el senador del PAN José María Martínez Martínez, explicó que su propósito es fortalecer a la familia, “esa escuela de solidaridad y de amor”. Esa “comunidad perfecta” que se integra a partir de “lazos naturales que ha predominado a lo largo de la historia y ha resistido embates de modas y tendencias”.

El senador se lamentó que “hoy no tenemos una distinción que cuando menos jurídicamente nos armonice el sentir o los sentires de todos los mexicanos, en concreto respecto del modelo que nosotros queremos” de la familia. Denunció que “la Corte ha metido demás” su interpretación sobre lo que es la familia y que “algunos estados, en concreto, el Distrito Federal, ha ido más allá, ha ido incluso, a través de modas y tendencias, tratando de adoptar [un] modelo de familia, sin que ello nos signifique [algo] a la mayoría de los mexicanos.”

Por ello, la Comisión tiene como propósito adoptar políticas que “ [] fortalezcan” a la familia. Será una Comisión que dejará de pensar “desde lo global” y comenzará a pensar “desde lo local”. Y, por último, será una Comisión que trabajará en contra de las “modas y tendencias que nos han llevado a pensar en la muerte.” “No queremos el aborto”, afirmó su Presidente, “queremos trabajar en función exactamente de la vida.”[i]

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Mi interpretación inicial de la intervención del Senador fue muy sencilla: se estaba manifestando en contra de las familias homoparentales. En la mayoría de las lecturas que he realizado, siempre que se apelan a los lazos naturales, se refieren a los que se basan en la sangre. Dado que dos hombres y dos mujeres son incapaces, hasta el día de hoy, de tener hijos biológicos entre sí, quedan, por lo general, excluidos de esos lazos. Si a ello le sumo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha resuelto al menos cinco casos a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo[ii] y que el Distrito Federal fue el primero que reconoció, tanto el matrimonio, como el concubinato para estas parejas, mi interpretación no me pareció descabellada.

Sin embargo, el Senador afirmó que, contrario a lo que muchos interpretamos, nunca “se centró, ni [se centrará] en la homosexualidad, pues [ha] sido siempre respetuoso de quienes lo son y los que no”. Para él, aclaró, la familia la conforman la “madre e hijos, padre e hijos, padres e hijos, abuelos, tíos, sobrinos [y] primos”. Varios preguntamos si dentro de “padres e hijos” incluía a los padres (¿y madres?) que fueran del mismo sexo. No respondió. A la pregunta sobre las “modas y tendencias” a las que había resistido la familia, él respondió: “patriarcados, matriarcados, políticas desintegradoras, etc”. No dijo más al respecto.

Persistió mi duda. ¿Cuál sería el concepto de familia que, para él, no armoniza con el sentir de “todos los mexicanos”? Pensé en los cambios más significativos a la regulación de la familia en décadas recientes. Está la igualdad jurídica entre los hombres y las mujeres, que vino a modificar el matrimonio, erradicando las obligaciones diferenciadas que establecía para los esposos y las esposas. También ha venido a modificar el tratamiento diferenciado que se establecía entre padres y madres, para garantizar que ambos tengan los mismos derechos y obligaciones frente a sus hijos. ¿Será la igualdad una de las modas a las que se refería el Senador?

Pensé en la violación entre cónyuges: hasta el 2005, la Corte consideraba que si un cónyuge violaba a su cónyuge, no era violación (era, si acaso, el ejercicio indebido de un derecho: el derecho a la relación sexual con potencial procreativo). En la Solicitud de Modificación de Jurisprudencia 9/2005, finalmente determinó que el derecho a decidir debía prevalecer sobre el “fin” reproductivo del matrimonio: una persona tiene derecho a no tener sexo incluso estando casada. ¿Será la libertad sexual y reproductiva una de las modas a las que se refería el Senador?

Luego pensé en el divorcio unilateral y sin causales. En el 2008, el Distrito Federal se convirtió en la primera entidad federativa en reconocerle a las personas la posibilidad de disolver sus matrimonios sin requerir el consentimiento de su pareja, ni tener que comprobarle a la autoridad una razón legítima para ello. En múltiples ocasiones ya la Corte ha determinado que esta reforma es constitucional, porque es una manera de evitar conflictos innecesarios –cuando el vínculo ya está roto, insistir en su permanencia genera más desgasteque reconciliación– y de respetar el libre desarrollo de la personalidad. ¿Será la libertad de elegir a quien amar y con quien compartir la vida de pareja la moda a la que se refería el Senador?

Por supuesto que hay mucho que hacer tratándose de las familias. En el último año, por ejemplo, gracias al caso del ex Ministro de la Corte Genaro Góngora Pimentel, se discutió sobre la urgencia de tener una política que garantice el pago de las pensiones alimenticias para los niños y niñas. En las últimas semanas, por ejemplo, salió a relucir lo fundamental de contar con políticas públicas que le garanticen a las mujeres medios para la lactancia y así poderle dar el mejor alimento a sus hijos e hijas. En esta misma línea, están las políticas que buscan armonizar la vida familiar con la laboral y que así, mujeres y hombres puedan involucrarse más con sus hijos, sin sufrir económicamente por ello. Si algo nos debe recordar el Día del Padre es que debemos promover que los padres, como las madres, disfruten de una relación íntima, emocional, cotidiana –libre de estereotipos– con sus hijos. Siempre presente en la agenda pública está el problema de la violencia familiar. Nuestros esfuerzos deberían encaminarse, sin duda, a prevenirla y castigarla.

Coincido con el Senador en que la familia debe ser uno de los espacios –porque no es el único– en los que construimos “ciudadanos con valor y con valores”. Para mí, dos de los valores fundamentales que se deben transmitir desde el Estado son el de la igualdad y la libertad, en un marco de respeto y seguridad. Más que una moda, para mí ese es el compromiso constitucional.

 

 

* Estefanía Vela es Profesora Asociada y Responsable del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos de la División de Estudios Jurídicos del CIDE.

 

 

[i] En este texto no analizo las implicaciones de la Comisión para el tema del aborto. Sin embargo, sugiero leer el texto que publicó Regina Tamés el día de ayer al respecto.Solamente un comentario: decir que se está a favor de “la vida” dice poco: ¿a favor de la vida de quién? ¿A favor de qué tipo de vida? Lo mismo aplica para los que afirman proteger a “la familia”: ¿qué familia? ¿En qué condiciones? ¿Por qué razones? Al escuchar al Senador, no pude dejar de pensar en cómo todo lo que afirmaba en torno a la familia –especialmente que se trata de una escuela de “solidaridad y amor”– aplica perfectamente para las familias homoparentales: éstas también son capaces de dar amor y fomentar la solidaridad, de proveer lo básico –y más– para sus integrantes. Tan es así, de hecho, que hay quienes califican a la lucha por el matrimonio entre personas del mismo sexo como una que es conservadora: que busca conservar al matrimonio –que implica que el Estado regula y controla a la relación de pareja–, más que buscar otras alternativas de relaciones afectivas. Si lo que quieren es tener a más personas interesadas en formar lazos duraderos, que las lleven a apoyarse emocional y económicamente a lo largo de sus vidas, el matrimonio entre personas del mismo sexo es afín a ese propósito.

[ii] Hasta el día de hoy, la Corte ha resuelto la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010 –en la que determinó que permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo era constitucional– y los Amparos en Revisión 581/2012, 567/2012, 457/2012 y 152/2013 –en los que determinó que excluir a las parejas del mismo sexo del matrimonio era inconstitucional–.

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