Una brújula rumbo a la Huelga de Mujeres #8M

En un contexto de agudización de la violencia hacia las mujeres, las feministas convocamos a realizar una huelga internacional y a demostrar que las aspiraciones transformadoras de la revolución feminista del siglo pasado siguen pendientes.

Por: Karla Motte (@KarlaMotte)

La huelga internacional de mujeres que se realizará el próximo 8 de marzo ya se avizora como un hito en construcción, que seguramente marcará una coyuntura significativa para la historia del feminismo. En este mundo plenamente globalizado, desafortunadamente los avances político-sociales del feminismo histórico están en crisis: la ola creciente de violencia hacia las mujeres, la arremetida misógina y antidiversa de poderosos grupos conservadores, la prevalencia de una repartición desigual del trabajo en las esferas pública y privada, la inequidad salarial entre géneros, la impunidad en materia de violencia feminicida, la satanización del aborto y de la libertad sexual en el discurso público, así como la estigmatización del movimiento feminista en múltiples esferas, son condiciones que se han agravado en prácticamente todo el mundo.

Ante tales circunstancias, la aldea feminista global ha recurrido a una poderosa estrategia que tiene probado su enorme potencial para generar cambios profundos: la huelga. Como un significativo ejercicio histórico a través de un paro de labores, conmemoraremos este año diversas luchas de las mujeres obreras que en las primeras décadas del siglo XX exigieron mejoras a sus condiciones laborales.* Ahora, en un contexto de agudización de la violencia hacia las mujeres, las feministas convocamos a realizar una huelga internacional y a demostrar que las aspiraciones transformadoras de la revolución feminista del siglo pasado siguen pendientes.

Los ejemplos históricos de mujeres en huelga son abundantes. En diversos momentos se ha recurrido a la huelga como estrategia de acción, sobre todo en el marco de las luchas obreras;[1] sin embargo, fue hasta los tiempos de la posguerra que las feministas exploraron una dimensión inédita de este mecanismo de lucha. Quizá el primer antecedente de la organización de una huelga de mujeres fuera del ámbito de la fábrica, fue la Huelga de la Mujeres por la Paz de 1961, que se manifestó en contra de las pruebas atómicas de Estados Unidos. Se sumaron muchas mujeres, pero la venia pacifista no era propiamente una demanda que involucrara a la agenda del incipiente feminismo de la llamada “segunda ola”.

Cinco años después, un llamado a la huelga por parte de un grupo de mujeres culminó con una numerosa manifestación por las calles de Washington D.C., y dio inicio a una de las organizaciones feministas más significativas de la época: la National Organization of Women (NOW) que, en su momento, tuvo como bandera de lucha inicial la demanda de un servicio integral de guarderías. Gracias a NOW ocurrió un punto de inflexión de la organización feminista que detonó múltiples articulaciones, escisiones y una constante reflexión de las mujeres desde diversas facetas: el poder, las jerarquías, las condiciones sociales, el colonialismo, la clase, la racialización, la sexualidad, la religión… y un larguísimo etcétera que, afortunadamente, no se detiene.

Pero hay un hito al que, sin duda, debemos voltear la vista ahora: la huelga de mujeres de Islandia en 1975. Un fin de semana de octubre, cerca del 90 % de las habitantes de Reikiavik, la capital de aquél país, atendieron la propuesta de declararse en paro y salir a protestar en contra de la subvaloración del trabajo femenino y la inequidad salarial. Si bien desde el siglo XIX miles de obreros y obreras del mundo habían luchado por el reconocimiento de las huelgas como el mecanismo más poderoso para alcanzar sus demandas, en pleno apogeo de la segunda ola del feminismo las islandesas demostraron una dimensión nunca antes vista de la cadena productiva: el trabajo de las mujeres sostenía, de hecho, a la estructura económica capitalista. Hasta a Marx se le había escapado ese detalle.

La huelga de mujeres de Islandia, un hito histórico del feminismo de la segunda ola.

La huelga de mujeres en Islandia se enmarcó en las acciones que emprendieron y avalaron las esferas institucionales -y masculinas- del mundo, impulsadas por la ONU con motivo del Año Internacional de la Mujer. Las islandesas se unieron a las conmemoraciones y consideraron que dejar de trabajar era la mejor manera de hacer visible la importancia de sus labores, así que idearon la huelga y consideraron que podrían lograr su aceptación unánime suavizando la protesta y evitando la confrontación, por lo que invitaron a las mujeres a “tomarse el día libre”.

Aunque este movimiento no tenía el fin de colapsar la estructura económica, pues fue un acto festivo, negociado y tuvo gran aceptación entre el grueso de las mujeres, gobierno y empresarios; sí implicó un hito para el feminismo, demostró los alcances de la organización femenina y en los hechos visibilizó que el trabajo de las mujeres, en las esferas pública y privada, era el primer eslabón de la economía. Se dice que la mayoría de las actividades económicas de la ciudad fueron irrealizables sin ellas, además de que los varones tuvieron que involucrarse en el trabajo doméstico.[2]

Manifestación masiva en Reikiavik durante el día libre de las mujeres.

Mientras Islandia se colocaba mediáticamente como “el país más feminista”, nuestro país tenía la atención del mundo en la misma materia, pues el presidente Luis Echeverría Álvarez logró que la ONU designara a México como la sede de la conferencia mundial por el Año Internacional de la Mujer. En plena crisis política post-68, el gobierno mexicano había adoptado una retórica progresista, que además de incluir a los jóvenes se intentó apropiar, con bastante torpeza, de las demandas de las mujeres.

A la celebración concurrieron personalidades de todo el mundo, y el presidente Echeverría tuvo a bien nombrar a un varón como organizador de las actividades; era el Club de Tobi de los años del carro completo y el presidencialismo unipartidista-masculino. Sin embargo, en ese momento las feministas mexicanas inauguraron una práctica que han replicado hasta la actualidad en nuestro país: la organización autónoma de eventos paralelos a los oficiales.

Mientras el séquito gubernamental conferenciaba sobre los temas que trazaban las instituciones, las feministas independientes debatían sobre el derecho al aborto, la prostitución y la libre sexualidad, temas polémicos en una sociedad predominantemente conservadora. Pero, además, en el evento también se mostró la amplia diversidad de posturas y demandas del feminismo de la época. Personalidades como Betty Friedan, fundadora de NOW; Adelina Zendejas, feminista de la vieja guardia mexicana, y Nancy Cárdenas, activista por la diversidad sexual, debatieron intensamente y mostraron las hondas diferencias entre los llamados Primer y Tercer Mundo.

Al igual que ahora, el feminismo era un campo enteramente abierto a la discusión diversa, a múltiples puntos de vista y a reflexiones que, continuamente, se tornan incompatibles. Sin embargo, en diversos momentos de la historia los feminismos también han logrado unificarse en coyunturas particulares. En el presente, tenemos el privilegio de observar una revitalización sin precedentes, que se torna masiva, del feminismo de todo el mundo. Quizá animado por la inédita libertad de expresión abierta por los medios digitales, el feminismo se ha articulado, aun con sus diferencias internas, en todo el orbe.

Recientemente las mujeres de Polonia declararon la huelga contra la penalización del aborto y las argentinas hicieron lo propio contra la violencia feminicida, retomando una poderosa herramienta ya utilizada por nuestras abuelas de la segunda ola. Ellas fueron un referente para el poderoso llamado a la huelga internacional de este 8 de marzo, que tiene un potencial enorme para mostrar que a pesar de que muchos gobiernos, medios e instituciones han acogido en su retórica algunas de las demandas feministas, las condiciones empeoran y las mujeres organizadas no estamos dispuestas a tolerarlo.

Huelga de mujeres en Polonia contra la penalización del aborto.

Ni una menos, huelga contra la violencia feminicida en Argentina.

Si nuestras antecesoras de las décadas de 1960 y 1970 lograron marcar una nueva época en la historia del feminismo, fue gracias a que hicieron un balance colectivo sobre el pasado y el presente. Ellas lograron distanciarse de sus antecesoras, que habían luchado por ingresar al poder institucional sin prever que los cambios culturales debían ser punta de lanza para lograr modificar el estatus de las mujeres en todas las esferas; así abrieron un nuevo camino de lucha, que es su legado para nosotras. Por eso, mirar al pasado puede otorgarnos una brújula certera y mostrarnos que las condiciones no se han modificado hondamente, por lo que la lucha feminista debe continuar. La huelga, un camino trazado por nuestras abuelas, es un buen camino.

 

 

* Karla Motte es Historiadora, estudiante del doctorado en Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialista en la historia política de México contemporáneo y la historia de las mujeres.

 

 

[1] Agradezco a la historiadora Nancy López Salais por compartirme sus investigaciones sobre el activismo laboral de las mujeres obreras de la ciudad de México en el porfiriato.

[2] La memoria histórica de este acontecimiento continúa siendo muy poderosa en Islandia. Como ejemplo puede verse el reciente documental de Michael Moore “Were to invade Next”, en el cual aborda la presencia de las islandesas en la política y las empresas, como uno de los legados de la huelga de mujeres de 1975.

 

 

* Originalmente este artículo hacía referencia específica a la lucha de mujeres obreras de Nueva York, que fueron asesinadas en 1908. Sin embargo, tras una revisión de la polémica sobre la veracidad de este acontecimiento, se ha decidido retirar esa referencia (véase este artículo para un repaso de esta controversia: * Aunque se ha cuestionado la veracidad histórica del origen de la conmemoración histórica del 8 de marzo, por carecer de pruebas documentales, por el momento me inclino por la versión más difundida, que indica que un numeroso grupo de mujeres murió debido a un incendio durante la huelga en New York, en 1908. Para mayor información sobre la polémica, ver aquí).

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