Los números del gasolinazo

Desde el punto de vista técnico, el incremento al precio de las gasolinas es correcto. Pero como política social, la medida fue inoportuna e insensible.

En términos de finanzas públicas, el gasolinazo era inevitable. Casi el 70 % de la gasolina que se consume en México es importada, por lo que el incremento en dólares del precio internacional del combustible, aunado a la devaluación del peso, impactaron directamente en el costo que para nuestro país representaba adquirirla.

La disyuntiva para el gobierno era quién asumiría ese costo: si él mismo o los consumidores finales. El resultado ya lo conocemos. En su mensaje de Año Nuevo, el presidente Enrique Peña Nieto justificó el aumento del precio de la gasolina en el hecho de que las finanzas públicas no daban margen para una decisión distinta. De ahí que, como siempre, se haya optado por la alternativa de que nosotros carguemos con la cruda de la borrachera petrolera y de irresponsabilidad financiera no sólo de sexenios anteriores, sino también de la actual administración.

Es cierto que el gasolinazo no es producto de mayores impuestos y, por lo tanto, que no tiende a incrementar la recaudación fiscal. Desde 2016, el IEPS se ha mantenido en cantidad fija por litro: 3.52 pesos la gasolina Magna, 4.16 pesos la Premium y 4.58 pesos el diésel. La medida consistió en un aumento directo del 20 % acordada por la Comisión Reguladora de Energía, con el propósito de evitar subsidios estatales.

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El discurso oficial es que la decisión tomada, aunque dolorosa y molesta, fue la mejor de todas las posibles, y se ha insistido en que la misma no tendrá un impacto significativo en la inflación de nuestro país. También se ha dicho que esta medida era necesaria para volver competitivo al sector energético mexicano. De igual forma, se nos alerta que de no haberse incrementado los precios de los combustibles, se habrían tenido que crear nuevos impuestos y recortado programas sociales.

Según el presidente, no había otra alternativa. Por eso su pregunta: “¿Qué hubieran hecho ustedes?”. Desde el punto de vista técnico, la decisión es la correcta. Sin embargo, todo indica que como política social la misma fue inoportuna e insensible. La chispa del gasolinazo cayó en hojarasca seca y dinamitó el enojo ciudadano, como los hechos lo evidencia. Veamos por qué:

a) El presidente Peña Nieto ha insistido que de no aumentarse el precio de las gasolinas, estas se habrían subsidiado con 200 mil millones de pesos. En principio, en una economía de libre mercado los subsidios de cualquier tipo son nocivos. Sin embargo, esto no puede sostenerse a rajatabla, dado que, en ocasiones, los subsidios son necesarios para proteger los intereses de los consumidores y de la sociedad, así como determinadas áreas de la economía. Los apoyos al sector agropecuario son un ejemplo de ello.

b) En años anteriores, el gobierno ha subsidiado anualmente las gasolinas hasta en un 1.8 % del PIB. Sin embargo, esta cifra pierde relevancia cuando se compara con el costo de la corrupción en México, la cual representa entre el 2 y 10 % del PIB (es difícil hacer un estimado preciso); o la evasión fiscal, la cual constituye el 2.6 % del PIB. De hecho, México tiene la menor recaudación dentro de la OCDE: tan solo el 12 % del PIB en comparación al 33 %, en promedio, de los demás países.

Así, 200 mil millones de pesos de subsidio es insustancial comparado con el potencial de ingresos fiscales que podría obtener la federación, de decidirse a combatir con determinación la corrupción y la evasión fiscal.

c) Otro argumento del gobierno ha sido que el aumento del 20 % incentivará la competencia económica. El secretario de Hacienda ha recalcado que México tiene una de las gasolinas más baratas del mundo (0.83 dólares por litro). Esto es cierto en términos nominales. Sin embargo, de acuerdo a reportes de la OCDE, resulta que al comparar ese precio con el salario mínimo, son de las más caras a nivel mundial.

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d) En cuanto a Pemex, es difícil imaginar que pueda convertirse en una empresa verdaderamente competitiva debido, entre otras cosas, a su tamaño absurdo. Un ejemplo lo corrobora: Statoil, la petrolera Noruega y una de las más competitivas a nivel mundial, tiene 21 mil trabajadores en todo el mundo. Por su parte, Pemex cuenta con más de 100 mil empleados registrados en nómina y casi el mismo número de pensionados. En cuanto a sus ganancias, la empresa noruega llega a 120 mil millones de dólares mientras que Pemex genera 125 mil millones.

e) El secretario de Hacienda ha asegurado que los nuevos precios no ocasionarán mayor inflación. Sin embargo, la experiencia histórica y la evidencia macroeconómica dan motivos para afirmar lo contrario. En efecto, está fuera de duda que el gasolinazo repercutirá en el costo de producción de múltiples bienes y servicios. De hecho, la Comisión Federal de Electricidad informó que ha aumentado sus tarifas por ese motivo. Diversos concesionarios de transporte público anunciaron también incrementos. Uber hizo lo mismo.

Aceptemos que en aras de proteger las finanzas públicas, el nuevo precio de las gasolinas era insalvable. El problema, sin embargo, es que el gobierno federal no ha presentado planes complementarios para sanear las finanzas desde perspectivas diversas: reducción del gasto innecesario y dispendioso, combate a la corrupción gubernamental, lucha contra la evasión fiscal y contención del endeudamiento público, el cual, en lo que va del sexenio peñista, ha crecido 3.4 billones de pesos.

Todo indica que, en el mejor de los casos, los ingresos del gasolinazo se destinarán al gasto corriente del Estado, es decir, al sostenimiento del aparato burocrático. En el peor, terminarán en los bolsillos de la clase política y gobernante. La experiencia en este sexenio así lo demuestra.

Percibimos que desde el confort del Palacio Nacional el discurso político es: “Ustedes carguen por completo con el muerto, que nosotros continuaremos disfrutando de nuestros privilegios”. Ante una percepción de este tipo, el hartazgo ciudadano es entendible. De ahí que cualquier decisión técnica tomada, por más atinada que sea, está desfasada de la realidad social. Los disturbios de estos días así lo revelan.

 

@LuisPerezdeAcha

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Comentarios
  • Jaime

    EMPEZASTE EL ARTICULO CON UNA MENTIRA FLAGRANTE DICIENDO QUE EL GASOLINAZO ERA INDISPENSABLE. NO LO ES, NO SE APLICA A PROGRAMAS SOCIALES, SOLO ALUMENTA LA CORRUPCIÓN DE SUS PROMOTORES

  • Walter B Salinas

    Buena noche.
    Pienso que debe leer el Sabueso aquí mismo para que revise sus números. No hubo recorte al gasto público sino todo lo contrario: un gasto exorbitante cercano a los $200,000 MDP. Este aumento se adelantó por tanto gasto, tanta corrupción, tanta impunidad, y es precisamente lo que el torpe gobierno no va a tocar.

    ¡NO MÁS PAGO DE IMPUESTOS!

  • teran lopez juan jose

    Llego la hora de la verdad desmintiendo el discurso de peña sobre el gasolinazo https://www.youtube.com/watch?v=Paug1xnjxEM COMPARTAN ESTO LO TINENE QUE SABER TODO MEXICO