Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadred2@hotmail.com

Ver Más

Quiero seguir yendo al cine

Ojalá se tratara de un guión cinematográfico, porque tiene todos los ingredientes de una película de Alfred Hitchcock o de los hermanos Cohen. Pero no. Terroríficamente, se trata de un caso pasmosamente real en el que nadie sabe nada, nadie vio nada, nadie entendió nada y nadie hizo nada bien. Ni el personal de la cadena de cine Cinépolis, ni mucho menos las autoridades, y si me apuran un poco, ni el papá, aunque en este caso sea por razones perfectamente entendibles ante la situación en la que se encontraba. No se entiende bien qué fue lo que pasó, porque si algo caracteriza a este caso es la falta de información clara y precisa.

¿Qué sí sabemos? Que el pasado viernes 2 de noviembre, a las 20:40 horas, un pequeño veía con su padre y su hermana mayor la película Ralph El demoledor, en una sala de la mencionada cadena de cines en Plaza Ermita, en Iztapalapa. A los pocos minutos de iniciada la función, el padre sintió que algo rozaba su brazo, para luego ver a su hijo convulsionándose. Trató de hacer que reaccionara y tras no conseguirlo, dejó al niño con la hermana y salió en busca de ayuda con los empleados del lugar.

Y a partir de aquí, todo se torna confuso:

De acuerdo con una entrevista que le hizo W Radio al padre del niño  entre el momento en que salió a buscar al gerente para pedir ayuda y el niño es auxiliado, se registró un pequeño altercado con las personas que se encontraban alrededor, por la suposición de que alguien le había aventado algo al niño e incluso por la acusación de uno de los presentes respecto a que el propio padre le había hecho daño.

En ningún momento hubo hemorragia o sangrado que hiciera sospechar que se trataba de algo más grave que un golpe en la parte posterior de la cabeza (región parietal derecha, señala la necropsia).  “Apenas un hilo de sangre”, dijo el padre, aunque nunca mencionó si el niño logró recuperarse de las convulsiones o recuperar la conciencia.

Personal del cine y el padre del menor decidieron llevar al chiquillo a un hospital ante la demora de la ambulancia que ya habían solicitado. Por la cercanía subieron al pequeño a un auto de la empresa y el papá pidió que lo esperaran mientras iba en busca de su auto, según dijo en la entrevista. Cuando regresó, los empleados del cine ya se habían adelantado para llevar al niño al Hospital General de Zona Iztapalapa (conocido como Hospital de la Comunidad Económica Europea) donde lo dejaron. Una vez que llegó el papá, le indicaron que el menor no podía ser atendido en las condiciones en las que se encontraba, por lo que fue trasladado al hospital Dalinde.

Esta información no coincide con la nota publicada originalmente por La Razón,  la cual da a entender que siempre se supo que había sido un balazo y señala que “nunca llegó una ambulancia” a Cinépolis (¿infiriendo que no se solicitó?), además de que los empleados del cine trasladaron al niño “en la cajuela” del auto y sin permiso del padre.

Independientemente de las inconsistencias entre la nota original y las declaraciones posteriores del papá, el primer hecho incontrovertible es que en ningún momento hubo alguien que pensara que el niño había recibido el balazo que lo mató, lo cual fue revelado al padre por el personal médico del hospital Dalinde a través de una tomografía y confirmado por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

El segundo hecho es que el personal de Cinépolis trató el caso como algo menor que no ameritaba seguimiento de su parte en lo que respecta al tratamiento médico y mucho menos ser reportado a la policía. A tal grado, que la función sólo fue suspendida momentáneamente en lo que trasladaban al pequeño en una camilla fuera de la sala. Acto seguido, todo mundo continuó viendo la película como si nada hubiera pasado.

Y el tercer hecho, el peor de todos, es que una vez conocido el homicidio, la PGJDF no investigara y haya esperado 10 días para actuar, presionado por la denuncia pública del padre. Sólo entonces decidieron asegurar la sala donde se registró el grave incidente y donde, seguramente, las evidencias los deben estar esperando, como bien señaló ayer el periodista @puigcarlos. Después de, qué les gusta, ¿40 funciones adicionales a la de ese fatídico día?

Como muchos de ustedes, mi familia y yo somos adictos al cine. Todos los fines de semana, sin falta, vamos por lo menos a una función. Dentro de nuestro presupuesto, estas idas están contempladas como parte de los gastos esenciales, básicos, imprescindibles. No concebimos nuestra vida sin él.

En casa, hace meses que Cinépolis le ganó la batalla a Cinemex al numerar sus asientos y al enviar los boletos comprados con tarjeta bancaria, vía un código de barras por mensaje al celular. Simplemente no concibo la posibilidad de que este remanso de ilusión y de reconciliación semanal con la humanidad se vea alterado, o incluso cancelado, por la posibilidad de que el crimen cometido contra el pequeño no se resuelva. O peor aún, se repitiera.

Una conductora de radio exigía ayer que Cinépolis instale detectores de metal en las entradas de sus salas para impedir que se registren más crímenes. “Ni modo”, afirmaba contundente, como si no hubiera otra forma de hacer frente a esta grave situación en particular. De hecho, Cinépolis, Cinemex y la mayoría de las cadenas de cine tienen parte de la solución en sus manos: limitar la venta de boletos a través de tarjetas bancarias, de débito o de crédito, y eliminar el pago en efectivo. Esta idea no se me ocurrió a mí. En estas mismas páginas lo ha planteado Alejandro Hope  como una forma de combatir el delito y al crimen organizado.

Si hay forma de rastrear, por la compra de los boletos, quiénes estaban sentados en los asientos ubicados en el radio de un metro alrededor de donde se sentó el pequeño fallecido, la autoridad tendrá una parte muy importante de la investigación avanzada. Pero lo mejor de una estrategia en este sentido es su poder de disuasión para que alguien, que puede ser identificado, se le ocurra cometer un delito ya no digamos un homicidio. ¿Qué la tarjeta puede ser robada? De acuerdo, pero dudo mucho que un delincuente clone una para ir al cine. ¿Qué no todos tienen tarjeta? La compra se puede hacer a través de las de puntos o membresías, las cuales sólo se emiten con identificación.

Opciones hay, sólo hace falta voluntad y decisión para instrumentarlas. Lo que ya no se vale, a estas alturas de la violencia y la inseguridad que vive el país, es que nos sigan tratando –y nos sigamos comportando- como los corderos que van al matadero sin posibilidad de cambiar nuestro destino. Si Cinépolis o cualquiera otra sala de cine no puede impedir que alguien ingrese a sus instalaciones con un arma, por lo menos debería imposibilitar que se vaya impune si comete algún daño. Más tratándose del cobarde asesinato de un pequeño de 10 años.

Related

Deja un comentario