Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadremx@animalpolitico.com

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El hijo es mío y te friegas

Mi amigo Juan está casado y tiene dos hijos, un niño y una niña. Pequeños, no rebasan los cinco años de edad. Hace 10 años, su pareja de entonces se embarazó sin su consentimiento. Dentro de los planes de Juan no estaba tener un hijo de esa forma, pero aceptó los hechos. Acordaron vivir juntos y formar una familia.

Por razones que desconozco, la relación terminó antes del nacimiento de la niña. Desgraciadamente fue una ruptura drástica: el “no quiero volver a saber nada de ti” fue tan literal y tajante, que Juan no pudo conocer a su hija. Su ex pareja y su familia le impidieron el paso al hospital, a su casa y a la vida de su primogénita. En todos estos años nunca la ha podido abrazar, ni besar, ni convivir con ella. No sabe si su hija conoce su existencia ni cuál es la historia que le han contado. Después de mucho insistir en todas las formas posibles, incluida la legal, desistió. Y continuó con su vida.

Su actual esposa sabe que la pequeña existe. Tan lo sabe, que estuvo de acuerdo con que Juan mantuviera la creciente cuenta bancaria que le abrió a su hija el día en que nació, como una forma de prepararse para cuando sea mayor de edad, autónoma y con poder de decisión. Fue la mejor manera que encontró de demostrarle, cuando llegue el momento, que siempre la ha tenido presente, que nunca la olvidó.

 

La plática que Juan no tendrá con su hija

 

Evidentemente, el caso de Juan forma parte de una minoría comparado con los padres desobligados a quienes no les interesa los hijos que van regando por la vida. No en balde el Instituto Nacional de las Mujeres (@inmujeres), con base en datos del INEGI, reporta que en todo el país más de 5 millones de madres viven solas con sus hijos. Es decir, una de cada tres familias a nivel nacional está encabezada por una mujer sola.

A esta realidad hay que agregar el hecho de que sólo el 32.5 por ciento de los padres que no viven con sus hijos pasa una pensión, y de éstos, sólo el 15 por ciento participa además en su educación, según el estudio “Límites y alcances de las madres solas”, publicado por la facultad de Derecho de la UNAM.

Sin embargo, el número de madres solteras por elección ha crecido en los últimos años, gracias al apoyo de un amigo o ex pareja, o a los métodos de reproducción asistida. Y por supuesto, también a la decisión de embarazarse sin consultar al portador del esperma.

Del total mencionado, no sabemos cuántos casos se encuentren en la situación de Juan. Así fuera el único, atenta contra los derechos fundamentales de padres e hijos, no sólo por la obvia y lamentable decisión de expulsar de la vida de las criaturas a ese hombre dispuesto a participar, emocional y económicamente, sino por la indecente decisión de utilizarlo y procrear sin su consentimiento o, peor aún, a sabiendas de su negativa a tener hijos.

Yo crecí con la venia de mi madre para ser madre soltera llegado el momento. No sé si me veía con cara de que me quedaría a vestir santos, que me preparó psicológicamente para la posibilidad de tener un hijo aunque no tuviera pareja. No tuve oportunidad de considerarlo, porque conocí al padre de mis hijas antes de que mi reloj biológico sonara.

Mi amiga Fabi, sin embargo, decidió que no esperaría ni un minuto más a que su media naranja apareciera. Hace un año optó por la fertilización in vitro, luego de que su conciencia le impidiera pedirle el favor a un amigo o meter en problemas a su ex pareja. También está el caso de mi amiga Angie, quien decidió que no tendría hijos si no contaba con una pareja estable. Ahora que la tiene, el tiempo de procrear ya pasó. Hoy se debaten entre la adopción o quedarse sin hijos, todavía no deciden. En todo caso, mis amigas decidieron hacerse responsables de sus acciones sin dañar a alguien más.

Deseo de corazón que cuando llegue el momento, Juan y su hija tengan la oportunidad de compensar el tiempo perdido. Que él pueda pedirle perdón por haber desistido y que ella tenga la madurez de perdonar. Pero sobre todo, que la madre de la niña reconozca ante sí misma la injusticia que cometió con ese hombre que le gustó para padre de su hija y cuyo comportamiento responsable ya quisiera cualquier madre soltera para un día de campo.

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