Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadremx@animalpolitico.com

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Me quedo con los jóvenes

 

El 2 de octubre de 1968, mis abuelos maternos se encontraban en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco a la hora del mitin convocado por el Consejo Nacional de Huelga. Iban con su hija menor, entonces de 18 años y alumna de la Escuela Normal para Maestros, y tres nietos, de 5, 3 y 2 años respectivamente. Acudieron porque la plaza se encontraba a unos pasos de su edificio, el San Luis Potosí, y porque les gustaba el ambiente festivo que traían los jóvenes.

Después de un rato en la Plaza, mi abuelo empezó a notar el movimiento de los helicópteros y a los hombres de civil que portaban un guante blanco. Cuando uno de los helicópteros soltó una luz de bengala decidió que había sido suficiente y se llevó a toda su tropa de regreso al departamento. Apenas alcanzaron a guarecerse antes de que empezaran a oír los disparos que mataron a centenares de personas, en el fuego cruzado entre el Ejército y el Batallón Olimpia.

El drama para mis abuelos no acabó ahí. Un joven preparatoriano, moribundo, alcanzó a meterse al pasillo del edificio en un intento desesperado por encontrar quién le diera refugio. Por el miedo a los soldados que rodeaban la zona, mi abuelo se negó a abrir la puerta a pesar de los gritos desgarradores de su hija de 18 para que lo ayudaran. Al día siguiente se enteraron que el estudiante había fallecido.

44 años han pasado desde entonces y parece que nada hemos aprendido. Y no lo digo por los estudiantes, lo digo por la autoridad.

El pasado sábado 1 de diciembre, jóvenes que participaban en diversas manifestaciones de protesta por la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como Presidente de la República, se enfrentaron a lo largo del día con las fuerzas policíacas y realizaron actos vandálicos que provocaron pérdidas económicas importantes para la Ciudad. 92 personas fueron detenidas y 69 consignadas, acusadas prácticamente de terrorismo. 12 menores salieron libres. El jefe de Gobierno de la Ciudad, Marcelo Ebrard, aseguró que “los ataques vandálicos fueron planeados”, mientras que el periódico Reforma reportó que integrantes de un grupo “anarquista” llamado Unión de la Juventud Revolucionaria México presuntamente revelaron a la autoridad que les pagaron 300 pesos a cada uno para causar disturbios y reventar la toma de protesta de Peña.

El Starbucks de Reforma y Lafragua Foto: Alex Torres (@torresalex)

Desde el sábado, familiares, legisladores del Movimiento Ciudadano y la recién conformada Liga de Abogados 1 de diciembre, aseguran que más del 50 por ciento de los detenidos no tienen que ver con los disturbios y han pedido a la autoridad su liberación. Estudiantes del #YoSoy132 marcharon ayer de nueva cuenta para apoyar la petición.

La terraza del restaurante Le Meridien, sobre Paseo de la Reforma Foto: Alex Torres (@torresalex)

Por primera vez en los últimos seis años, coincido con Andrés Manuel López Obrador respecto a que no había motivo para usar la fuerza contra los jóvenes. Antes de que me linchen, dejen les explico: no había necesidad de aporrear parejo a todo mundo después de cometidos los actos vandálicos, sin importar si participaron en ellos o no, cuando debieron desde el primer momento haber controlado y desactivado las provocaciones que se registraron desde las 7 de la mañana en los alrededores del Palacio de San Lázaro.

Los jóvenes irresponsables y criminales que participaron el sábado en los actos vandálicos, pertenezcan al 132 o no, les hayan pagado o no, son eso: jóvenes irresponsables. De nueva cuentan, en quien debe caber la prudencia y el ejercicio de la autoridad pues es, justamente, la autoridad. Qué mente truculenta ordena resistir las agresiones hasta que ya no se puede más y, entonces sí, arremeter sin el menor miramiento y con toda la rabia en contra de los provocadores y de quienes no lo eran.

Que a estas alturas del partido y después de décadas de historia documentada sobre cómo las fuerzas del orden han reprimido criminalmente los movimientos estudiantiles, con el costo político-social que ello ha implicado, la policía de esta Ciudad no cuente todavía con protocolos de acción para contener y controlar manifestaciones, es por demás increíble. Como si fuera la primera manifestación a la que se enfrenta. Como si no hubiera diario marchas. Como si los estudiantes no hubieran avisado que iban a protestar. Lo menos que podían hacer las fuerzas policíacas era estar preparadas para lo peor. Sí, debieron pensar que podían llegar vándalos, sobre todo si ya los tienen detectados. ¿Qué nunca han oído hablar del hombre masa, de Ortega y Gasset? ¿Ese hombre que en su significado más básico, cuando está en bola, no piensa, sólo reacciona? Y si a eso le sumamos que son jóvenes enchilados, ya ustedes me dirán que podían esperar. Ya es hora de parar esa lógica esquizofrénica de cuidar a los 20 participantes del bloqueo a una calle por una equis razón, a resistir y luego reprimir violentamente a otros cientos por los desmanes que debieron contener desde el primer momento.

Al #YoSoy132 le corresponde ya, con urgencia, hacer la autocrítica de esa falta de control sobre las manifestaciones a las que convoca y en general sobre su movimiento. Es el precio que tienen que pagar, jóvenes. Siempre hay radicales, oportunistas y personas con agendas turbias que buscarán la forma de reventar todo lo que se haga. ¿Quieren liderear el cambio en este país? Háganse responsables de ello. No basta con decir que ustedes no fueron y que convocaron a una marcha pacífica. También tienen que pensar en las consecuencias.

Del esclarecedor recuento que Luis González de Alba hace en el 25 aniversario del movimiento estudiantil del 68, en la revista Nexos, me quedo con la parte de la fiesta. Esa fiesta que en el 68 implicaba desafiar normas sociales y políticas con las que la juventud de entonces no se sentía identificada, más allá del pliego petitorio del CNH. Y tampoco ahora. Y si bien no es el mismo contexto, gracias a los jóvenes del 68 y a la brecha que ellos abrieron, me congratulo que la juventud de 2012 tenga ganas de hacer historia y de cambiarla. La respuesta a la violencia del sábado no es que los jóvenes dejen de manifestarse (“porque todos son violentos, ¡que los repriman!”) sino que lo puedan hacer en el ejercicio de un derecho constitucional, con la tranquilidad de que habrá una autoridad que no tolerará ningún acto criminal.

 

 

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