Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadred2@hotmail.com

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Que ya no crezcan mis hijas

 

Todas las mañanas, de camino a la escuela, mi hija mayor y yo nos cruzamos con decenas de niños que van solos y a pie. Son chicos de 12, 13, 14 años. Viven cerca o por la zona y sus padres decidieron que ya tenían la edad para empezar a ser independientes y aprender a cuidarse. Entre ellos se encuentran varios de sus compañeros de generación.

Esta escena cotidiana se ha vuelto para mí un dolor de cabeza que se ha recrudecido los últimos meses y que he tratado de alejar con el argumento de que la escuela está un poco retirada, de que mi niña a sus 13 todavía está pequeña y que ya habrá oportunidad para que aprenda a moverse sola.

La comparación de lo que yo hacía a su edad no aplica, porque la ciudad en la que crecí no tiene nada que ver con el Distrito Federal, y menos 30 años después. Cada que veo a esos chiquillos andar con libertad e inocencia me provoca cierta angustia imaginar en su lugar a mis hijas. Sí. Vivo en la paranoia.

Y seré su sombra... Foto: Natalia Moreno

Mi profesión no ayuda en estos momentos. Toda la información que recibo sobre las desapariciones, los secuestros, la violencia contra los jóvenes y en particular contra las mujeres, bloquea la posibilidad de que me haga un planteamiento serio sobre el tema. Simplemente ayer, el reporte sobre la violencia feminicida en México me hizo pensar que voy a ser chofer y guarura de mis hijas hasta que terminen la universidad. Elaborado por la ONU, la Comisión Legislativa para dar seguimiento a los feminicidios y el Instituto Nacional de las Mujeres, el estudio indica que apenas una mexicana se convierte en quinceañera y la probabilidad de que sea víctima de un feminicidio se cuadruplica.

Ojalá la solución fuera dejar de informarse. Me dedicaría al macramé y a la jardinería, exclusivamente. Pero la situación está tan fuera de control, que las malas noticias nos llegan de boca en boca y por las redes sociales. Ya no se trata sólo de algo que le pasa a otra gente, con mayor frecuencia conocemos casos que se acercan peligrosamente a nuestro círculo cercano.

Lo peor de todo es la indefensión en que nos encontramos. Ser criminal parece la actividad más rentable en nuestro país en los últimos años, porque todos los días se registran centenas de crímenes perfectos, de mayor o menor grado de peligrosidad, sin que ninguna autoridad investigue ni castigue a los culpables. No importa si le robaron a uno la bolsa o le secuestraron a un hijo, que nadie se molestará en hacer justicia ni aunque tengan las pruebas para resolver los casos. Y si a eso le sumamos el problema mayor de contar con una autoridad que no sólo no ayuda, sino perjudica, entonces que el fin del mundo nos agarre confesados.

Hace 14 años, cuando mi esposo y yo decidimos traer al mundo a nuestras hijas, nos propusimos que fueran mujeres desenvueltas, libres, osadas. Hoy no sé cómo lo lograremos, cuando yo misma muero de miedo ante la posibilidad de que salgan solas a la calle. Quisiera regresar el tiempo unos cinco años, a esa edad en que las tenía protegidas del mundo hostil y el momento de independizarse se veía todavía muy lejano. Y congelarlo hasta que la situación mejore y la autoridad haga su trabajo sin necesidad de ser exhibida y presionada por la ciudadanía. Quisiera que mis hijas dejaran de crecer hasta que los políticos entiendan que nuestra juventud necesita ser alentada para desarrollar todo su potencial y no reprimida ni abandonada como víctima propiciatoria del crimen organizado.

Es una lástima que no pueda retroceder el tiempo, porque los años se me van con la convicción de que este país avanza dos pasos y retrocede tres. Así que sólo me resta acompañar a mis hijas hasta que superen mis miedos y adquieran la confianza para seguir solas. Aunque yo vaya a una cuadra de distancia, siempre.

 

...hasta conseguir la victoria. Foto: Daniela Moreno

 

 

 

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