Perfil Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 20 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo y los últimos cinco de freelance. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a malamadremx@animalpolitico.com

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Cuando los hijos aterran

De una serie o película de los noventas cuya trama y nombre ya olvidé, se me quedó grabada la dramática escena del nacimiento de un bebé, que llega al mundo tras numerosas horas y complicados problemas de salud de la madre para poder parir. Cuando al fin ponen en sus brazos a tan esperada criatura, lo único que alcanza a pedir la mujer es que, después de todo el esfuerzo por procrearlo, su hijo sea una buena persona. Sólo eso. Una buena persona.

20 años después llegó Tilda Swinton y su espectacular interpretación de Eva Khatchadourian en Tenemos que hablar de Kevin,  para confrontar mis ideas sobre la maternidad. Eva no es la adnegada madre que anheló procrear con ilusión y Kevin, su primogénito, no es humano, como define Miguel Cane. De hecho es la pesadilla de toda madre. 

La semana pasada, la historia de Eva y Kevin se hizo realidad por enésima ocasión, ahora en la escuela primaria Sandy Hook de Newton, Coneccticut,  al noreste de Estados Unidos. En esa villa tranquila y de ingresos medios y altos, 20 pequeñitos de entre 5 y 10 años de edad murieron asesinados por Adam Lanza, de 20, en un acto horrendo y sin razón. Tal vez algún día sepamos por qué una mujer como Nancy Lanza, descrita por sus conocidos como generosa y comprometida, pudo terminar asesinada por su hijo,  un joven brillante, retraído y sin antecedentes penales, a quien sus compañeros apenas y recuerdan.

Cierto que una parte muy importante de la explicación la podemos encontrar en el fácil acceso a las armas y en la convicción que tienen muchos estadounidenses de que son indispensables para su protección personal y la de su familia,  para sentirse tranquilos y seguros.

Pero hay otra parte que merece ser considerada y que ha sido puesta sobre la mesa por el grito de auxilio de Liza Long, madre de un descontrolado chico de 13 años con tres diagnósticos médicos distintos, al llamar la atención sobre el incremento de los padecimientos mentales en jóvenes y niños. Muchos de estos pequeños son dejados a la deriva por los servicios de salud e incluso por sus familias.

La carta publicada por Long el pasado domingo en The Huffington Post es desgarradora. “Vivo con un hijo que padece una enfermedad mental. Lo amo, pero me aterra”, se desahoga de entrada esta madre. “Comparto mi historia porque soy la madre de Adam Lanza. Soy la madre de Dylan Klebold y de Eric Harris; soy la madre de James Holmes, de Jared Loughner y de Seung-Hui Cho. Estos chicos y sus padres necesitan ayuda. Tras esta nueva terrible tragedia nacional, es fácil echarle la culpa a las armas. Yo pienso que es hora de hablar sobre la enfermedad mental”.

El testimonio es tan brutal, que ya recibió numerosas críticas  que la acusan de exhibir y exponer a su hijo, y a los niños con enfermedades mentales, como posibles y futuros asesinos, con el único afán de conseguir simpatía para su caso. La bloguera Sarah Kendzior  pone de ejemplo el propio blog de Long para intentar demostrar que esta madre no es considerada con su descendencia, a la que ya antes “ha amenazado con maltratar”.

Lo que yo veo en el blog de Liza Long es a una madre sola y desesperada, con un ex marido negado a responsabilizarse por el hijo que tiene, por considerar que el problema le es ajeno. A una madre que usa su blog para desahogarse con las teclas de su computadora y no con la humanidad de sus escuincles. A una madre que se ha planteado la posibilidad de encerrar a su primogénito para que no cause daño a otros o a sí mismo, y porque ya está agotada de una vida tan agobiante. Y no, no veo un planteamiento discriminatorio sobre los niños con padecimientos mentales, sino más bien una petición de estudiar qué pasaba por la cabeza de los chiquillos que cometieron tan horrendos crímenes  y una súplica por encontrar la forma de ayudar a jóvenes como su hijo antes de que su situación se vuelva insostenible.

Como madre de dos hijas adolescentes he estado tentada en innumerables ocasiones a ahorcarlas, sin que esto signifique que lo vaya a hacer en realidad. Aclaro para que no me vayan a denunciar. Para eso está mi blog, lo saben mis queridos lectores. Y conste que mis hijas son niñas que han crecido sin mayores problemas de salud, física o mental, con el desarrollo esperado. Comprendo entonces cómo alguien con un hijo como el de Liza Long se exprese como lo hace. Tengo estos días tratando de ponerme en sus zapatos y simplemente no puedo imaginar qué haría en un caso así. Y miren que en México tenemos nuestros propios niños sicarios cometiendo barbaridad y media, y a nadie parece importar.

En el enorme lugar común que no deja de ser verdad, los padres que amamos a nuestros hijos sólo queremos su bien y para conseguirlo estamos más que dispuestos al sacrificio. Por eso nos duele tanto que existan estos imperdonables crímenes y que hasta ahora no se haga nada por intentar evitarlos. Y no importa que sean en Estados Unidos, Gran Bretaña o China. Al final, sólo se trata de conservar lo que nos queda de humanidad.

 

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